Arriba el telón (Acto III)

23.04.2020

Acto III

Escena IX (El Autor), por @martinsroom1

[El Autor se queda solo en el escenario, sentado en su silla. Enciende un cigarrillo, tose unas cuantas veces después de la primera calada.]

AUTOR: Ya podría morirme de éxito y no de cáncer [vuelve a toser]

[Durante un rato, va repasando los papeles del escritorio, sin mucho orden. Finalmente decide cambiar de punto de vista y se levanta. A medida que va hablando solo, va colocando los papeles en cierto orden sobre el escritorio y, a medida que los va nombrando, los personajes van reapareciendo en escena y situándose uno al lado de otro en la parte frontal del escenario, mirando al público.]

AUTOR: Vamos a ver... Gabriel, Ángel y Mikel. Ya podría haber buscado nombres más originales, joder. El anciano, Rocío, Alonso, Úrsula y Alberto. Sólo dos mujeres. Eso también dice poco a favor mío. De ocho personajes, solamente dos mujeres y, una de ellas, es prostituta y la otra camarera. Denoto en ti un punto misógino, amigo. Sí, sí, claro, Úrsula no es una simple camarera y Rocío poco a poco va venciendo a Martina. Y ser camarera no tiene nada de mano, claro que no, lo que tú digas. Siempre se te ha dado muy bien engañarte. Y ellos, míralos, todos unos perdedores. Borrachos, fracasados, locos, mentirosos... Este tipo de personaje siempre te ha atraído mucho más que reyes, reinas, ricos y ricas. Hay algo atractivo en la derrota, quizá escribo sobre personajes que están peor que yo para alzarme sobre mis cenizas y proclamarme rey de la inmundicia.

[Enciende otro cigarrillo. Sale un momento del escenario y durante el breve rato en que no está, los personajes se mueven ligeramente, inquietos, incluso cuchichean entre ellos alguna cosa. Cuando vuelve el Autor, se quedan quietos. El Autor ahora lleva una botella de licor y un vaso. Bebe. Mira a los personajes que le dan la espalda.]

AUTOR: [a los personajes] Vamos a ver, dad un par de pasos hacia mí.

[Al unísono, todos los personajes dan dos pasos caminando para atrás, acercándose al escritorio. El autor, con la copa en una mano y el cigarrillo en la otra, se sitúa frente a ellos, de espaldas al público. Camina repasándolos como si estuviera pasando revista. Al llegar a Rocío se detiene.]

AUTOR: Vosotras dos os quedáis, por supuesto. Solo sois dos, faltaría más que encima descartara a una de vosotras. Situaros allí, por favor, y coged vuestros papeles de encima de mi escritorio [Rocío y Úrsula obedecen]. Ya miraré cómo iros reconvirtiendo. Sí, ¿por qué no? Úrsula logrará el éxito como poeta, está escrito. Rocío se deshará de Martina y volverá a ver a su hijo [Tose]. Dios, soy alérgico a los finales felices. [Hablando de nuevo para él mismo]. Pero qué quieres, uno se encariña de los personajes. Primero los he creado, luego les he otorgado un pasado y un futuro para finalmente infundirles profundidad. No hay nada más triste que un personaje sin profundidad, plano, liso, autómata, sin evolución, sin cambio... Mejor una metamorfosis kafkiana que ninguna. [A los personajes] No sé si hacer que os defendáis a vosotros y vosotras mismas era la mejor manera de otorgaros vuestra profundidad y poder valorarla. Al hacerlo, algunos y algunas habéis aprovechado eso para atacarme [vuelve a su escritorio, se sirve más bebida]. Pero es cierto, he dejado en cada uno un poco de mí mismo, eso es lo que me ha convertido en un gran generador de personajes y quizá sea eso mismo lo que me convierte en un pésimo urdidor de tramas. Cómo se explica si no que ésta, precisamente, sea la obra más grande que estrenaré jamás. Miradme, miraos. ¿Cómo coño voy a casaros? Lo único que os une es el fracaso y un punto de desesperación y... [Se detiene frente a Mikel]. No, tú no. Trabajar con niños es una puta pesadilla, pero caes bien a todos, qué cojones, y tus múltiples personalidades pueden darme mucho jugo. Vete con las chicas. [Mikel se separa del resto y se pone con Úrsula y Rocío en un lado del escenario. El Autor apura su bebida y se sirve otra.] Ya veré cómo juego contigo, pero lo tienes jodido, chaval, me vienen a la cabeza algunas ideas perversas sobre qué hacer contigo [Se ríe]. Me está subiendo el alcohol a la cabeza.

[Enciende otro cigarrillo y tiene un ataque de tos muy profundo, escupe sangre. Los personajes le miran inquietos, Gabriel hace ademán de ayudarle pero el autor levanta la mano para frenarle.]

AUTOR: [Cada vez se le notan más los efectos del alcohol] No. De todos a los que pediría ayuda tú serías el último. Tú mismo me hiciste decírtelo, ¿recuerdas? [Se encara a Gabriel] Te odio, dije. Pero no puedo odiar a un personaje que he creado, ¿sabes? ¿No te molesta eso? Pues a mí sí. Desear odiar a alguien y no poder es casi tan jodido como desear amar a alguien y no poder. ¿No os ha pasado? A mí sí. Las dos cosas. Hubo alguien a quien tendría que haber odiado con todas mis fuerzas y no pude, me repetía mil veces que la odiaba para ver si se convertía en una verdad, pero no. Y justo luego, apareció alguien que me amó incluso siendo el desperdicio que era y, en parte sigo siendo. Y no pude amarla. ¿Os lo podéis creer? Cuando ella me miraba, el gusano que yo era crecía y crecía como si fuera a convertirse en un dragón, pero... Pero la jaula, demasiado grande para un gusano, resultó demasiado pequeña para un dragón y... [Le caen algunas lágrimas]. Y no pude amarla y se fue. [Mira a Alberto] Y no se puede edificar una vida sobre un cementerio, dijiste. Anda vete con los demás, te compadeces tanto de ti mismo casi como yo de mí mismo. [Alberto se va con las dos mujeres y el chico. El Autor vuelve al escritorio, se sirve más bebida.] Eh, tú, el borrachuzo [Ángel se gira y le mira] Sí, tú. No me mires como si yo fuera tú escondido tras una botella, no tenemos nada que ver, ¿sabes? Yo solo bebo para no sentirme tan mal por las decisiones que tomo. Eres un buen tío, te haré ángel redentor o algo así, ¿vale? Tú también te quedas. [Ángel se sitúa junto a los otros. Quedan Alfonso, el Anciano y Gabriel]. En realidad sois más personas que yo, a veces miro hacia atrás y creo que las cosas buenas solo las he soñado y que las malas me miran desde un abismo. Pero entonces alguien vino y creyó en mí... Poco, pero creyó algo. Es suficiente con un creyente para crear a un Dios, ¿sabéis? Y me dijo: quiero que escribas para mí, estrenaremos temporada con una obra tuya, me dijo, así que lúcete como nunca antes. ¿Y qué hago yo? Me pongo a crear personajes. Fiu, fiu, fiu... como Zeus lanzando relámpagos. Y ahora no puedo desprenderme de vosotros, igual que tardé tanto en desprenderme de quién tendría que haber odiado que... Anciano, eres como Mikel pero todo lo contrario, su antónimo, cuento contigo, coge tu faro y vete para allá [el Anciano se desplaza con los elegidos.] Y tú, pianista de tres al cuarto... ¿Sabes lo que diferencia a un artista reconocido de uno no reconocido? Yo te lo diré: los ojos que le ven. A mí me vieron y por eso triunfaré, claro que sí, y bebo porque sé que no puedo mataros ahora, sería matarme a mí mismo un poco. Alonso, yo te veo [borracho como va, le toca con un dedo lentamente, como en el fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina]. Yo... te... veo... Compón una melodía para mí, amigo. [Alonso se mueve con los otros. Solo queda Gabriel. El autor lo mira y se pone a reír a carcajadas.] Ay, mentiroso. Durante un tiempo fui como tú, y todo fue de mal en peor cuando dejé de serlo... No, claro que no, eso no es cierto, cuando dejas de mentir todo empieza a verse mejor. ¿Sabes que no puedes mentir a los demás sin mentirte a ti mismo? ¿No? Pues así es, es imposible, como estornudar con los ojos abiertos o como no mear cuando intentas cagar. [Se ríe] En serio, no puedes evitar mear cuando vas a cagar, no puedes solamente cagar, se ve que... [Se ríe más] Joder, no recuerdo quien me contó eso. Ay... ¿Véis? Tenía que eliminar a la mitad y no puedo, veo... veo cierta simbiosis entre vosotros y vosotras ahora, quizá sea por este brebaje inmundo que me quema y me acaricia la garganta a partes iguales. [Gabriel se une a todos los demás.] ¡Y qué demonios! De todos, el peor personaje soy yo.

[El Autor se sitúa en medio de los demás, todos se dan la mano y avanzan hasta volverse a situar frente al público, se inclinan saludando y salen del escenario.]

FIN