Catalonia Burning

17.10.2019

Ayer, un amigo mío colgó una foto en WhatsApp que corría por las redes (y que cuelgo aquí sin saber su autor), de la vista desde un balcón, en la que se veían diferentes columnas de humo alzándose en el cielo nocturno de Barcelona. Una imagen mezcla de película apocalíptica o de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), como dijo otro amigo en el mismo grupo. Pero supongo que la tendencia al dramatismo y a la exageración ya se ha convertido en normalidad, es una arma para desacreditar al otro, para mostrar lo que tú quieres que se vea. Si demuestro que tú eres violento, puedo justificar que lo sea yo, aunque ninguna violencia lo es. Pero si se habla de la violencia, se desvía la mirada de la no violencia que tanto ha molestado a algunos; no hablo de las marchas pacíficas que están teniendo lugar, ni de las manifestaciones sin incidentes, ni de los actos reivindicativos pacíficos.

Mississippi Burning (Alan Parker, 1988), cuenta la investigación de dos agentes del FBI del asesinato de tres ciudadanos de origen afroamericano por el Ku Klux Klan en los años 60. La llegada de los agentes supone una revolución en el estado, ya que los que lo gobiernan en las sombras, los supremacistas blancos, los ven como una amenaza a su hegemonía, y eso provoca un incremento en sus acciones violentas. Y es que cuando el poder ve peligrar la estabilidad de sus pilares, su actuación suele ser violenta. Lo fue en 1 de octubre de 2017 por parte de la policía nacional y, negarlo o atribuir la culpa a los manifestantes es un acto de ignorancia supina. ¿Quiere decir eso que los policías mintieron o tergiversaron los hechos durante su declaración en el juicio "del procés"? Sí, quiere decir exactamente eso. Pero no nos alarmemos, vivimos en un país en el que la mentida está al orden del día: mienten los banqueros, políticos, cuerpos de seguridad, presidentes de clubs, periodistas...

Pero hoy quiero hablar de lo que está pasando en Catalunya estos días. En primer lugar decir que los encapuchados que están quemando contenedores y tumbando semáforos no representan al independentismo, aunque sean (cosa que no se sabe) independentistas, pues quizá son infiltrados, que de haberlos los hay en todas las manifestaciones, o simples camorristas que aprovechan estas ocasiones para liberar su ira. El independentismo ha demostrado de sobra ser pacífico desde sus orígenes y sus orígenes no son de hace unos años, hace siglos que hay independentismo. Sin embargo estaremos de acuerdo en que es la sentencia del tribunal constitucional sobre el Estatut de Catalunya, en el 2010, lo que prende la mecha. Yo estuve en la manifestación multitudinaria de entonces y los gritos de independencia eran ya mayoritarios y, contrariamente a lo que nos venden, entonces Artur Mas no era todavía independentista (yo dudo que lo sea a día de hoy, es de derechas y la derecha lo que mira es al poder y al dinero, lo demás le da bastante igual). Artur Mas se apuntó al movimiento independentista creciente pensando que le harían Mesías (como demuestra el terrible cartel electoral de las elecciones de entonces, en la que sale engrandecido con los brazos en cruz).

Como decía, el independentismo es un movimiento civil pacífico, como se ha visto en las marchas, las manifestaciones, las movilizaciones y cualquier acto que ha llevado a cabo hasta ahora. Hasta la sentencia a los llamados líderes del Procés. Lo que no ha sido pacífico ha sido la respuesta de los representantes del Congreso de los Diputados de PSOE, PP, Ciudadanos... La contestación a los intentos de negociación (aunque seguramente nadie lo hizo bien aquí), la judicialización de todo lo sucedido por una clara muestra de incapacidad política y una falta de líderes que azota, no solo a España, sino a todo el mundo desde hace un par de décadas; la recogida de firmas en contra del Estatut, meter en la cárcel a personas por tener máscaras de los Jordis en su casa durante un año, el ataque brutal de los medios de ciertos lugares e ideologías hacia Catalunya (Tele5, Antena3, TeleMadrid...) y hacia el simple hecho de ser catalán o de hablarlo, la aplicación del 155 por un hecho electoralista y de calmar a la derecha exacerbada. Con el referéndum del 1 de octubre de 2017, una parte de la población catalana y de sus gobernantes, desafío al poder español o a una parte de éste y eso es lo que se ha castigado. Se ha castigado la osadía y el no hacer caso al "aquí quien manda soy yo". Y se ha castigado el ridículo hecho por los servicios secretos y la policía que no encontró las urnas, por la imagen internacional de casi 10.000 policías encerrados en el barco de los piolines y luego arremetiendo contra los votantes, se ha castigado el hecho de que España ha necesitado y sigue necesitando justificar que es un país democrático a través de vídeos y de reuniones con embajadores y empresarios (con el pueblo no, ¿eh?, a esos no es necesario explicar nadie, pueblucho).

El problema de España no es Catalunya, ni el País Vasco ni Navarra ni... El problema de España es España. Un país en el que el segundo partido (a día de hoy) más votado y el tercero (a día de hoy) se han negado a condenar una dictadura, un país en que la iglesia católica sigue teniendo un poder excesivo sobre la opinión política, pública y mediática; un país en el que centenares de personas animan a los guardias civiles gritando "a por ellos" estando a mil quilómetros de Barcelona y sin tener ni idea de la realidad de allí, o una idea falseada, metida en la cabeza por periódicos como el ABC o La Razón, grandes defensores del conservadurismo más rancio. Y es que poner las urnas no es suficiente para decir que eres democrático. Ser democrático significa respetar el derecho de libertad de manifestación, opinión, expresión, libertad artística, etc. ¡Pero si el rey no puede ser juzgado! ¿Qué democracia es esta? ¿Y el juicio por la Guerra Civil y 40 años de Franquismo? En Alemania está prohibida cualquier referencia a Hitler, aquí la Fundación Francisco Franco recibe subvenciones del Estado, da igual quien mande.

Pero es cierto, en Catalunya están habiendo incidentes violentos estos días, algunos serán por gente que ha perdido la paciencia del todo, que se ha cansado de la "revolució dels somriures" y ha pensado que es ahora cuando toca tomar las calles por las malas. Otros no, repito, otros serán infiltrados o simplemente idiotas. Pero la peor violencia es la que ejercen aquellos que en teoría tendrían que proteger al pueblo. Corren por las redes los vídeos del policía que sin venir a cuento disparó el lunes contra uno que pasaba por allí (el de la sudadera blanca), con una pistola de balas de goma y luego lo celebraba, en plan prácticas de tiro; y también el vídeo del policía que dispara y al acertar se pone a gritar "toma, hijo de puta, toma".

Si el problema de España es España, el del independentismo, que no es el de toda Catalunya, es que se ha quedado sin hoja de ruta. El golpe a los políticos y activistas ha sido duro, ha despertado a la bestia en algunos, ha acabado con la paciencia de muchos, pero eso no frenará las ideas de los que quieren irse de España, al revés, lo hará crecer, es una falta de visión espectacular, es ceguera voluntaria. La violencia (policial, militar, institucional, judicial, política, la que sea) nunca ha resuelto estos hechos, nunca; como mucho los ha aplazado. Salvando las enormes diferencias que hay: durante la Revolución Francesa la monarquía respondió enviando al ejército y solo consiguió que los que no se habían levantado en contra de sus privilegios se levantaran (pero era el siglo XVIII); durante la revolución Soviética los zares enviaron también a las fuerzas armadas y la parte del pueblo que no estaba con la otra parte del pueblo se sumó a la revolución (pero era a principios del siglo XX). Hoy, a principios del siglo XXI, se sigue actuando igual, en proporción, claro está (no es esto la revolución francesa ni la bolchevique, faltaría más), pero en desproporción de fuerzas y de necesidades.

Sí, estoy de acuerdo en que Torra es un presidente de feria, no me gusta nada. Pero también en que los Casado, Ribera y Sánchez no tienen la capacidad ni el intelecto ni el carisma suficiente para nada. Mira que habría sido fácil hacer como Escocia y dejar votar, habría salido el no o habría salido el sí por los pelos y un sí por los pelos no da legitimidad a la declaración de independencia. Sin embargo les pudo el orgullo, el grito de España alargando la s y remarcando la ñ. El argumento de la constitución era el medio a que saliera el sí, el miedo a que Catalunya se fuera y se perdiera lo que supone económicamente; no he oído todavía un argumento válido que diga que quieren que Catalunya se quede porque les quieren.