Arriba el telón (Acto II)

25.02.2020

ACTO II

Escena VIII (Gabriel) por @LaBernhardt

[En un restaurante. Alonso está sentado frente a un piano. En la barra, Úrsula y Martina toman una copa. Gabriel está sentado en una mesa entre dos maniquíes. Suena "Lollipop", de The Chordettes. Gabriel levanta la mano para llamar a un camarero]

GABRIEL ¡Camarero! [pone cara de fastidio], ¡Camarero! Mi abuelo Blas siempre decía que si se tiene que volver al pasado, que sea con una copa en la mano pero aquí ni copa ni nada...¡camarero! Odio a los camareros. Mi padre era camarero. Yo también trabajé de camarero pero fui más listo que él porque pude salir de aquel bar de mierda. Mi padre no quiso salir de allí, era un perdedor [mira al maniquí de su derecha], ¿verdad, Elsa? Yo lo sospechaba pero tú me lo confirmaste; tú y tus padres. Don Jaime venía al bar de mi padre todas las Ferias de San Juan, le daba igual el cartel; a él lo que le gustaba era "el figureo", las palmaditas en la espalda. Siempre le ofrecían asiento en tendido alto, sombra, pero él compraba justo al lado de la barra que separa al torero, primera fila, sombra, al toro hay que verlo y olerlo en primerísima fila y con sombra, chavalín, me decía cuando le llevaba la caña a la mesa. Mi padre lo adoraba, ¿sabes, Elsa?, y le pedía a mi madre que le preparara fartons, que mañana se acerca don Jaime, nena. Y Anita se metía en la cocina y luego me mandaba a buscar una caja para don Jaime, que no le pese ni le estorbe, que de aquí se va a los toros, que le aguanten bien, Anita, por favor. Lo de els fartons era un ritual que suponía la llegada de dinero extra a mi casa porque, y eso debo reconocérselo a tu padre, don Jaime siempre le soltaba al mío cuatro billetes de 25 pesetas, por el detalle, hombre, que nos venía de lujo. Mi madre los colocaba en la caja de los viajes, como ella la llamaba, donde ella guardaba dinero para viajar pero que siempre acababa usándose para pagar al fontanero o para reparar la cafetera... Pero ella seguía guardando ese dinero, necesitaba creerse esa mentira bonita, Gabri, que ya tenemos 10 Patios de los Leones, y sonreía y me llamaba rei aunque era de Albacete y nunca habló valenciano. Diez Patios de Leones de la Alhambra de Granada en el reverso de cada billete de 25 pesetas que nos daba tu padre, Elsa. Me parecía un lugar mítico. Quería verlos, posar junto a ellos, llevar la foto al colegio, he estado aquí de vacaciones, chavales. Nunca fui con mis padres a Granada ni iré contigo, Bonita [mira al maniquí de su izquierda]. Fui contigo y con tus padres, Elsa, que ya eran mis suegros aunque siempre les he llamado de usted. Fue un viaje de mierda, qué quieres que te diga. Yo a ti te he conocido siendo camarero y llamándome don Jaime; que eso no cambie, chavalín, eso me dijo tu padre cuando se enteró de que te pretendía. Yo quería salir de mi presente, Elsa, porque no me gustaba el futuro que venía, y tú me lo pusiste bien fácil, como siempre has hecho; dándome la mano para levantarme cuando me caía, Redios, qué torpe eres, chavalín, solo espero que tus hijos no hereden tus pies de pato. Tu padre, qué hijo de puta, que nunca me ha perdonado un tropiezo; tener un yerno con pies planos, torpe y pobre debió ser un golpe duro para alguien como él. Yo a él tampoco lo he perdonado pero digamos que estamos en tablas porque te voy a contar algo que nunca te he dicho, Elsa, escucha: ya te llevaba yo trabajando unas semanas desde aquel domingo en el que viniste con don Jaime a los toros, cuando pasó algo que cambiaría para siempre mi vida, la nuestra. Cerca del puerto, al lado de la Cámara de Comercio, había un restaurante muy pequeño, apenas 5 mesas. Los camareros eran los de siempre, nunca había cambio de personal porque se comentaba que los que atendían allí ni boca ni ojos ni orejas debían tener; la clientela llegaba buscando "intimidad", es decir, que era un bar para mentirosos. Elsa, yo no quise encontrarme con tu padre, lo juro, pero por aquel entonces yo era bueno y leal y faltaba un camarero y mi padre me mandó para allá, veas lo que veas, nunca lo cuentes. Y así fue porque cuando le serví el vermut al caballero de la mesa 2 y don Jaime levantó la vista no dije nada, Elsa, ni tampoco dije nada cuando la rubia que no era tu madre me decía joven no le sirva más vino a Jaime que tiene que conducir. Elsa, no le dije nada a tu padre pero me guardé su mentira y cuando puso el grito en el cielo al saber que te rondaba, lo tomé de la mano y, de verdad, Elsa, le juré que te cuidaría igual que iba a cuidar de nuestro secreto, don Jaime.

[Gabriel se levanta de la mesa, se acerca al público, sonríe]

GABRIEL: Era mi pasaporte, entiéndanme: dejar el pasado, cambiar el futuro...a veces una mentira puede ser la única puerta verdadera y yo la abrí. Y resultó que estaba llena de presente: [se vuelve hacia la mesa, toma la mano del maniquí su derecha] de ti, Elsa, de los niños, de viajes, de un nuevo trabajo de mierda que también me buscó tu padre, ahora tienes que vestir traje y corbata, chavalín, no me dejes mal que ya no estás sirviendo carajillos en el bar de tu padre, ¿sí?. Sí, don Jaime, sí... Tu padre es un mierda, Elsa: un mentiroso, un capullo. Y yo nunca quise parecerme a él y resulta que un día, dentro de mucho, me miraré en un espejo y seré él. [Va hacia el otro maniquí, le acaricia el cabello] Ay, Bonita, he podido elegir a cualquier mujer y tomarle el pelo y hacerla creer que soy suyo y ella mía y que nada, nunca me ha hecho más feliz que mirarla a los ojos pero te elegido a ti. A veces me recuerdas a Elsa. En las peores noches, cuando me acuerde de lo estúpido que fui al no seguir mintiéndote, también saldrás en mis sueños. Aunque haya otras, tú sí que quisiste salvar al personaje que te conté. Sin embargo, siempre acabo durmiendo, ya nada me hace perder el sueño. No habrá cenas en restaurantes clandestinos porque soy peor que don Jaime y tengo miedo de perder todo lo que la mentira me ha dado, entiéndeme, Bonita. Ni habrá viajes románticos a Granada, ni puestas de sol en casa porque nunca iré a la tuya ni tú vendrás a la mía. Serás tú, mi Bonita, la primera de otras muchas a las que les contaré cientos de versiones falsas de un Gabriel que ya no recuerda quién es... Estoy tan vacío...[ mira hacia ambos lados] ¡Camarero!, ¿dónde coño está mi copa?