Distracciones

22.06.2019

Sábado, 22 de junio de 2019

Cuando estamos en un estado que nos genera malestar, ya sea la tristeza, la incomodidad por una situación que no sabemos resolver o el enfado, por ejemplo, tendemos a buscar cosas por hacer que nos distraigan y, durante un rato, nos hagan "olvidar" ese malestar. Pongo olvidar entre comillas porque en realidad, lo que hacemos no es olvidar, es no recordar durante ese periodo de tiempo ya que otra cosa ocupa la mayor parte de nuestra mente.

Por supuesto, como la composición de la palabra indica, un mal estar es desagradable y tiene lógica que de alguna forma huyamos de sentirnos así. Y si nosotros no sabemos, queremos o podemos huir, las amistades y conocidos intentarán que lo hagamos, en la mayoría de los casos. Delante del estúpido e inútil "no estés triste", la reacción es o bien darte consejo para animarte, decirte cosas que te hagan pasar ese malestar o invitarte a hacer cosas, con la misma función. Una función que no es reparadora, sino que es auxiliadora. De alguna forma, es lo mismo que cuando se da comida a quien pasa hambre pero no se le enseña cómo conseguir comida por sí mismo. Distraerte hace que la tristeza, enfado o incomodidad pasen a un segundo término pero, igual que el hambre, volverán. Ningún problema desaparece por esconderlo. ¿Significa esto que lo mejor es no parar de llorar como una magdalena o enfadarse durante mucho rato o soportar la incomodidad estoicamente? A mí modo de ver, que es un modo tan parcial como el trozo más pequeño de un espejo roto, no pero sí.

Como decía, eludir el malestar no hace que desaparezca, o al menos no tan rápido y seguro que no de una forma tan precisa y tan firme como si se afronta. En parte, buscar distracción constante para evitar sentirse de una forma que nos desagrada, es una incapacidad para aceptar que ese sentimiento existe y, además, es quitarnos el derecho inalienable a sentirnos de esa forma. Tenemos derecho a estar tristes, enfadados o incómodos y otros muchos modos poco agradables. Es echar tierra sobre eso y es inevitable regarlo, porque va apareciendo en nuestro pensamiento, y es como una semilla que con la tierra voluntaria y el riego involuntario, el tiempo la hace crecer, arraiga, sale y acaba floreciendo. O peor, se acaba pudriendo dentro y pudre lo que lo rodea.

Este es un aprendizaje que cuesta, a mí me cuesta, porque la tendencia primera cuando estoy triste o enfadado o lo que sea, es buscar la distracción, cambiar de tema, quedar con alguien, buscar el clavo que saca al otro clavo, mirar una peli que no me haga pensar. Y está bien, pero luego la sensación vuelve. Y vuelve muchas veces. Convivir con un sentimiento negativo (y llamarlo así no me acaba de cuadrar) no significa vivir triste o enfadado, quiere decir comprender que de vez en cuando, al principio mucho, con el tiempo cada vez menos aunque haya oleadas de alta intensidad, esto aparecerá porque está con nosotros. Algunas personas, si las ignoran desaparecen, pero creo que los sentimientos no, los sentimientos para irse necesitan que los mires a la cara y los abraces, para sentirse comprendidos, y entonces se van yendo despacio. Tanto los sentimientos que generan malestar como, desafortunadamente, los que generan bienestar. Todos tienen fecha de caducidad, o casi todos.

Distraerse está bien porque en ocasiones algunos sentimientos son insoportables, lo mismo que con el aburrimiento, hay que aburrirse de vez en cuando, decía mi madre, para obligarse a pensar qué hacer para no aburrirse, aburrirse estimula la inteligencia y la imaginación. También buscas distracciones cuando estás aburrido, porque también es una sensación molesta. Y la distracción es adictiva, pero puede pasar como el alcohol del que bebe para olvidar, que al final acabas olvidando porque bebías, pero sigues bebiendo para olvidar que bebes para olvidar. No sé si me explico, voy a distraerme un rato.