Arriba el telón

30.01.2020

Acto I

Escena V (Úrsula) por @Pequenho_Ze

AUTOR: ¡Número 2!

[Se levanta una mujer de ojos cansados y piernas temblorosas. Es ÚRSULA, una camarera asustadiza e insegura que acaba de quedarse sin trabajo. Se acerca a la cortina y con manos dudosas la abre muy despacio, como no queriendo abrirla. Cuando se ve en el otro lado, se encuentra rostros serios observándola, ojos clavados en ella, y un micrófono sobre una pequeña tarima. Se acerca y le da dos toques suaves con un dedo. Resuenan los dos golpes por toda la sala. Resignada, cierra los ojos y, sin entender muy bien por qué, de repente siente la necesidad de liberarse de algo que le pesa demasiado por dentro. Abre los labios y su voz empieza a sonar.]

ÚRSULA: Atardecer veraniego en el frondoso bosque de la memoria. [Mira al público, ninguna reacción. Intenta alzar la voz para cubrir su miedo.]

Atardecer veraniego, en la memoria.

Estoy sentada frente a mi balcón.

Hay decenas de ventanas abiertas en las soledades

agarradas a los pies.

El suelo quema de añoranza.

[A ella le arden las entrañas de sentirse tan vulnerable en ese escenario. Sin embargo, sigue hablando. El nudo en la garganta la empuja a seguir haciéndolo.]

El aire ha traído tres años de recuerdos a mis ojos.

Tres años de verano que abrigaron de golpe todos mis inviernos

y los hicieron soleados.

Recuerdo,

me enveneno de memoria,

y un temblor me sacude el pedazo de corazón que me queda

en algún lugar.

Miro el cielo,

el azul del silencio arremete contra todo mi cuerpo,

me hace pequeña.

Sin darme apenas cuenta,

la copa de vino resbala de mis manos

y el estallido me recuerda el último alarido que salió de mi garganta

antes de quedarme muerta.

Pero aún respiro,

a pesar de clavarme los cristales en el alma,

aún respiro.

[Sin querer, un suspiro resuena por toda la sala. Una lágrima parece resbalar por cada una de sus mejillas. Con un gesto demasiado brusco, se seca el rostro con el brazo. Mira al suelo, moviendo nerviosamente uno de los pies. A pesar del miedo, su voz prosigue.]

Las ventanas siguen abiertas

a lo largo y ancho de mi palmo de mundo,

pero ya no veo nada.

Una capa gris se ha colocado sin permiso

ante mis pupilas.

Del agua del último beso se ha hecho un charco helado.

Me rodea los pies.

Crece empapándome las piernas hasta las rodillas.

Pero poco importa.

La noche y yo sabemos

que el coma emocional siempre acaba en muerte.

Y me sé muerta.

Desde hace mucho tiempo.

Me sé muerta.

El sol se refleja en las aceras sucias que dijeron que debían alegrar mi vista,

paradas de flores, niños correteando al salir de la escuela, perros paseando.

Si me acordara de sonreír, lo haría,

pero tengo la boca seca por falta de labio,

repleta de grietas

cansada.

Escribí siete historias de ese amor,

y ahora,

entre mis manos,

sólo tengo un epílogo quebrado.

Aterrada me doy cuenta que aún siento;

me doy cuenta que en mis pulmones

todavía resuena la misma canción.

-¿Cuántas eternidades pueden caber en una canción,

hasta convertirse en silencio?-

Nuestra eternidad hecha de instantes frágiles

sigue sonando en mis adentros.

Suspiro de sangre en cada una de las palabras

que nos cuentan.

La luz la dejé escrita en todos los poemas

y ahora son epitafios de nuestros sueños paralelos.

Siento la herida temblar en las venas.

[Vuelve a alzar los ojos, los rostros siguen impasibles con la mirada fija en ella.]

Es puñal lento la memoria y de mí quisiera arrancarla,

pero la llevo como una carga

que adoro tanto...

Sólo podría pedirle al amor que sobreviviera,

que se hiciera tormenta...

pero a duras penas,

soy corazón latente

bajo la tierra.

[Se hace el silencio. Mira al frente. Se siente abierta en canal, y todavía no entiende porqué ha contado todo esto a tantos rostros desconocidos. Baja la cabeza. Baja de la tarima. Da media vuelta. Huye.]