Buscamoscas

26.10.2019

Tienes que centrarte. Tienes que enfocar, tío. Focalizar el objetivo. Tu dispersión es como un montón de moscas revoloteando alrededor de una vela, cada vez que con la mano intentas coger a una solo consigues que se muevan aleatoriamente para después repetir de nuevo su vuelo, ese trazo errático de formas geométricas, giros angulares y órbitas tangenciales. Es imposible, o lo es para ti, centrarte en uno solo de estos insectos que te rodean, te confundes y se confunden entre ellos. ¿Para que van a temer al matamoscas si no temen a quién lo empuña? Nunca matarás a una mosca si en el momento adecuado, cuando se posa frente a ti para frotarse con sus patas, dudas el tiempo suficiente como para que alce de nuevo su acrobacia en el aire viciado de la sala o si, al mover el matamoscas eres lento e impreciso y fallas. A veces tengo la sensación de que fallas adrede, en realidad no quieres matarlas, o te da asco la mancha que tendrás que limpiar o sientes una compasión digna no de la bondad sino de la cobardía.

Míralas bien, durante unos segundos intenta encontrar diferencias entre ellas, entre cada uno de los dípteros que, a lo mucho, vivirán dos o tres semanas y las dedican a aletear cerca de una llama que ya parpadea. Cuando se apague, seguirán aquí un rato, luego buscarán otra luz pues la tuya ya no les sirve, esa que a ratos parecía brillar tanto que era suficiente para una habitación, para un mundo interior tan grande como el tuyo. Míralas bien, son todas iguales, te preguntas si entre ellas se distinguen por la apariencia o el olor o el zumbido de sus alas, pero eso da igual, lo importante es si las distingues tú y no, no lo haces, así que simplemente tienes que elegir una y convertirla en tu propósito. Ni siquiera tienes que seguir su vuelo, ya sabes que te perderás, elige a la primera que se ponga a tiro y ¡pam!, dispara. Una vez eliminada podrás ir a por otra, verás que las supervivientes no se inmutarán, les da igual, su propósito no es proteger al grupo, el tuyo tampoco. Oh, no te preocupes, cuando creas que estás a punto de acabar con todas las del cuarto, aparecerán más o al no haber ninguna te invadirá esa sensación de trabajo bien hecho que tan bien conoces, que has saboreado pocas veces pero con una basta para querer más, y te levantarás para abrir la ventana y respirar aire puro y sin darte cuenta, cuando vuelvas a cerrarla, tendrás unas cuantas moscas más. Se esconden del calor y del frío, buscan esa temperatura media del espacio interno de cada uno, del tuyo.

¿Recuerdas lo que dijo de ti aquella profesora? Dijo que te distraes con la primera mosca que aparece y si no aparece ninguna la buscas. Ibas a EGB, es eso poco has cambiado. La liebre no pierde la carrera por distraerse con las flores y las abejas, pierde por idiota, te dices, y después añades que tú no eres idiota. Claro que no, pero te lo haces, perdona por atreverme a decírtelo así, te lo haces y así tienes excusa, ¿estoy en lo cierto? Ay, es que me he distraído, ya sabes cómo soy. No, nadie sabe cómo es, sabe cómo se muestra ante los demás y ante sí mismo a solas, con sus moscas. Un día acertaste al decir que ya que las moscas te distraían tanto, intentarías hacerlas tu modo de vida, y casi lo consigues, sin embargo el ambiente estaba tan cargado que había que abrir la ventana antes de tiempo y entró un aire fresco sano y reparador que te abrió los pulmones oprimidos pero, ay, se escaparon todas las moscas.

Ahora que lo pienso, no es necesario que las mates si no quieres, ponlas en un tarro, en un vaso de cristal boca abajo. Hazlas tuyas, elige a la primera que se pare a descansar. Quizá ellas no lo sepan pero, en el momento en el que entran en tu espacio propio pasan a ser tuyas y, además, es bastante probable que solo existan en tu imaginación así que puedes hacer con ellas lo que te plazca. Son tus moscas, vuelan porque tú las imaginas volar y de alguna manera siguen el recorrido que tu mente les marca. Lo que quería decir tu profesora, aunque ten por seguro que ni ella lo sabía, es que necesitas a las moscas, necesitas la distracción que proporcionan, la dispersión que suponen, pero sabes (la profesora no lo sabía, tú sí) que si intentas cogerlas a todas al vuelo no cogerás ninguna así que, enfoca, tío, elige a una ni que sea para volver a saborear ese sabor tan delicioso de crear algo por ti mismo (las moscas las has inventado tú) y ver cómo acabará volando de la forma que tú digas o morirá dentro del vaso o aplastada por el matamoscas, pero será así porque tú lo has pensando, lo has ejecutado y lo has terminado. Y si las demás moscas huyen cuando atrapes a una, ¿qué más da?, ya inventarás otras.