De los sueños que nos merecemos

20.09.2019

Cada mañana sigo la ruta larga para ir de A hasta B. Podría ir en línea recta, pero le he cogido gusto a las curvas, las rotondas y los cambios de rasante. Algunas de estas mañanas, además, veo a la chica que pasea a su perro por el descampado y de la que me cuesta apartar la mirada. No, no se trata de una mera contemplación de la belleza física, se trata de una especie de desorden de factores alterando el producto. Pienso en si las casualidades existen o si todo son mensajes, mensajes que decido ignorar por miedo, vergüenza, tiempo o excusas varias o que ignoro por no considerarlos como tales, otra excusa más. Más de una mañana he pensado en detener el coche y acercarme, tímidamente pues soy tímido y la situación es algo incómoda. Hola, perdona que me presente de esta forma, pero... Si fuera una situación inversa, si yo tuviera un perro que sacara a pasear cada mañana más o menos a la misma hora y una mujer detuviera su coche para presentarse, seguramente me sentiría halagado, pero también seguramente, dependiendo de cómo lo hiciera (de su tono de voz, de su comunicación no verbal y, por qué engañarnos, de la atracción física que me despertara) me sentiría violentado. Hace unos años, la posibilidad de detener el coche y presentarme habría sido una golondrina revoloteando nerviosa y errática (empiezo a pensar que estoy obsesionado con el vuelo de las golondrinas) que se habría ido, dándome por imposible, con un ligero gesto de mi mano para echarla. Ahora no, ahora la posibilidad es cierta.

Entonces ayer leí no recuerdo dónde (sí lo recuerdo, pero prefiero decir que no), una frase: "cada uno sueña con los sueños que merece". Yo soy soñador, tanto que en ocasiones hay una distancia de vértigo entre el suelo y mis pies, y ni los golpes ni las caricias de la vida han conseguido que deje de serlo, suponiendo que algo o alguien quieran quitarme esa parte tan hermosa que es soñar. A lo largo de los años, he tenido sueños recurrentes, sueños imposibles, sueños recurrentes e imposibles, sueños que no se han cumplido por (otra vez) vergüenza o miedo, si no es que la vergüenza es una de las muchas clases de miedo existentes. He conocido a personas, dos de ellas importantes en mi vida, que insisten en aquello de que "si algo no es, es que no tenía que ser". ¡Y un huevo!, pienso en ocasiones. Sin embargo, hay algo de cierto en esta frase y es cuando entra en combinación con la anterior, alterando el producto ¿Yo merezco ser astronauta o director de cine? He soñado con ello mil veces. O descubrir universos paralelos o vivir de escribir o que el día que detenga el coche y hable con la chica que pasea el perro nazca de ello una historia bonita (aunque puede ser que ella sea una persona detestable, también y pueden salir historias bonitas debajo de cualquier piedra, pero esta, como formante de mi cotidianidad, me está sirviendo de ejemplo). No hay sueños grandes ni sueños pequeños, dicen. La frase tiene trampa y es que soñar los sueños que mereces no incluye que vayan a cumplirse por mucho que los merezcas. Creo en ocasiones en una justicia universal que castiga a quién debe ser castigado y premia a quien debe ser premiado, aunque no la veo casi nunca. ¿Si mis sueños no se cumplen, es que no deben cumplirse o es que no los merezco?, mezclando las dos frases. Sin embargo, si un sueño no se cumple, a no ser que sea algo realmente inverosímil, la razón principal es debida a que no se ha luchado lo suficiente para hacerlo cumplir, de manera que no ha sido porque no tenía que ser y no tenía que ser porque era un sueño que en su momento no mereció la lucha suficiente. Si no he sido ni astronauta ni director de cine es porque no me puse verdaderamente a luchar para serlo. Podía haber estudiado físicas o ciencias de la comunicación, pero no lo hice.

No me gusta nada ese concepto de serie y película en la que alguien, sin hacer nada para merecerlo, consigue algo y dice: se ha cumplido mi sueño; no, ha sido una casualidad, no lo merecías. O sí, si hay una justicia universal que ha visto en esa persona alguien merecedor de cumplir sus sueños sin un esfuerzo específico, más como compensación por un esfuerzo dirigido a otro lado. Yo que sé. La cuestión es, si es que hay una cuestión o solo una, que para que algo sea porque tenía que ser, para que un sueño sea merecido, no basta con sentarse a mirar o esperar las casualidades, que soñar con príncipes y princesas desde el sofá es entretenido pero es más bien imaginar que soñar y que uno no gana la lotería si no juega.