Dead to me

27.05.2019

Dead to me es una serie que no pega nada conmigo. No es de ciencia-ficción ni de viajes en el tiempo ni de superhéroes ni de distopías. Es un drama. El cómo llegué a ella es un misterio. Es un drama de misterio. Además aposté conmigo mismo, aun sabiendo que suelo perder, que no aguantaría más de un capítulo. Y perdí.

Dead to me nace des de poco después que el marido de una de las dos protagonistas, Jen (magnífico personaje con una actriz que me ha sorprendido gratamente, Chrstina Applegate), muera atropellado y el asesino se dé a la fuga. Jen, una mujer pragmática, cerebral, algo fría, acude a una especie de grupo de soporte de personas que han sufrido pérdidas recientes y allí conoce a alguien totalmente opuesto a ella: Judy. Judy es alocada, despistada, sensitiva y algo esotérica. Poco a poco, entre ambas nace una relación de amistad que, evidentemente, pasa por sus baches y detrás de la cual se esconde un hecho que mantiene la tensión de la trama. Podría ser un melodrama de mucho cuidado, pero la serie goza de cierto humor, en ocasiones humor negro, que permite trascender de esto, a la vez que unas subtramas se van entrecruzando: la relación de Judy con su ex, la incapacidad de Jen de hacer de madre pues el padre era quién se encargaba de los niños, descubrir que no todo era un camino de rosas, las dificultades laborales, enfrentarse a la soledad y agarrarse a un clavo ardiendo.

La serie va pasando y consigue no repetirse y además, logra desmontar clichés que yo tenía ya solo empezar: imaginé que Jen sería la típica mujer americana, rubia, operada y bastante insubstancial y que Judy sería la típica mujer graciosilla, que va metiendo la pata. Sin embargo, el personaje de Jen me ha acabado pareciendo muy bueno, sin salir de algunos tópicos, sus ataques de ira y salidas de tono, su incapacidad para solventar ciertos conflictos, le otorgan una riqueza que acaba superando a la de su compañera, una Judy (interpretada por Linda Cardellini), que teóricamente o por lo menos al principio se nos presenta como el personaje complejo. Esta, Judy, a pesar de su fragilidad emocional y su tendencia a hacer cosas raras, acaba resultando más predecible. El trío de la serie lo completa el personaje masculino, Steve, a cargo de James Mardsen, el canalla de turno, el que a pesar de ser una serie de mujeres hace el papel machista de ser quien decide y manipula.

Una de las cosas que fastidia un poco de Dead to me es esa capacidad de los americanos de ponerte a gente de teórica clase media en casas espectaculares, gigantes y con piscina y casita de invitados, que no se entiende debido a las dificultades económicas por las que acaba pasando Jen y en ningún momento, contrariamente a Steve, se explica de dónde saca su dinero, pues aunque se dedica a vender casas de lujo, no le va precisamente bien y su difunto marido es un músico que no triunfa.

Dead to me pasa suave y de forma agradecida, sin grandes sustos ni giros de guión, que parece que tenga que ser obligatorio, parece un producto que se ha querido hacer un poco a la antigua usanza, de las series lentas, de diálogos y encuentros de miradas, de sospechas en lugar de hechos, de una acción que avanza dedicada a la contrucción de los personajes, para una segunda temporada que, veremos, si está a la altura.