Arriba el telón (Acto III)

17.04.2020

ACTO III

Escena VI (Alberto), por @EvaLopez_M

[Una potente luz enfoca justo el centro del escenario, en perpendicular, cayendo a plomo sobre Alberto y centrando la atención de todas las miradas en él. Está cabizbajo, pensativo... expectante. Se frota ambas manos, nervioso, como quien espera siempre el momento oportuno para exigirle a la vida todo lo que debe. Llega hasta la mesa en la que está el Autor sentado.]

AUTOR: Por favor, Alberto, siéntate ahí; tú y yo tenemos pendiente una conversación, que de ti depende que no sea la última [señala enfrente suyo. Y su dedo índice rompe el aire atravesando una mesa y un mundo de por medio.] Dime, ¿Por qué crees que debería elegirte a ti?

ALBERTO: Yo no sé de ganadores. No sé de victorias regadas con cava a la luz de las velas. No sé de rosas sin espinas, ni de tener una puta mierda sin luchar. No sé qué de ganar sin tener que empeñar todas las ganas, aun a riesgo de no recuperarlas, pero sí sé de perderlo todo, hasta las lágrimas. Tampoco sé de reír sin pensar, también y a la vez, que la risa es el peaje que tengo que pagar porque sé que algo muy jodido me suele esperar siempre después. Y qué. A veces creo que soy un puto fantasma al que todo el mundo mira pero nadie ve, y bueno, creo que es un buen momento para dar un golpe encima de la mesa, esta misma me viene bien, y decir alto y claro que existo, joder, ¡existo! No sé si recuerdas mi historia. Pero he llegado a perder en ella todo lo que un hombre cree que le da sentido a su existencia. Y qué. Sara no quiere volver conmigo, y la verdad es que ya no le culpo... he dejado de hacerlo ¿sabes? Al fin la he comprendido. Ahora entiendo que no se puede edificar una vida sobre un cementerio; que hay terrenos sagrados a los que es mejor no regresar si no es para hurgar en la herida. Y yo ya me he cansado de intentar mantener vivo algo que sé que solo es pasado y que además ya empieza a oler mal. De intentar regar las flores marchitas entre las ruinas. Qué mierda esto de tener que aceptar y aceptar y aceptar, y resignarse, otra mierda más grande todavía. Quien dijo aquello de que el conformismo era una manera más de seguir adelante, seguro que también era de los que pensaban que la Tierra era plana... y no, a estas alturas de la película, y con todas las esquinas que me he comido y que he tenido que enderezar, no me da la gana. Qué bien suena, permíteme que me levante un momento y lo grite ¡NO ME DA LA PUTA GANA!, qué a gusto te quedas, deberías probar tú también a gritarlo tan alto como puedas.

AUTOR: Gracias por el consejo, Alberto, quizá lo haga algún día. Pero ahora tengo otra pregunta más que hacerte, siéntate de nuevo y responde ¿Qué crees tú que puedes aportar más a la obra?

ALBERTO: [Mira hacia la izquierda, intuye en la penumbra, como si pudiera ver sentados a todos los demás personajes de la obra, les ha cogido cariño, pero sabe que al final solo quedarán unos pocos] Verás, yo ya lo he perdido todo demasiadas veces, y eso de tocar fondo es malo, pero también sabes que ya no puedes caer más bajo. Que me elijas... [se dobla sobre sí mismo en la silla, arquea los brazos llevándose las manos a la cara, se la frota con ganas, como queriendo espantar todos los demonios en forma de inseguridad y complejos que en ese momento le están atormentando y susurrando por dentro que él no se lo merece] que me elijas sería para mí el comienzo de una nueva vida. He aceptado la soledad. Es lo único que me queda. Y ¿sabes? Un hombre que aprende a estar solo, es la mejor compañía.