A propósito de nada, de Woody Allen

22.06.2020

He leído este libro por encargo, que quede como simple aclaración, pues lo más probable es que no lo hubiera leído a no ser por eso. Dicho esto, procedamos. Todo el mundo sabe, todo el mundo, quién es Woody Allen. Sus películas son famosas, su vida privada en parte también lo es. A los ochenta y cuatro años, este judío de Nueva York decide publicar una autobiografía con un título que, en apariencia, nos dice que lo hace sin venir a cuento, pero yo creo que viene mucho a cuento. Viene a cuento por su edad, porque su nombre se ha visto manchado de nuevo hace poco, porque ha tenido problemas para distribuir su última película, porque sabe que vendería millones de copias. Y todas las autobiografías, como mínimo, se publican a propósito de algo, ni que sea a propósito de uno mismo.

El libro está bien escrito, es extenso pero no pesado, puesto que Woody Allen escribe bien y es seguramente uno de los guionistas más destacados que ha dado el cine del siglo XX y parte del XXI. Creo que eso es innegable y lo dice alguien que le ha leído y visto sin adorarle, puesto que considero que como cineasta se le ha sobreestimado en ocasiones, sobre todo en Europa y, a mí particularmente me ha acabado resultando algo cansino y eso que entre sus últimas películas se encuentran algunas de las mejores, como Match Point (2005) o Midnight in Paris (2011), por poner dos ejemplos. Allen pasó de ser un director y guionista de comedias relativamente disparatadas y algo flojas a ser considerado muy bueno gracias a Annie Hall, una comedia con tintes dramáticos que ganó 4 Óscar en 1977 (los artísticos, ya que los técnicos se los llevó Star Wars: Episode IV). Es el guionista más veces nominado de la historia a esas estatuillas y como les pasa a muchos artistas (el cine es un arte y la literatura también), tiene seguramente tantos admiradores como detractores.

La autobiografía empieza con una breve descripción de su infancia y su adolescencia y tiene algunos párrafos hilarantes en los que no puedes evitar reírte a no ser que seas una estatua de mármol decapitada. Luego empieza a contarnos sus principios como comediante y escritor, después de intentar ser mago y jugador de béisbol. Lo hace todo con un deje de humildad recurrente que me despierta una sensación de falsa humildad, pues pienso que la gente humilde no va diciendo lo humilde que es, ya que es eso es presumir de humildad y se cae en una gran contradicción. Allen va hablando de su vida, de sus relaciones amorosas, en pro de su carrera, película a película, amor por amor; nos habla de sus amistades, las que mantuvo y las que perdió, de los actores, actrices, directores de fotografía, asistentes, guionistas, humoristas y productores que le han ido acompañando. Habla de los hombres según si son graciosos o no, de las mujeres según si son hermosas o no, eso me escama un poco, también. No hay capítulos, solo puntos y aparte más amplios que otros, y a pesar de seguir un hilo cronológico, hay saltos al futuro y regresos al pasado con mucha asiduidad. En general, todo va bien y es entretenido (no me atrevería a decir mucho más, puesto que ni revela grandes secretos de Hollywood, ni de algunas personas, para bien o para mal, simplemente va narrando su pasar por la vida) hasta llegar a la parte en que aparece Mia Farrow, la mujer con la que tuvo una relación durante 13 años, actriz destacada. Ahí el autobiógrafo se detiene y dedica mucho, muchísimo tiempo a sentar la base de lo que sucedió con Farrow, para volver más adelante y no dejarlo nunca. Entiendo que eso ha marcado su vida de una forma increíble, más que nada en su mundo: Mia lo acusó de abusar sexualmente de sus dos hijas adoptivas Soon-Yi y la pequeña Dylan. El problema, y no entro a negar o a admitir su inocencia ni su culpabilidad, es que insiste tanto en lo que determinaba su inocencia, se ceba tanto con Mia Farrow (eso sí, dejando caer cumplidos, pero es lo que hace con muchos otros personajes, son caramelos envenenados o bombas pasadas por el azúcar), con el juez, con la prensa, con actores y actrices que se pusieron en su contra, que contrarresta mucho con su insistencia de que en parte pasa del tema, que sabe que es inocente y está tranquilo, eso sí, dolido, como no podría ser de otra forma.

Lo que sucede también, es que esta parte acumula tanto y marca tanto, que a partir de ahí ya no habla de sus películas como lo hacía antes, sino que pasa más de puntillas y todo el libro deja de ser tan entretenido como era. Sin embargo, repito, está bien escrito, se lee con fluidez, te hace reír, te hace dudar, te hace pensar y a mí, en concreto, su manera de hablar de las mujeres, su pretendida humildad y algún otro aspecto, han hecho que me caiga un poquito peor, pero tampoco demasiado.