Arriba el telón

01.02.2020

Acto I

Escena VIII (Rocío/Martina) por @javilimonysal

AUTOR: Vamos a ver... ¿El 37?

[Se levanta de la silla una mujer, arreglada, joven, vestida con algo de extravagancia. Respira hondo y con cierta seguridad, avanza hasta la cortina, respira hondo y la cruza. Se sitúa frente al micrófono.]

ROCÍO: [Mirando al suelo] Hola, me llamo Rocío. No esperaba tal recibimiento. Buenas tardes. No estoy segura de por qué estoy aquí, no me he arreglado, supongo, para la ocasión. Pero es cierto, que en 27 años que tengo, no es la primera vez que me pasa. [Levanta la cabeza y mira a la última fila] Soy artista. [Respira hondo durante varios segundos] Vivo en un hotel y cada tarde, piso las tablas. Me maquillo como un payaso, me enfundo mi uniforme, me coloco la peluca, trago un nudo en mi garganta, que aparece siempre 10 minutos antes de salir, Y Rocío desaparece y en ese momento, dejo que me invada mi personaje. [Continúa hablando, con la voz a medio gas, nerviosa, como si nunca antes hubiese pisado un escenario] Llevo 10 años interpretando a Martina. Martina y yo, somos personas o personajes, o simplemente, caracteres, absolutamente antagónicos. Empecé, como muchos artistas, actuando en la calle. La calle es dura; la función ha de salir bien, aunque llueva o haga frío (The show must go on), sea lunes o Domingo, aunque el público sea hostil. Muchas noches, interrumpí la función, porque no todo el público sabe de respeto y no todo tiene un precio. Cada bolo en el barrio, alimenta el boca a boca, de pronto te da vergüenza cruzarte con gente en el portal, porque la fama es para el que la sabe llevar. Pero un día, sucede, venía a verme gente que había escuchado hablar de mi talento. Cuando llevaba dos años llevando a Martina por calles, esquinas, bares y pus, me llego la gran oportunidad: Un productor que regentaba un local, donde se programaban actuaciones diariamente, me ofreció dejar la precariedad de no tener caché ni escenario y unirme a su compañía. Y dejé de "hacer la calle", que es como los artistas llamamos al trabajo al raso. Las cosas habían cambiado, el público pasaba por taquilla, y a mi Martina, la acompañaban música, luces de fantasía y actores secundarios. Pero seguía siendo Martina, todo lo que detesto en la vida. He de confesarles que no me dedico a este oficio por vocación. Y me ha sido muy difícil compaginar el ritmo que exige este trabajo, con una vida normal. Ni siquiera sabía que podía interpretar un personaje, aunque sea solo uno. Me arroyó mi tiempo, mi vida, mis circunstancias. Martina vive de noche y enamora a su público. Rocío, el día que empezó a actuar, era una niña de diecisiete años, con una hija de dos en su país. Rocío, yo, inventó a Martina, porque no pudo estudiar, no tuvo oportunidad ni tiempo. No podía trabajar, no tenía experiencia en nada, ni los permisos que requiere un contrato. Así que, de tripas corazón. En este oficio, es habitual no dormir, no sentirse nunca en paz, no perdonas a tu persona, el daño que le hace tu personaje. Ustedes no lo saben, pero la vida que llevamos los que damos vida a otra persona, termina pasando factura, a veces no perdono a Martina, los malos ratos que ha sufrido Rocío. En este entorno, es frecuente no dormir o dormir poco... La farándula corrompe, a veces, el alcohol y la cocaína, son medicina por necesidad, para anular a la persona y que el efecto toxicológico, deje fluir al personaje. Otra cosa que se hace mucho entre bambalinas, es fingir, erguirnos orgullosos de una carreara que nadie sabe que ha arruinado nuestro existir. [Brotan lágrimas y la voz se entrecorta] A veces, verán, pienso que, aunque el oficio sea digno, me duele hablar a mi hija con la misma boca con la que me dirijo a mi público. Y ese sentimiento, se convierte en un asidero, en dónde Rocío se agarra con fe de no haber sido ya absorbida por Martina. Tras diez años de carrera, mi única aspiración, es quitarme los tacones, las pestañas, la peluca, la mentira, el asco y el dolor. La vergüenza. He visto a gente morir aunque siguen respirando. No quiero morir en el escenario. La primera vez que lo hice, pensé que sería breve, sólo para solventar una crisis, para sobrevivir... Con 17 años, sin estudios ni experiencia en nada, me arroyó la inexperiencia, la inocencia, la puta vida. El miedo a verme en la calle, me hizo salir a hacer la calle. Buenas tardes, tengo 27 años, me llamo Rocío y soy Martina, prostituta desde hace diez.