Arriba el telón (Acto II)

16.02.2020

Acto II

Escena III (Úrsula) por @Pequenho_Ze

[Una caja en el escenario. Dentro está Úrsula, las manos pegadas al cristal, como intentando fundirlo entre sus dedos para poder escapar. Fuera se ven personajes que caminan sin rumbo fijo. Parece que la ven, pero no la miran. Ella siente un hormigueo dentro de su cuerpo, le recorre las piernas, el tronco, los brazos, y llega hasta su cerebro. Se pregunta cómo ha llegado hasta ahí, cómo habrá llegado a eso...]


Hay personas fuera, pero yo estoy dentro.

Ajenos a las demás vidas

que tiene lugar a su alrededor.

Y qué hay de mí...

¿acaso soy capaz de reconocer mi trayectoria?


Tengo cuatro paredes de cristal alrededor.

El mundo parece que sigue ahí fuera,

pero yo estoy dentro,

debajo de las piedras de mi historia,

entre las letras heridas,

en las lejanías agazapadas en la esquina

de una nota mal escrita

una noche cualquiera.


Pienso que la debilidad

es una hija de puta que viene a visitarme

los días de lluvia.

No, no llueve dentro de este cubículo armado,

pero de algún modo, llueve.

En mi pasado, llueve.


[Mira a través del cristal y ve a Mikel bailando, como si estuviera solo en un jardín. Ella le saluda con la mano, le lanza un beso. Mikel mira hacia atrás, se encoge de hombros y sigue bailando.]


Úrsula niña se abraza a Alejandro por las noches,

un conejo de peluche al que le falta una oreja.

El perro se la arrancó.

Pero ella sabe que escucha igual,

que las largas conversaciones que tienen

no le son ajenas.

Porque es su amigo; y a Úrsula niña le cuesta hacer amigos,

porque le cuesta mirar a los ojos.

Sueña con conducir.

Sueña con recorrer el mundo en una caravana.

Pero tiene raíces en las piernas

que devienen cobardía.

Quizás cuando crezca.

Porque quiere descubrir qué hay

al otro lado de las montañas,

más allá del océano.


Úrsula niña no llora.

Úrsula niña escribe sus miedos en una cara de la hoja

y por detrás

sus sueños.

Sueña que el cielo siempre es gris y plomizo,

porque dice que con la lluvia

siempre salen más flores.

Y a Úrsula niña le gustan las flores.

Le gustan los colores.

Aunque tiene tendencia a lo oscuro,

en silencio,

le gustan los colores.

Quizás porque ella está hecha en blanco y negro.

Úrsula niña se ve solitaria,

pero no se ve triste,

porque tiene sus propios amigos,

en su cuarto, en su cabeza.

Y es que Úrsula niña nunca ha tenido facilidad

para hablar ni para relacionarse.

Ni siquiera con sus padres.

Ni con sus hermanas.

Quizás es por eso que todo lo escribe.

Lo que vive, lo que siente, lo que padece,

lo escribe. Y el papel se convierte en su amigo,

su confidente. El papel

se convierte en la otra cara

de su propio silencio.

En su otro yo.


[Alza la cabeza y se queda mirando al Anciano que camina cabizbajo. Le saluda con la mano, le lanza un beso. Él sigue su deambular como si nada hubiera ocurrido. Ella baja los ojos. Se ve medio reflejada en el cristal. Se ve a ella misma, se ve ahora.]


Úrsula adulta mira su vida presente,

con desconfianza, con miedo,

y esta le devuelve la mirada con cierta burla

y descaro. No la ve, pero la siente.

Se sabe cobarde todavía,

hay cosas que nunca llegan a cambiar del todo

en esta vida.

Ahora, Úrsula adulta se abraza a sus esperanzas

sin esperanza.

Habla con desconocidos, por razones de trabajo

y se dice que le resulta tan fácil

porque son desconocidos.

Y a estos no le importa mirarles a los ojos,

porque sabe que, en el fondo, no la ven.

Por eso le gusta su trabajo;

porque habla, observa y aprende, sin ser vista.

Úrsula adulta se levanta relativamente tarde, porque su turno es nocturno.

Y eso le gusta.

La noche siempre la ha hecho sentir más cómoda.

Porque tiene sombras. Y a ella le gusta fundirse con las sombras

y no ser, siendo.

Cuando vuelve a casa, ya de madrugada,

Úrsula adulta abre una botella de vino

y brinda por el momento.

Por el instante en el que alza la copa,

para seguir poder haciéndolo siempre.

Porque es su momento de paz.

Siempre escucha la misma canción,

Lo Inevitable. Así se llama,

y siempre que la escucha le dan ganas

de ahogarse en el vino

para resurgir al día siguiente hecha persona.

Pero hay cosas en la vida que son inevitables.

Y en esta espiral de días rutinarios,

se deja llevar día tras día,

como si nada más hubiera en esta vida

que pudiera importarle.


[Detrás de su reflejo en el cristal se fija en Gabriel, que por un instante parece que la mira. Ella le saluda con la mano, le lanza un beso tímido. Él le lanza otro y, dos segundos después, estalla en carcajadas. ¿Te lo has creído? ¡Ja ja ja! ¡¡Era mentira!!]


Mentira.... la palabra resuena en su cabeza de manera incesante.

El futuro es la mayor mentira de la vida.

¿Qué hará ella con todos los días que le quedan?

Alza la vista. El cubículo en el que se encuentra

tiene el techo de cristal, y le parece ver unas luces brillantes

que, paradójicamente, no la ciegan.


Y así, puede verse a sí misma.

Úrsula mayor tiene la piel gastada y un delantal arrugado,

detrás de una barra.

Le tiemblan las manos al servir un café

y, por primera vez,

cree que la miran de manera compasiva.

Qué ha sido de su osito y de su vino...

Silencio en los altares del recuerdo,

todo es un sinsentido que la rodea,

la doblega,

y la hace parecer algo más vieja.

Porque todo pesa.

Pero ese peso le hace sentir que ha vivido;

se da cuenta

que a pesar de cobardías diversas,

ha sabido ser un poco feliz

con la parcela que le tocó en la rifa

de la vida.

Tiene asumido que la caravana partió sin ella,

y que aquí es donde debe dibujar

su propio paraíso.


Úrsula mayor se ve llegando a casa poco a poco,

con más cansancio que el que tenía entonces,

a pesar de que le sigue apasionando su trabajo.

Sabe que le quedan pocas semanas

de mirar a los ojos

a los desconocidos. Pero no le importa;

pues siempre le quedará el espejo.

[Sus pensamientos enmudecen. Mira a través del cristal que tiene enfrente. Ángel lleva una copa en la mano y parece que la alza levemente, mientras la mira, como para brindar por ella. Úrsula le saluda con la mano, y le lanza un beso. Ángel da media vuelta y se dirige, con un andar zigzagueante, hacia las escaleras. Ella se sienta en el suelo dentro del cubículo. Oscuridad. No sabe si ha cerrado los ojos, o se han apagado las luces. Una música empieza a sonar...]