A rey muerto

30.05.2019

30 de mayo de 2019

El Rey Juan Carlos I ha anunciado que se retira. Es mucho más fácil retirarse cuando tienes un retiro asegurado y, cuando, además, tampoco es que estuvieras muy puesto en faena, que digamos. La monarquía, en sí misma, me parece algo anacrónico y lleva mi imaginación a tiempos de castillos, dragones, caballeros y batallas épicas. O sea que, más que a tiempos, me lleva a leyendas. Que en la democracia actual que tanto nos gusta reivindicar siga existiendo un cargo que se otorga por herencia, sin ningún tipo de mérito especial más que haber tenido la suerte de ser hijo de papá (y de mamá), me parece una contradicción espectacular.

Puedo llegar a entender, aunque no lo comparta, que en el momento de la llamada "Transición", se valorara que una figura externa a los movimientos políticos enfrentados de entonces, podía mediar, hacer de árbitro o la que fuese la razón por la cual estuvo allí, pero es bien sabido que fue deseo explícito del franquismo, así que tampoco es que se dijera mucho a favor de esta figura. Sin embargo, a día de hoy (30 de mayo de 2019), más de cuarenta años después, esta figura ya no tiene sentido alguno y menos cuando sus discursos se los escriben los políticos (o las personas que trabajan para los políticos) que mandan en aquél momento. El Rey, ya sea Juanca o ya sea Felipe, es un símbolo de la incapacidad de la sociedad para superar traumas pasados como es debido. La presencia, no solo en España sino también en Inglaterra y países bastante civilizados, de la figura de alguien con unos privilegios de los que nadie más dispone (sin habérselos ganado y sin siquiera haber luchado por ellos), un sueldo público del que pocos más disponen (sin hacer oposiciones) y un trabajo de un esfuerzo, al menos, cuestionable, y con el poder que se le otorga, como decía, demuestra que a la democracia todavía le falta sacar todo el cuerpo del pozo.

Hay una frase que dice que "un rey reina, pero no gobierna". Esto es porque estamos en las llamadas monarquías parlamentarias (art. 1 de la Constitución), en las que el señor de la corona es jefe de Estado, pero desvinculado del poder ejecutivo. El problema es que lo está también del judicial y no puede ser procesado. Es decir, el Rey ni tan solo puede ser juzgado por sus actos. Olé tú. Pero no se vayan todavía, que aún hay más. El artículo 56 dice que el Rey es símbolo de la unidad y permanencia del Estado. Acabáramos. Mientras haya rey, la nación estará unida. De ahí el miedo del franquismo de que sin ellos y su España es una y no cincuenta y una, de su Una, Grande y Libre; tenían miedo de que sin ellos igual el tinglado se iba al garete. En Francia el Jefe de Estado es el Presidente de la República que, et voilà!, es elegido democráticamente.

No tengo espacio, pero considero importante revisar el papel que el jubilado Juanca (lo imagino ahora mirando las obras en diferentes calles de Madrid) tuvo durante el golpe de estado perpetrado por Tejero en 1981. Hay muchos artículos sobre ello y también libros, documentales y películas, y son para todos los gustos (es importante saber qué piensan tus amigos, pero lo es más saber qué piensan tus enemigos, por decirlo de alguna forma un poco literaria). Vamos, que es importante saber qué dicen de un tema los que no piensan como tú. También recomiendo leer un poco sobre la transición y saber que, en una sala al lado de los políticos, había un grupo de militares armados que supervisaban cualquier decisión política.

Me gustaría que un día, el rey o la reina se levantara y dijera: no tengo este cargo por mérito propio, no me lo merezco, todo el dinero que gano no es debido a mi esfuerzo personal, voy a salir a la calle a buscarme la vida, anulo la monarquía. Pero claro, no pasará, porque a rey muerto, rey puesto.