Arriba el telón (Acto III)

12.04.2020

ACTO III

Escena IV (Gabriel), por @LaBernhardt

[En el centro del escenario, el Autor está sentado en su escritorio. Gabriel entra por la izquierda y se sienta frente a él]

GABRIEL: [Sonríe al Autor pero éste no le devuelve el saludo] Hola de nuevo. Creí que no nos volveríamos a ver. ¿Sabes? he estado pensando en nosotros...([abriel se levanta y comienza a caminar por el escenario. El Autor se mesa los cabellos, garabatea en una hoja)] Qué curioso... vivo en ti; todo lo que he sufrido no son más que palabras que tú has escrito. Sí, estoy en ti y ni siquiera sé qué vas a hacer conmigo...[Gabriel sonríe y se acerca al Autor. Apoya sus manos en la mesa. El Autor se echa hacia atrás de manera instintiva] Esta relación nuestra me recuerda tanto a mi historia con Bonita; se me metió en los huesos antes siquiera de saber su nombre. Bueno, para ser del todo sinceros, fuiste tú quien la pusiste en mi... ¿puedo decir vida? Ha sido protagonista y nadie, excepto yo, sabe cómo se llama. Contigo pasa igual, ¿quién te conoce? [se ríe] ¡Yo!

(Gabriel sigue caminando por el escenario. Va y viene a la mesa del Autor, que cada vez está más inquieto)

GABRIEL: ¿Y qué sé de ti, Autor?, déjame que piense...[el Autor se levanta y comienza a caminar por el escenario. Gabriel lo sigue. Parece disfrutar con la situación]. Sé que me odias, dilo, venga: di la verdad...

[El Autor deja de caminar, está en el centro del escenario, mira al frente]

AUTOR: Te odio, Gabriel.

[Gabriel se sitúa a la izquierda del Autor, apoya su mano derecha sobre el hombro del escritor, se aproxima a él)

GABRIEL: Bien, bien, la verdad os ha]á libres, dice la gente. Bueno, a lo nuestro: te estás preguntando que por qué deberías elegirme a mí.

[El Autor vuelve a su mesa, relee unos papeles, mira pensativo hacia el frente)]

AUTOR: ¿Por qué debería elegirte a ti, Gabriel?

[Gabriel llega hasta la mesa y se sienta frente a él]

GABRIEL: Porque eres un buen hombre, Autor, y no quieres borrarme... no quieres borrar a nadie, imagino. O quizá a mí sí porque te resulto repulsivo y puedo entenderte, eso le pasa a muchos, pero no te lo voy a poner fácil; me hiciste un superviviente, ¿ recuerdas? Deberías dejarme vivir porque, en el fondo, todo el mundo tiene escondido un poco de mí: tú, la gente que irá a ver tu obra...¿no crees? Soy la bajeza de cualquiera. La zona oscura que nadie quiere airear pero que todo el mundo intuye que tiene, el monstruo dormido del "¿y si me pasara a mí?" Soy el ego del cuarentón cuando una chica de 25 le sonríe, la risa tonta de la mujer que lleva 15 años casada y cansada de esperar un piropo, soy el piropo de su compañero de trabajo. Cuánta gente del público se removerá en su asiento cuando escuche mi infidelidad, ¿lo has pensado? [el Autor se sujeta la cabeza con las dos manos] Sí, ahora lo estás haciendo. Ya te contesto yo: mucha gente, Autor, mucha. Por eso tienes que elegirme, porque mi vida de mentiras es una verdad que cualquiera puede vivir...y ocultar. Soy despreciable, sí, pero quién no lo es cuando miente, dime. La gente vendrá a ver tu obra y nadie recordará mi nombre pero sí mi historia porque en el teatro la verdad es lo que se recuerda y yo estoy diciendo la verdad desde que tú me has subido a este escenario. Quiero saber si me podré perdonar, Autor. Si tú podrás hacer que Elsa me perdone porque ya me da igual Bonita. Me dan igual las demás. Solo quiero conocer la verdad y para eso necesito llegar vivo a la última escena. Y también quiero terminar con mi dolor, Autor, y tú me puedes salvar. No me dejes sin voz, por favor, porque de todos mis monstruos, la decepción es la más ruidosa: no deja de mirarme en silencio. Y duele, duele tanto... Por eso debes elegirme, para que yo pueda salvarme de mí mismo.

[Gabriel se levanta y se sitúa detrás del Autor, le susurra algo. Sonríe. Se dirige al centro del escenario y mira al Autor, que se ha recostado en la silla y se lleva las manos a la nuca]

GABRIEL: Ahora te preguntas qué puedo aportar a la obra si me salvas, Autor.

AUTOR: Me pregunto qué puedes aportar a la obra si te salvo, Gabriel.

[Gabriel sonríe y se dirige al público]

GABRIEL: Puedo llenar las butacas de un líquido transparente y pegajoso que lo ensucie todo con el remordimiento de quienes lo hicieron, lo hacen, lo harán. Seré la mirada de soslayo entre las parejas, el estará haciendo lo mismo conmigo de los de la fila 4. Y el dolor de quien se salvó contando la verdad pero perdió en el camino la confianza de la pareja. También puedo ser el miedo en la boca del estómago de aquel que se sabe cercado porque, créeme, Autor, tarde o temprano, el teatro de la infidelidad acaba echando el cierre. Puedo ser la mano confiada que agradece el roce de los dedos amantes, que a nosotros nunca nos pasará, amor, que siempre te seré fiel. Podré ser esos dos adverbios y me reiré de ellos porque todo el mundo sabe que son adverbios de cuento. [Gabriel camina de nuevo hacia la mesa del Autor y se sienta]. ¿Sigo?