¡Céntrate, joder!

12.02.2021

¿Qué haces? Improvisando de nuevo y, esto, no te lleva a una nueva novela, te lleva a otro relato largo sin terminar o mal terminado y no es así. No es así. Sin embargo, la inspiración parece haberte abandonado y acude solamente en momentos en los que la llamas tanto que eres como el pariente pesado y entonces, claro, viene de mala gana, a regañadientes, que palabra tan bonita, y actúa mal, rápido, tiene ganas de largarse. O quizá no sea la falta de inspiración, quizá la inspiración y tú estáis sentados en un sofá tomando tequilas, incapaces de poneros a trabajar juntos, invadidos por una modorra que puedes excusar en la situación de pandemia, tanto tiempo en confinamiento o semiconfinamiento, más un trabajo que te quita tiempo y sacude tu conciencia por no hacerlo con ganas, solo por el dinero que te llega a fin de mes y gracias al cual pagas el alquiler.

Desde que publicaste tu única novela publicada por otros y por nadie más, ¿cuántas has empezado? El reflejo, La hora del lobo, ¿Y a ti quién te ha invitado?, La cita que se quedaba a dormir, Vida y muerte de Johnny Boy (antes conocido como Juan Chico), Distopía 1 2 3 4...

Joder. Céntrate. Y ahora ésta, que de momento no tiene título. Repites lo de los viajes en el tiempo, los finales del mundo, los universos paralelos y te repites, sí, también, con lo de mezclar el realismo con un toque entre fantástico y de ciencia-ficción. No sales de aquí. De acuerdo, es lo que te gusta, son tus temas. Te repites que todos los autores se repiten: Paul Auster y sus personajes y escenarios, Murakami y sus pasos a la fantasía desde el amor o la creación de un personaje realista, Millás y sus mundos paralelos imaginarios. Pero tú no eres ninguno de ellos. Seguramente ellos también tenían muchas ideas en la bolsa y se decidieron por una y adelante las hachas. Tú estás ahí, estancado en tu incapacidad de decidir y ponerte a ello. Que si esta idea no es tan buena como parece, que si la escritura te sale demasiado mecánica y fría, que si no puedes concentrarte, que si la otra idea es mejor, que si sal a caminar a ver si te ayuda a focalizar, que si ahora lee un poco para inspirarte, que si juega un rato para disipar esta nebulosa mental, que si vete a saber que mierda de excusa pones ahora. Pierdes el tiempo buscando excusas para justificar que estás perdiendo el tiempo. Las dos serpientes de La historia interminable mordiéndose la cola en un círculo, por eso mismo se titula así, interminable.

Lo más frustrante es que sueles releer luego estos relatos largos que iban para novela y te gustan, te dices que están bien, pero la onda de inspiración para esa historia se ha largado. Adiós, farewell, adéu, au revoir, va fan culo. Tienes que centrarte y planificar. Decídete por una de tus ideas, planifica, dedica tiempo a estructurarlo todo, a elaborar las tramas, a crear los personajes, a pintar los escenarios, a definir el estilo y entonces, solo entonces, ponte a improvisar sobre lo planeado. Así sí es. Pero claro, aquí en casa no te concentras, aquel espacio para coworking necesita una silla ergonómica, que sabes como tienes la espalda, el otro tiene silla pero es caro y el que no es caro y tiene silla está lejos. Las bibliotecas, cada día una distinta porque abren mañanas distintas y encima con la mascarilla puesta todo el rato, que te empaña las gafas y sus sillas no son ergonómicas, las de la biblioteca, que las gafas usan la nariz de silla.

Pero reconócelo, no está inspirado para nada. Ni para escribir ficción, ni para escribir columnas, ni para escribir artículos, ni para los informes y proyectos del trabajo. Estás en una especie de limbo dantesco... Demasiado tiempo llevo en el Limbo, amigo Dante, y ahora ya no recuerdo cómo llegué ni me quedan fuerzas para buscar la salida. O quizá te falten las ganas y no las fuerzas, te has acomodado. Acomodarte se te da muy bien, tienes práctica y has adquirido experiencia. Pero siempre que te acomodas acabas por querer rebelarte, que son antónimos. ¿Cómo hacía uno para rebelarse? Joder. Estás tan acomodado que ya no recuerdas cómo se hacía para rebelarse, sin embargo queda todavía el recuerdo de su regusto dulce y a la vez picante, el sabor de la victoria sobre ti mismo. Así que recurres a lo más cercano y escribes sobre ti y sobre tu incapacidad para escribir sobre nada más. Houellebecq también escribe sobre sí mismo y Woody Allen y Josep Pla y dicen que en realidad todos los escritores hacen eso, y las escritoras, pero no te refieres a eso. Te refieres a esto, a lo que haces ahora. Escribir sobre que no puedes escribir. ¿Escribir sobre escribir es metaescritura? Escribir sobre no poder escribir es una paradoja, porque estás escribiendo mientras dices que no puedes escribir. No, no es acomodación, es dispersión. Así que, joder, céntrate.