Las diferencias idénticas

13.06.2019

Jueves, 13 de junio de 2019

El fin del desarrollo neuronal, que conlleva directamente el inicio de la muerte de conexiones neuronales, se produce alrededor de los 24 años. Ahí es cuando, dicen, se detiene el crecimiento del cuerpo humano y empieza el envejecimiento. Las únicas cosas que siguen creciendo son las uñas, el pelo, la nariz y las orejas. Por eso a la gente mayor la nariz suele destacarles bastante y la hay con orejas considerables. El periodo de la vida conocido como madurez, que antes se iniciaba al terminar la adolescencia (12-19 años) pero que ahora lo hace después de la juventud (19-30 años), en realidad es el principio del fin. Si no es que este principio del fin es el nacimiento mismo. Nacemos destinados a morir. Eduard Punset, muerto hace poco, decía en una entrevista cuando le preguntaban si le daba miedo morir, que no estaba estadísticamente demostrado que él se tuviera que morir. Él era el primer caso de sí mismo, por lo tanto, todas las estadísticas hacían referencia a otras personas. Murió, como todos y todas.

Si es que además de ser únicos, cada uno de nosotros y nosotras, encima queremos ser diferentes y, para más inri, esperamos sentirnos especiales. No nos conformamos con que no haya nadie con el mismo color de ojos, la misma cara, la misma voz. Por supuesto es de lo más natural desear sentirnos especiales para aquella gente que es especial para nosotros, pero da la sensación de que se busca también ser especial entre el montón, serlo para gente que, en realidad nos importa un bledo. Destacar. Imagino una sociedad de personas creadas genéticamente, todas idénticas, millones de clones que además llevan cada uno y cada una el mismo uniforme. Entonces, dentro de lo que cabe, querer destacar sería casi una necesidad biológica y psicológica, la de salir de un entorno claustrofóbico y tan monótono que se haría insoportable. A no ser que, como las hormigas, llegáramos a un estado de colectividad tal en la que el individuo no tiene más valor que el de pieza de un engranaje, que no es poco, substituible completamente, que el del individuo como individuo. En algún momento alguien nos vendió que lo importante es lo individual, que ser alguien es que te recuerden o que seas famoso o que lo trascendente es tu legado y tu patrimonio. Tu piso, tu coche, tu experiencia, tus amistades, tus amores; nada de nuestro piso, nuestro coche.

Hay diferentes sociedades y organizaciones en el mundo que se han ido desvinculando de lo individual, del sentimiento capitalista de la propiedad privada (mi tesoro): los amish, por ejemplo, llevan tiempo con ello. El cooperativismo y el colectivismo también crecen ahora, cuando vivir solo es prácticamente imposible por temas económicos ya que la vivienda ha dejado de ser un derecho y es casi un privilegio y cuando se está descubriendo que el intercambio de aptitudes y tiempo es más efectivo, más enriquecedor y más satisfactorio que el de tiempo por dinero. Yo te arreglo la luz, el otro enseña a mi hija a tocar el piano, aquel de allí escucha los libros que tú le has leído en voz alta.

Escuchaba el otro día hablar a Santiago Niño Becerra, economista mediático que, independientemente de lo bueno o malo que sea con lo que hace, me pareció curioso que pronosticara el fin del capitalismo para el 2028, creo que dijo. La burbuja que está creciendo ahora, y que arrastra la de hace once o doce años, es tan grande que todo se irá al garete, pero generará, según sus palabras, el auge inmediato del intercambio de aptitudes (eso no lo dijo así, pero el mensaje es el mismo), los llamados bancos de tiempo. Yo ofrezco un servicio a cambio de otro servicio. El fin del individualismo asociado al capital.

Vivimos en una sociedad contradictoria en la que hacemos todos casi lo mismo y eso nos hace querer apartarnos, ser diferentes. Pero es que ya lo somos, no hay nadie como yo en todo el mundo ni nadie como tú, eso no te lo quitarán (incluso aunque te hagan un clon) y ya eres especial para mucha gente, sino no estarían contigo, no te llamarían o enviarían mensajes o se sentarían contigo a tomar una copa, a cenar, a simplemente hacerse compañía. Pero nos hacen creer, o eso percibo yo, que además de esa diferencia y autenticidad, hay que destacar y queriendo ser todos distintos, acabamos siendo todos iguales. Otra vez.