Aquello en lo que pienso antes de quedarme dormido

13.12.2019

En general tengo poco tiempo para pensar puesto que tardo unos segundos, quizá un par de minutos, en quedarme dormido. Las dificultades para conciliar el sueño solamente se han dado en momentos muy críticos, después de días en los que algo te ha dejado tocado, antes de días en los que está a punto de producirse un cambio drástico, durante los días en los que tu mente y tu cuerpo han tratado con una insistencia enfermiza de encontrarle las tres patas a un gato escurridizo, arisco y que te mira con superioridad. Sin embargo siempre hay algo en lo que pensar. Sin hacerlo adrede, creo, el instante justo después de apagar la lámpara sobre la mesita de noche, cuando la novela de turno descansa ya y encima de ella mis gafas, sirve para hacer un breve repaso del día que se cierra y otro del que empezará cuando suene el despertador.

Suspiro al recordar cosas buenas de una manera y suspiro de otra manera al recordar cosas malas. El día no tiene 24 horas, no cuento aquellas en las que estoy sumido en sueños sin sueño, pues por algún motivo, dicen que es cuando estás realmente cansado, no recuerdo absolutamente nada de lo soñado al despertar, últimamente. Me despierto con la sensación de vacío, no un vacío triste o alegre, un vacío sin más, que da el recuerdo único de la oscuridad tras los párpados cerrados. Con suerte, el suspiro por las cosas buenas que han pasado, siempre pasa alguna cosa buena por pequeña que sea, se acompaña de una sonrisa medio tapada por el edredón de un lado y por la almohada del otro. Me regocijo en ese recuerdo positivo y esa sonrisa, me muevo un poco bajo el calor del manto nocturno, si hace fresco me acompaña un agradable escalofrío, siempre me han gustado. Pienso en las personas que han provocado ese bienestar momentáneo que quizá es un momento que ha conseguido alargarse como un chicle o alzarse como una burbuja, todo temporal, todo frágil. Y hago la inevitable prospección de un futuro inmediato con o alrededor de esa persona, esa noticia, ese grupo de gente, ese acto o esa cosa, palabra que nos sirve para englobarlo todo y a la vez no englobar nada, que te ha hecho valorar el día como positivo a pesar de que pueda haber muchas cosas negativas.

Por supuesto, también hay noches, más de las deseables, en las que me acuesto con la sensación de que el día ha sido malo, incluso una mierda, hasta una mierda pinchada en un palo. Entonces no sonrío, se me acumulan algunos "joder" en los labios tapados y ese malestar me impide disfrutar de la comodidad de un colchón que ha resultado todo un acierto, aquél que alguien elogió antes de quedarse dormido. Y pienso que mañana, por la fuerza, tiene que ser mejor aunque la tendencia innata de algunas personas como yo a temer que no sea así lo emborrona un poco, salpica de niebla el intento de optimismo que se cuela como el aire frío por el huequecito por el que pasa la correa de la persiana. Abro lo ojos, no se me cierran, y veo las marcas de la luz de la calle sobre la pared blanca, nunca bajo la persiana del todo. Sin embargo me duermo, a la larga siempre me duermo, apenas recuerdo más de tres o cuatro noches en las que dormir se convirtiese en una pesadilla despierto. Y hago planes, ya verás mañana, me digo, mañana haré esto y lo otro y todo cambiará a mejor, aclararé aquello o solucionaré lo otro. Es curioso, es como si no me conociera, como si no acumulara en un baúl sin fondo un montón de propósitos marcados con la etiqueta "mañana sí" que se aprietan y se pisan los unos con los otros.

Tengo la suerte, la capacidad o la ignorancia de que, después de un mal día, nunca me hundo o me hundo poco y me levanto con todos esos propósitos soltados casi como maldición en la penumbra de la habitación gobernada por el armario de puertas albas, en la cabeza y me activo. Luego ya se verá si se tuercen o dudan o se esconden, pero al menos están allí cuando me levanto y aguantan hasta el mediodía, en general.

La mayoría de los pensamientos que me invaden los segundos con suerte y minutos con no tanta suerte antes de quedarme dormido versan sobre personas, pues. Aquellas que has conocido, las que hace tiempo que no sabes nada, las que veré mañana o dentro de poco, las que están conmigo aunque aquel día no lo hayan estado, pero llevas dentro y no solamente no quieres que se vayan sino que las arraigas aún más al pensarlas. Claro, hay gente que está dentro y quiero echar pero no puedo, no es tan fácil y no sé si sería bueno que lo fuera. Si pudiéramos echar con un pensamiento quien precisamente intoxica nuestros pensamientos, pues afecta el sentimiento, nos volveríamos gente fría y robótica. Y versan sobre mis actos, perpetrados o por perpetrar, mira que haber hecho o dicho esto, mira que no haberlo hecho o dicho... Mañana, pienso de nuevo, y el baúl de los "mañana sí" se abre, formando una sonrisilla que se dibuja por su rendija abierta.