Away (1 temporada)

01.10.2020

Vale, vamos a hablar de Away, serie norteamericana que puede verse actualmente en Netflix, una temporada de momento. Antes de ponerme a ello, sin embargo, tengo que aclarar que esta serie me ha enganchado porque soy una especie de enfermo de novelas, películas y series que nos hablan del espacio, más cuando lo hacen desde un punto de vista basado en la ficción científica y no tanto en la fantasía futurista. Así, habéis de saber, que Interstellar, por ejemplo, para mí es una auténtica maravilla. Ahora, al asunto.

Away (creada por Andrew Hinderaker, hasta ahora guionista televisivo) nos cuenta el andar espacial del primer viaje tripulado a Marte. Diferentes potencias se han unido para conseguirlo y se envía a cinco astronautas para el mayor logro de todos los tiempos, por lo menos espacialmente hablando. La serie empieza con la protagonista, la Comandante Emma Green, la tripulante norteamericana (interpretada por la doblemente oscarizada Hillary Swank quien últimamente, o no le dan papeles en el cine o a encontrado en la televisión un buen lugar para trabajar, puesto que aparece en varias series de distintas plataformas), desde un monte en la Luna, contemplando la nave que les llevará a Marte. A partir de ahí, ella y los otros cuatro se disponen a empezar una aventura que les mantendrá tres años lo más lejos que se ha estado nunca de la Tierra, en una misión que cuenta solo con un 50% de posibilidades de éxito. Por lo tanto, a lo largo de los diez capítulos de 40 minutos cada uno, veremos los distintos problemas a los que la tripulación se enfrenta y cómo los resuelven, contando las dificultades de convivencia, de autoridad, de confianza y los problemas políticos derivados de que la China, Estados Unidos, Rusia, la India y la Gran Bretaña compartan un tema tan delicado y, a su vez, mediático y, por supuesto, de una inversión económica considerable. Esta, es la parte interesante de la serie, la convivencia y las dificultades dentro de la nave a medida que se aleja de la Tierra y se acerca a Marte.

La otra parte, la que falla, es como fluctúan los cinco personajes con su anterior vida en la Tierra. La serie se basa de forma mayoritaria en la vida de la Comandante Green y su marido Matt (Josh Charles, cara muy conocida, como secundario) junto con su hija única Lex (la joven Talitha Eliana Bateman). Pasa algo más de puntillas por las vidas del representante ruso, Misha (a cargo de Mark Ivanir), uno de los personajes más interesantes y de Lu Wang, la astronauta china (papel de Vivian Wu), y pasa casi de rasquis por la vida de Ram, de origen indio (Ray Panthaki) y de Kwesi, astronauta de nacionalidad británica pero de origen ghanés (Ato Essandoh). Y es que todas las etnias están representadas (se añade el novio de Lex, de origen hispano, Isaac, interpretado por Adam Irigoyen y el hecho de que Kwesi es judío) y también distintas orientaciones sexuales en un intento de aglomeración por no dejarse nada, que queda algo falsa. Si bien es cierto que la evolución de los personajes está lograda, que todos los cinco, incluso también Matt y Lex, junto con Melissa (Monique Gabriella Curnen), amiga de la familia, tienen profundidad, también es cierto que hay un abuso del drama que acaba resultando molesto.

Y es que si, a parte de navegar en el espacio hacen otra cosa las protagonistas, es llorar. No hay capítulo en el que Hillary Swank no desarrolle sus dotes melodramáticas en dos o tres ocasiones: que si los mensajes con su hija, con su marido, que si sus remordimientos luchando con sus sueños... Y detrás de ella lloran todas, cada una por sus razones, todos con pasados cargados de peso trágico y no carente de cierta épica, y esto se hace cargante, se vuelve una distracción sobre la trama principal. Entiendo que sirven para dar profundidad y consistencia, pero no sé si es necesaria tanta desgracia junta en una nave espacial: lo que le sucede a la familia de la Comandante en el primer episodio; los orígenes trágicos de Kwesi, el panorama familiar de Misha, la lucha constante de Lu y el trauma de Ram, todo es demasiado.

Así pues, Away engancha por la trama marciana, pero desengancha por este tono algo pasteloso que, a su vez, sirve para recordarnos que el sueño americano existe, que se puede venir de lo más humilde, pero que luchando se llega a sortear cualquier obstáculo, que la voluntad es el arma más fuerte y el amor y la esperanza valen más que toda la tecnología. No dudo de que voy a ver la segunda temporada, si la hay, pero espero que se resuelva esta voluntad de gustar a todo el mundo y de hacer llorar, a la vez que la previsibilidad, pues la serie acaba resultando demasiado previsible, sabes qué sucederá, incluso cómo reaccionará cada personaje. No es para nada una mala serie, pero como pondría en una nota escolar: necesita mejorar.