Arriba el telón (Acto III)

19.04.2020

ACTO III

Escena VIII (Mikel), por @aquinomires

MIKEL: ¿Y ahora qué?

[Pregunta Mikel con cara de fastidio al ver otra vez la mesa con ese hombrecillo cansado, ahí sentado esperando.]

AUTOR: Tan sólo quiero hacerte un par de preguntas.

MIKEL: [con gesto burlón] Ya he visto que salen todos muy contentos de aquí.

AUTOR: Será algo rápido, Mikel, tengo que decidir con quién me quedo para mi gran obra, y quiero saber porqué deberías estar en ella y qué podrías aportar.

MIKEL: No me lo puedo creer, no me preguntaste si me iba a gustar andar de médico en médico, riendo cuando no debo y entrando en pánico cada vez que alguien intenta tocarme mientras buscan alguna cura y me tratan como a un loco. Que sí, que yo ya estaba perdido antes de que mi mirada lo supiera, condenado a llevar siempre conmigo un palito de madera y esas malditas canicas de mi bolsillo que me requisaste cuando vine aquí, como si fueran el único contacto que merezco tener con el mundo, como si esos objetos fuesen los que me agarran a la vida, y sentirme completo significa dividirme en cuatro. Tampoco lo de las broncas que me iba a llevar yo por los pis de Jaime en la alfombra, o que Raquel iba a ser tan repulsiva de querer besar a un chico, es que es pensarlo y [saca la lengua con gesto de asco] ¡¡Puaj!!  Estoy roto, o eso dicen, yo creo que soy de lo más normal, porque soy capaz de expresar todo lo que los demás no se atreven, y por eso estoy aquí, ¿no? Marian me enseñó bien que nadie te busca porque sí, y antes o después, el favor te persigue, como todo lo que no te cuesta hacer, pero sale muy caro. Soy ese trocito de ti que siempre te empeñas en esconder, tus ganas de darle un guantazo a tu jefe mientras sonríe haciéndote una putada más, o las de gritar cuando las injusticias te taponan la nariz y deseas tirotear ese limbo neuronal en el que las personas parecen dormir para poder volver a respirar. Y bueno, sin querer meter el dedo en la llaga, quizá también como Raquel, desees besar más bigotes de los que quieres reconocer. 

[Mikel hace una pausa larga, pero ningún esfuerzo para ocultar su mofa]

MIKEL: En realidad, todos seríamos indispensables para ti, a no ser que una vez más prefieras la comodidad de la mentira y quieras matarnos a alguno de nosotros para enterrar cabeza un rato más, como niño de instituto que se ríe de los demás para que no se rían de él. ¿Qué pretendes? ¿intentas elegir entre tus virtudes y defectos? ¿ Y con qué te vas a quedar? Porque imparcial dudo mucho que puedas ser, esa la palabra favorita de mi madre cuando la tonta de mi hermana pregunta a quién quiere más de los dos, y mi madre miente y habla de justicia, de amor, de igualdad mientras la abraza muy fuerte. Ni siquiera a Raquel la ha mirado jamás con esa ternura. Ya sé que soy prescindible, tú me creaste así, para dejar el corazón en la mesilla cada noche y que pueda latir en el papel, conmigo. Como si pudieses sufrir un poco menos, como si solo quisieras ser real en tus hojas. Pregúntate tú, de qué puedes prescindir antes de cerrar los ojos esta noche. ¿Será tu miedo lo que deseches? ¿Debería ser la mentira, ese eterno baúl en el que te crees vencer sin ser verdad? Tu intuición, recuerdos, fracasos y sueños tienen nombres propios , arrugas y ganas de vivir, como la sensibilidad que siempre intentas ocultar. Demasiadas manías soy en una sola piel, pero en realidad, me necesitas tú mucho más que yo a ti.

[Hay un silencio, incómodo y espeso. El autor se remueve en su silla.]

AUTOR: [Medio en serio, medio riendo] Maldito crío.

[De repente, Jaime se levanta, alza las manos como si quisiera dar forma al mutismo generado y grita]

MIKEL/JAIME: ¿Por qué no me preguntas a mí? Yo sí quiero formar parte de esta obra y pegarle fuego después. A todo. Empezando por tu cuaderno, para hacer visible tu escondite, para dejarte ser libre de una puta vez.