Arriba el telón (Acto III)

08.04.2020

ACTO III

Escena II (Úrsula) por @Pequenho_Ze

[Úrsula se adentra en el escenario por uno de los laterales. Allí se encuentra al Autor sentado frente a una mesa. En el otro lado, hay una silla vacía. Con un gesto, le indica que se siente. Casi sin levantar la vista de unos papeles que tiene en la mesa, le formula dos preguntas.

AUTOR: Bien, Úrsula. Esto llega a su fin. ¿Por qué crees que debería elegirte a ti? ¿Qué puedes aportar a la obra?

[Sólo después de hablar, alza la mirada hacia ella. Úrsula siente por dentro un oleaje de nervios y rabia a la vez, no sabe muy bien por qué, o quizás sí... Nunca le ha gustado decir qué puede aportar, es como si le preguntaran qué hay de bueno en ella que pueda compartir, y eso no le gusta... pero va a contestar. Quizás porque necesita oír de su propia voz que hay algo en ella que vale el esfuerzo.]

ÚRSULA: Poesía. Yo no sé hacer otra cosa que poesía. ¿Por qué debería elegirme a mí? Porque la poesía es necesaria para la vida, porque la poesía puede hacer que los corazones palpiten a un ritmo mínimo o con latidos totalmente descontrolados. Es cierto, mi presencia es pequeña, mi mirada tímida, mis gestos inseguros, pero tengo una voz atronadora que sale de dentro, y es capaz de hacer retumbar las paredes de pura emoción. Y el teatro necesita emoción, la vida necesita emoción. Sé que suena narcisista lo que digo... [por primera vez, Úrsula mira a los ojos al Autor y, además, le sostiene la mirada durante un tiempo. Tiene que demostrar que sirve, y la seguridad es el primer paso para hacer que el mundo crea en ella] Suena narcisista, pero eso no significa que no sea cierto. Hoy en día la poesía ha quedado a un lado, ¿sabe usted? Pero ha quedado a un lado sólo por la humanidad, porque la vida está llena de poesía, sólo que a veces no sabemos verla. Y para eso debería estar pisando este escenario, no porque usted lo decida, no, aunque tenga el poder para hacerlo, sino porque puedo acercar esa emoción tan preciosa a todas las personas que se sienten en este patio de butacas... [Señala la inmensa sala, que se encuentra a oscuras, salvo por una luz pálida que parte del escenario y llega a iluminar las primeras filas. El Autor mira las butacas y luego clava los ojos en ella como pidiéndole que prosiga, que con eso no es suficiente.] Estas personas viven su vida atada a una rutina fría y aburrida. A veces se olvidan las cosas que realmente importan, y yo quiero que la gente se dé cuenta que todas aquellas cosas que no se pueden ver, que no se pueden tocar, son las que de verdad aportan sentido a la vida. Debería elegirme [Úrsula se sorprende de su propio tono imperativo] porque soy Úrsula, una camarera que cuando cierra los ojos se ve en la roca más alta, gritando versos al mundo para hacer que éste abra los ojos hacia adentro. ¿No se da cuenta de lo precioso que sería que, al terminar la obra, el público saliera de la sala mirándose a sí mismos por dentro, viéndose sintiendo, quizás por primera vez, una emoción que les haga creer que hay algo mágico en ellos? Abramos esa ventana que todos necesitan, y rompamos los espejos. El teatro es capaz de mostrar a las personas aquellas cosas que no se ven en el mundo real, aquellas cosas que a veces sólo se pueden soñar. Llenar un pedacito de escenario con la emoción del sentimiento puro y noble es algo necesario, ya no para una obra, sino para la vida. Está muy bien reírse, o pasar un rato entretenido que a uno le haga olvidar todas las miserias que nos rodean, pero también es bueno darse cuenta que los sentimientos mueven el mundo, y a veces los olvidamos. Y esa es la base para un buen funcionamiento humano. Abra usted los ojos, Sr. Autor, [el tono de voz es ligeramente más duro de lo habitual en ella; por primera vez cree que puede ser alguien y que puede aportar algo en todo esto. Está ganando seguridad. Eso hace que apenas recuerde que no es capaz de mirar a los ojos a la gente, y de nuevo mira al Autor directamente, sin un ápice de miedo ni temblor], abra los ojos y dese cuenta que en su mano está el hacer un poquito más humanas a las personas. Tiene usted el poder de ofrecer un pedacito de poesía y calor al mundo, y eso sólo lo consiguen los versos que salen del corazón. Y aunque yo sea pequeña e insegura, la poesía me aporta esa seguridad tan necesaria en un escenario, porque sé que estoy ofreciendo un bien a la gente. Cada paso un verso más, cada mirada una estrofa, cada suspiro un poema. Debería usted llenar el patio de butacas de suspiros sinceros. Haga caso a su alma, búsquela si no la encuentra, y entienda que sin emoción y sin sentimiento, la vida es un pantano que poco a poco nos va engullendo hasta dejar sólo un montón de huesos bajo tierra. La poesía [baja el rostro y su tono de voz suena como si se hablara a sí misma], la poesía es lo más mágico que hay en esta vida. Debemos usarla para sacar el mayor provecho de ella. Se entrega, se da, se aparece en todos los rincones, pero ¿quién la valora?, ¿quién se para un instante para ver el baile de una hoja desde la rama hasta el suelo? Usted podría conseguir que todos los ojos de esta sala acabaran aplaudiendo el baile de esa hoja. [Úrsula tiene poco que añadir. Se siente descansada y satisfecha.] Mire, Sr. Autor, ya casi no me importa si me eligen o no. He dicho lo que tenía que decir, y si no es valorado, no me sentiré triste, porque seguiré conservando esa magia, y le habré demostrado que hay personas que no son capaces de verla y, por ende, de ser poesía. Y eso, Sr. Autor, eso sí que es triste.

[Úrsula hace amago de levantarse de la silla, pero el Autor alza los ojos y la detiene con la mirada.]

AUTOR: ¿Suenas algo desesperada, o me lo parece a mí?

ÚRSULA: [ofendida.] Sr. Autor, no confunda usted la fuerza con la desesperación. Es la primera vez que creo en mí misma, es la primera vez que me doy cuenta que sirvo para algo, y eso no es desesperación, eso es fuerza y confianza en una misma. No señor, no estoy desesperada, estoy reafirmada. Gracias a usted me he dado cuenta que tengo mucho que ofrecer, y que la vida me debe esta oportunidad, porque he estado muchos años bajando la cabeza, muchos años escondiendo los ojos, y ya no más. Ahora alzo la cabeza y pretendo que la vida sea la que baje la cabeza ante mí.

AUTOR: Ay, alma de cántaro, ¿te has dado enterado de que sólo eres un personaje de mi imaginación? ¿Qué no eres real? [El Autor la mira con una sonrisa burlona.] ¿Tienes miedo de que, si no te elijo, desparezcas para siempre? 

ÚRSULA: Déjeme que le diga una cosa. [Pone las dos manos sobre la mesa, y se inclina un poco hacia el Autor, como si fuera a contar una confidencia] ¿Es usted consciente que quizás es su imaginación la que le hace ser? ¿Que quizás si los personajes que usted tiene en su cabeza son los que hacen que usted pueda ser capaz de escribir y de crear? Créame cuando le digo que, si desparecemos nosotros, su cabeza quedará vacía, será usted un cuerpo sin contenido. Será Usted nada. No, no se confunda, es usted el que nos necesita.

[Úrsula suelta una carcajada, se levanta de la silla y se va, haciendo resonar sus pasos por todo el espacio. Ella es Úrsula, y Úrsula no está sola, tiene toda la fuerza de la poesía dentro de sí. Sonríe todavía mientras se dirige al lateral del escenario. Y aunque ya no la ve, el Autor todavía oye sus pasos mientras se alejan...]