Arriba el telón (Acto III)

18.04.2020

ACTO III

Escena VII (Rocío/Martina), por @javilimonysal

[Se encienden los focos sobre las tablas. Rocío con la cara ensombrecida y las manos juntas sobre su vientre, camina despacio, cautelosa, hacia la mesa que se sitúa en el centro del escenario. El Autor ignora la presencia de la muchacha y farfulla sobre personas y personajes, como si nadie le escuchase. Rocío permanece unos 30 eternos segundos delante de su mesa, hasta que él alza la vista y le pide que tome asiento.]

AUTOR: ¿Cómo debo dirigirme a usted?

ROCÍO: Bueno, me puede tutear y en mis documentos soy Rocío.

AUTOR: De acuerdo, Rocío. ¿Cree que hay algún motivo por el que deba contar con usted para la obra?

[Rocío levanta la cabeza y suspira, cae por su mejilla una lagrima que brota de sus enrojecidos ojos negros.]

ROCÍO: Debería contar conmigo porque estoy muerta. He muerto decenas de veces cada noche desde que interpreto a Martina. He muerto cada día que pasa sin que pueda sonreír decentemente, cada minuto que llevo sin dar un beso con sentimiento, estoy muerta, cada año que ha pasado sin abrazar a mí pequeño, ha sido un año muerto. Estoy muerta desde que me busco la vida, desde que vendo mi cadáver, desde que prostituyo mi rostro, desde que vendo el cariño. Debe contar conmigo porque mi ser es un continente vacío en el que volcar cualquier contenido, porque lo que queda de la muchacha habanera, enamorada de la vida, de la música y la calle, de su tierra y de sus padres, reposa en el asfalto dónde echó raíces Martina. Debe contar conmigo, porque el papel de mi vida es este, este y cualquiera, porque donde unos ven a una triste muchacha que ha luchado con demonios, hay una joven alegre que aún debe saber bailar y cantar, que necesita una cuerda larga en el fondo de su pozo y alguien arriba que tire de su cuerpo, para volver a ver la luz. Porque una sola no puede con su sombra y su oscuridad, pero si usted me da la soga, yo mismo cuelgo a Martina y me visto de mujer libre y valiente, me enfrento a todas esas butacas, me baño en los focos y me bebo enteritas las tablas de su templo. Debe contar conmigo porque estoy muerta y necesito volver a sentirme viva.

AUTOR: De alguna manera estás poniendo en mis manos tu vida. No creo que sea justo, es prácticamente un chantaje emocional.

ROCÍO: En realidad lo que he puesto han sido mis restos sobre su mesa, su criterio es el que dirá si quedan pedazos para reciclar o está todo para arder. Por mi parte yo, he ofrecido lo que tengo.

[Rocío se levanta y abandona el escenario. El Autor se queda solo un rato, mirando sus papeles, reflexionando. Se levanta, pasea alrededor de la mesa.]

AUTOR: No tengo claro qué es lo que he hecho mal o demasiado bien cuando muchos de mis personajes ni siquiera son conscientes de ser personajes. Por supuesto, en ninguna obra o ninguna novela, los protagonistas son personajes, sino que son el personaje que interpretan. Pero ante mí mismo, al sospesar pros y contras de cada uno, me cuesta distinguir la persona de la creación, igual que depende de cómo más que de cuándo, yo tampoco me veo a mí mismo más que como una creación de mi imaginación, ya sea porque está desbordada ya sea porque es solo un resquicio de lo que me gustaría que fuera. Ya solo queda otro personaje con el que lidiar, la decisión es difícil, pero en realidad casi todas las decisiones se toman con la primera impresión.