Arriba el telón

30.01.2020

Acto I

Escena VI (el anciano) por @Macon_InMotion

AUTOR: El 47.

[La voz resuena por todo el teatro. Un anciano se levanta de una de las sillas muy lentamente al escuchar el número y, con una leve cojera, se acerca al estrado. Viste de blanco de los pies a la cabeza y esto contrasta con su piel morena y gruesa.]

ANCIANO: [Tose ostensiblemente]. Tengo 307 años. ¿Qué están mirando? [un murmullo recorre la platea]. Estoy plenamente en mis cabales y en disposición de considerar que están... [le interrumpe la tos] que están ustedes completamente locos. ¡Un anciano tricentenario les está tachando de locos! ¿En que lugar les deja eso a ustedes? Yo solo quiero volar. Igual que lo hacía cada día, desde la cúspide de mi faro. [Levanta la voz] ¡El mundo está enfermo! ¿Porqué sigo aquí? [hace aspavientos con los brazos]. Debería haber sido pasto de los peces hace más de 200 años... [Baja la cabeza. El tono ahora es completamente abatido] No lo entiendo. Durante siglos... fui literalmente la luz cuando esta desaparecía. Refugio durante la tormenta, esperanza... y ahora sólo soy un viejo decrépito. [Se rasca la cabellera, abundante y blanquísima, del mismo color que la barba]. ¿Dónde estoy? ¿Qué extraño lugar es este? Mi faro está demolido. Lo sé. Así es como lo siento. Lo siento. Ya no hay café, ni salitre, ni gaviotas, ni libros, ni mi maldita bicicleta. Todo se fue pero yo sigo aquí. ¡Desamparado! [Vuelve a gritar]. Esta cicatriz que cruza mi pecho [se levanta la camiseta , de blanco impoluto] es todo lo que me queda. No es bonita. Nada en esta vida lo es. ¡Estoy en mis cabales! [vuelve a gritar. Se trastabilla]. ¡Todo son cicatrices! ¡No os fiéis de los cuerpos impolutos! [alza el brazo, señalando al frente. Escupe, fruto de la vehemencia con la que habla]. Quiero ron. ¿Dónde está mi caballo? [el discurso ha perdido cualquier ápice de aparente coherencia]. Vale. Discúlpenme. Estoy alterado. Yo solo quería morir. ¿Es que acaso no es eso lo que queremos todos? Este escuálido cuerpo no sirve, pero sigue funcionando. [vuelve a levantarse la camiseta. Se le marcan las costillas. Además de la larga cicatriz que va del hombro izquierdo al costado opuesto, lleva tatuado un tosco ancla desde el tórax al ombligo]. He vivido infinidad de revoluciones, demasiados amores y demasiado pocas amistades. Siempre me he sentido solo. Creo que tiene que ver con vivir a ras de mar. Y a la vez por encima. Lo justo como para vislumbrar la inmensidad y tomar conciencia del verdadero tamaño de uno mismo. Es como si... [nuevamente le interrumpe la tos]...es como si el mar fuese el universo y yo lo viese desde fuera. Si el infinito es infinito... entonces es irrelevante lo grande que sea uno, puesto que siempre será polvo en el aire. [el anciano calla durante casi un minuto]. El caos reina. La anarquía ordena. [de nuevo el silencio]. ¡Están ustedes locos! Nunca debió pasar lo que pasó y aún así... [susurra] ...pasó. Solo soy un hombre. Un peón en un tablero de ajedrez infinito donde no hay más piezas. Compadézcanse porque yo he vivido tanto que anhelo morir y ustedes, que temen a la muerte, apenas saben lo que significa la vida. [le interrumpe un violento acceso de tos]. Que este anciano no les amargue el jaque a la vida. Solo soy un hombre. Yo... [tartamudea] ...yo tenía un faro.

[Llora en silencio al tiempo que gira sobre si mismo y, con su cojera, vuelve a su sitio, corriendo la cortina tras de si].