Contra la voluntad (o cómo mejorar tu vida en 5 putos pasos)

05.07.2021

Algunas personas -entre ellas yo mismo- pensamos o hemos pensado durante mucho tiempo que cuidar de nosotros mismos es consentirnos ciertas cosas. Y no deja de ser verdad. El problema es que hemos entendido "consentirse" en el mal sentido. Os pongo un ejemplo bien claro con el que tal vez algunos se sientan identificados, o bien por la infancia que han tenido o bien por el modelo de padres / madres que son:

A nadie le acaban de gustar los niños consentidos: aquellos niños o niñas que lo quieren todo y lo quieren ya, que tienen rabietas cuando se les dice que no, que no hacen el más mínimo esfuerzo porque les has enseñado que les puedes dar todo lo que piden, que ya lo harás tú todo por ellos, que son los dueños no sólo de la casa, sino de sus padres y madres. Pues es lo mismo. Si entiendes consentir en el mal sentido acabarás así: como un niño mimado que tiene sobrepeso porque no le han negado la bolsa de patatas fritas o le cambian las verduras por dos huevos fritos; que se pasa el día ante la consola de videojuegos porque así se calla; que no tiene casi ningún -o directamente ningún- interés en aspectos artísticos o deportivos que requieren esfuerzo ya que no tiene que esforzarse por nada. Y estos niños y niñas, que parecen tiranos cuando te tratan, que acaban con pocos amigos porque los manipulan, tienen una autoestima muy baja que les impide terminar de valorar lo que pueden hacer, porque no saben qué son capaces de conseguir si se esfuerzan, porque no toman decisiones ya que las han tomado otros por ellos, siempre.

Una vez puesto el ejemplo, volvemos a lo de consentirse a uno mismo. Consentirse no es permitirse todas aquellas cosas que te perjudican, es todo lo contrario. Porque cuando consigues que todo lo que te daña pase a ser un elemento que tienes controlado, entonces hacerlo de vez en cuando, muy de vez en cuando, sí puede ser considerado como mimarse a uno mismo, porque ya controlas todo lo demás. Ahora, supongo que se ve, estoy hablando de mí mismo. Me he maltratado durante muchos años y quizás ya va siendo hora de cambiarlo, ¿verdad? He tapado el espejo que tengo delante del ordenador, en un escritorio antiguo precioso situado en un pequeño estudio que antes era parte de la planta baja de una casa unifamiliar en una urbanización de un pueblo de interior. He tapado el espejo porque me distrae, no porque no me guste verme, aunque tengo que decir que hay días que no me gusta demasiado, hay otros en que sí me gusta. Vamos allá:

1. Dejar de fumar. Creo que éste es uno de los orígenes de muchos de los otros males que arrastro. Si fumas, déjalo ahora mismo, cualquier procastrinación al respecto es una excusa barata: que si me espero a terminar el paquete de tabaco, que si ahora no es un buen momento, que si mejor después del verano, que si... Ahora. Haz un último cigarrillo o termina el paquete si quieres, pero hazlo ya. Para mí dejar de fumar es primordial porque va asociado a otras cosas que también me perjudican y que me decía que eran pequeños consentimientos, pero no es así:

  • Alcohol. No me tomo una cervecita para así fumar, sino que me tomo la cervecita para justificar que fumo. Me gusta la cerveza, y el vermut negro, y el vino tanto blanco como rosado como negro, y un chupito de tequila y un gin-tonic y lo que sea. Creo que fumo porque bebo y que bebo porque fumo. Así que si dejo de fumar, reduciré inmediatamente la cantidad de alcohol que bebo. Ganaré hígado.
  • Tiempo. ¿Cuánto tiempo pierdo fumando? Mucho. En el trabajo cada horita o cada dos horitas sales a hacer un cigarrillo; con los hijos porque dejas de estar con ellos y te alejas para fumar, que no te vean; cuando escribo y me paro en plena inspiración porque mis células mimadas me piden nicotina; con amistades que no fuman y de las que te separas porque les molesta el tabaco; con amantes o parejas que no soportan el tabaco. Si dejo de fumar, ganaré tiempo: imaginemos que cinco minutos por hora, a dieciséis horas despierto al día da un total de... (un momento que hago el cálculo mental) de: 80 minutos al día, es decir, casi una hora y media al día, más de 9 horas la semana, más de 37 horas al mes (una semana al mes de trabajo dedicada a fumar!). Sí, de acuerdo, es un cálculo excesivo porque a veces fumo trabajando o escribiendo o con los amigos. Pero no variará demasiado y, de todos modos, el resultado será excesivo por mucho que recortes. Cada recorte no deja de ser una excusa. Ganaré tiempo.
  • Besos. Me he perdido besos por culpa del tabaco. Ganaré besos.
  • Broncas y sermones. De mis padres, de amigos y amigas, de novias, de los hijos (!)... ¿Qué pesados ​​que son, eh? Joder, pero es que tienen razón. Ganaré tranquilidad.
  • Respiración: me ahogo antes cuando salgo a correr o caminar, cuando toca la subida durante el senderismo, cuando follo, cuando me sumerjo en el agua. Mis pulmones tienen demasiado espacio ocupado por el humo. Los pulmones cogen aire para enviar oxígeno a las células que les da energía. El humo del tabaco no les da energía. Ganaré energía.
  • Economía. Aunque no fumo demasiado (sí, fumas demasiado), el tabaco es cada vez más caro. Un paquete de liar me cuesta 5,25 €. Supongamos que en fumo uno por semana (creo que es un poco más), me gasto 22 € euros al mes en tabaco. Esto equivale a más de 1.160 € al año. Soy educador social, así que cobro poco. Escribir aún no me da mucho dinero. Llevo fumando, a grosso modo, casi 30 años (maredediosnuestroseñortodopoderoso); si hacemos números redondos y sin hilar fino: 34.880 € gastados a lo largo de mi vida en tabaco (y tirando bajo, que en épocas he fumado más y tabaco de paquete, que es más caro y dura menos). Supongo que en realidad debe de girar alrededor de los 50.000 €. Esto son dos años de sueldo entero (¡que cobro poco, que soy educador social os he dicho!). Dos años en los que no haré vacaciones, que no iré con los niños a sitios chulos, que no me permitiré escapadas de fin de semana, alquiler de cosas, cenas en restaurantes, fiestas, regalos para personas a las que quiero... Joder. Ganaré dinero.

2. Reducir la cantidad de alcohol: aunque pienso que esto ya lo consigo en parte gracias a dejar de fumar, no puedo caer en la tentación de decirme que estoy bebiendo menos porque ya no fumo (y me sé decir un montón de pequeñas mentiras a mí mismo). Tengo que controlar la cantidad de alcohol, hacer que sea realmente un placer cuando me tome una cerveza y que te suba la segunda que te tomas con amigos haciendo un vermut.

  • Peso. El alcohol engorda, y engorda bastante. Fíjate en las barrigas de cerveza de los turistas ingleses o alemanes, o en amigos tuyos que... No, fíjate en ti mismo. Todo el día pensando en adelgazar y después unas cervezas, unos vinitos... El vino tinto es el alcohol que menos engorda. Perderé peso.
  • Dinero: cuando vas al súper y te compras el paquete de cervezas o la botella de vino, es una de las cosas más caras que compras. Sí, mira qué tío más tacaño, vaya con el catalán. Pues oye: me gastaré el dinero que dedico al alcohol (y al tabaco) en otras cosas. En ropa, por ejemplo, que parezco de hace cinco años o diez.
  • Mear y otros. El alcohol es una de las diferentes causas que pueden provocar piedras en el riñón y eso hace mucho daño. Por suerte no he tenido nunca y espero no tener, me lo han explicado. Es cierto que no es una causa directa o única, pero ayuda. Además, con la cerveza yo meo mucho. El alcohol castiga el hígado, los riñones, la sangre y el cerebro. Ganaré salud.
  • Diversión. Beberé para divertirme. Es decir, cuando quede con los amigos para cenar o con alguien interesante para desinhibirme un poco. Como ya no beberé tanto, será más fácil que me suba a la cabeza y por tanto, con menos me divertiré más porque, no nos engañemos, coger el puntillo de vez en cuando es divertido. Pero si te acostumbras a beber, como que tu cuerpo está habituado, necesita más alcohol cada vez para llegar a este puntillo. Ganaré diversión.

3. Ejercicio. Mírate un momento y dite ati mismo si te gustas. Físicamente. Si la respuesta es sí del todo, no sé qué haces leyendo esto. Si la respuesta es que sí pero no del todo o directamente es no, estás en la onda. Yo me gusto, pero sé que me gustaré más si mejoro mi estado de forma. En épocas me he dejado mucho y lo he pagado mucho más. Tengo tendencia a engordar. Dejo de fumar y fumar adelgaza, dejo de beber y beber engorda. Uno a uno. En el punto 4 hablo de la alimentación.

  • Salud. Es evidente y todo el mundo lo sabe y aquella peña que hace broma diciendo que el ejercicio es perjudicial porque te has roto una pierna o te duelen las rodillas están muriendo más rápido que tú. Hacer ejercicio hace que tu cuerpo gane musculación, que tu corazón trabaje más (sin pasarse, ¿eh?), que se generen más endorfinas (ayudan a evitar la percepción del dolor, las cosas te hacen menos daño), dopamina (una de las principales responsables en el cerebro de la sensación de bienestar), testosterona (que regula los niveles de estrés) y serotonina (que lucha contra estados depresivos). O sea que venga, a hacer ejercicio, pero recordando que todos los extremos son malos. Ganaré en salud.
  • Energía. Que la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma, es de primero de ESO. Y la ESO es obligatoria y además esta frase está en miles de tacitas odiosas de autoayuda y quotes ridículas en internet. La energía que gastas haciendo ejercicio genera más energía para otras cosas: para socializar, para trabajar, para crear, para viajar, por lo que sea. Ganaré energía.
  • Peso. Claro, hombre (o mujer). Si haces ejercicio quemas calorías. Las calorías de más se convierten en grasa. Si quemas calorías cremas grasa y adelgazas, a no ser que después de hacer ejercicio te zampes unas cuantas hamburguesas, frankfurts, patatas fritas y mierdas que llevan más grasa de la que has quemado. Se trata de quemar grasa hasta que tu cuerpo tenga lo que necesita para vivir y ya está. Perderé peso.
  • Autoestima. Sí. Lo sé, parece superficial pero tiene que ver con lo de mirarse en el espejo y gustarse. Sentirse guapo sube la autoestima (no en plan: me duele la cara de ser tan guapo, un poco menos). Estaré contento porque me sentiré mejor, al sentirme mejor me miraré en el espejo de otro modo, al mirarme de otra manera me sentiré más guapo, más en forma y, además, será verdad y no sólo una ilusión óptica provocada por un estado de euforia transitoria. Ya me ha pasado: cuando he estado tiempo haciendo ejercicio de forma consecutiva y he adelgazado y mis formas han dejado de ser tan redondeadas, me he sentido de maravilla. Pero mi voluntad me ha fallado (por eso este artículo se llama Contra la voluntad), pero ya basta. Ganaré autoestima. Y ligaré más.
  • Sociabilidad. Vale. No eres una persona especialmente sociable. Pero si sales a correr o caminar, encontrarás gente que hace lo mismo que tú y con quien podrás compartir esta experiencia. Irás a caminar con amistades, en grupos, en pareja, con tus hijos. No es necesario formar parte de ningún club de enfermos por el running (qué pereza) o de gente que no para de subir a Instagram sus fotos delante del espejo del gimnasio, pero hay grupos de gente normal que hace un poco de ejercicio y deportes colectivos. Apúntate. Ganarás amistades.

4. Alimentación. Vale. Que buenas están las onduladas con sabor a jamón, los quicos, las croquetas, muchas comidas con mayonesa, los cruasanes de chocolate y las Casares, aquel pastel de mantequilla y avellanas. Mmmm... Pero no. Contrólate. No es necesario comerse la mitad del plato de frutos secos que te traen con la cerveza ni apurar el plato de bravas. Ni terminarse la pizza que han dejado los niños cuando ya no tienes hambre, ni repetir tres veces de buñuelos. No es necesario. Lo sabes. Pues para.

  • Bienestar. La dieta alimenticia influye de forma directa en el bienestar físico y emocional. Independientemente de los yoguis y los veganos y otras cosas, está comprobado científicamente. Si comes mejor, tu cuerpo está mejor y tu cerebro también. La sangre fluye mejor, acumulas menos grasas inútiles, los órganos de tu cuerpo funcionan con más agilidad y trabajan mejor. Ganaré en salud.
  • Peso. Joder, qué pesado que soy. Ya habréis adivinado que tengo un complejo con el peso, pero el tema es que no hago nada para mejorarlo. Mentira. Juego a dos bandas, soy un espía doble: hago ejercicio y después a comer sin hambre o me paro a una gasolinera y pienso: como hoy has salido a correr no pasa nada por comerte una bolsa de Fritos (el sabor autentico de puro maíz). O veo allí los cuatro (¡cuatro!) trozos de pizza que los niños ya no quieren y me los como todos, uno tras otro porque claro, no vale la pena guardarlos o tirarlos. Pues sí. Dieta con menos grasas, comer sólo lo que tu cuerpo necesita, detenerte cuando ya no tienes hambre. Perderé peso.
  • Cocinar. A ti te gusta cocinar. Si dedicas un tiempo a aprender recetas de cocina saludable, a cómo transformar una triste coliflor o un brócoli en un buen plato, te sentirás mejor para comer sano y bueno y, además, habrás aprendido nuevas recetas. Ganaré conocimiento.

5. Cultura, ocio y sociedad. Sí, parece la sección de un periódico. Ahora ya no compras periódicos, de hecho ni los lees por internet. Tampoco miras las noticias, sabes qué pasa en el mundo gracias a la radio por las mañanas y por lo que te cuentan los amigos. Esta sección (perdón, este punto), que tiene tres partes y parece muy larga, en realidad no lo es.

  • Cultura. Vas poco a museos, al teatro y al cine. Antes ibas mucho. Ahora no. Al cine un poco sí y al teatro muy de vez en cuando. Los museos no se acuerdan de quién eres. Y mira que te gusta. Te gusta el cine, te encanta el teatro y te emociona ir a algunas exposiciones. Pues ve. Harás cultura, lo pasarás bien, aprenderás cosas, harás vida social y saldrás más de casa, tendrás más temas de conversación, sabrás más del mundo, encontrarás inspiración en lo que han hecho otros antes que tú y mejor. A qué esperas. Sal más, vuelve a hacer cultura. Y si llevas de vez en cuando a tus hijos no sabes el favor que les estás haciendo (aunque ahora se comportarán como si fuese tortura). Ganaré inspiración y sabiduría.
  • Ocio. Pásatelo bien de verdad. Disfruta de escapadas a la naturaleza, mira paisajes, huele bosques y el mar, báñate en la playa y en ríos, toma el sol, lee mucho, mira buenas pelis, escucha la música que te gusta, haz cosas que sabes hacer o aprende nuevas, ríe más, queda con gente (ey, esto va en "Sociedad"). Para de hacer cosas sólo cuando parar de hacerlas sea un placer: detenerse en una roca a mirar el mar o el bosque, tumbarse en un prado o en la cama para pensar o soñar despierto, hacer el bobo observando las olas o sentarse en un banco del paseo a mirar cómo pasa la gente. Deja el móvil en el bolsillo y míralo sólo cuando suene o cuando te apetezca hablar con alguien. Ganaré bienestar.
  • Sociedad. Ya has dicho antes que eres una persona poco sociable. Si tú que me lees eres de aquellos que tiene la agenda bastante llena, pasa de largo. Pero si la tienes demasiado llena o prácticamente vacía, sigue leyendo. Hacer vida social aporta una cantidad tan bestial de beneficios que puede que no acabemos nunca, pero saber estar solo también es esencial. Ni estar siempre rodeado de otros ni pasarse la vida con uno mismo. Tener amigos es fundamental para el bienestar emocional, gente con la que hacer cosas (incluyendo no hacer nada), personas con las que compartir experiencias, conocimientos, diversión, tiempo. Sal más, queda con más gente y pierde el miedo y la pereza a conocer gente nueva. Sólo gente sana, a la gente tóxica que le den por saco. Pasa más tempos con los niños, haz cosas con ellos, merecen la mejor versión de ti. Ganaré emociones.

Así pues, como resumen:

  • Dejo de fumar. Ahora mismo.
  • Reduzco considerablemente la cantidad de alcohol. Hoy mismo.
  • Me pongo a hacer más ejercicio. Mantengo el que hago y aumento la dosis.
  • Como mejor. Desde hoy. Busco dietas saludables y las pongo en marcha.
  • Vuelvo al cine, al teatro y a los museos durante mi tiempo libre y escribiré mucho más, quedaré con los amigos y amigas y haré nuevos y nuevas.

Tete, la vida son cuatro días, has vivido dos y medio y los que quedan deben ser mejores. Que los que has vivido no han estado mal, pero en parte están condenando a los que quedan a vivir peor. Es eso. Te sentirás mejor contigo mismo y, tal vez, consigas tu gran objetivo en la vida, tu misión, que es aquella que pensaste un día haciendo terapia: yo lo que quiero es, cuando esté a punto de morirme (si no me muero de repente), poder mirar atrás y sonreír.

Hala, acabo que me he alargado mucho y me quedan muchas cosas por hacer hoy.