DSV-Dragunov

08.09.2015

Fuma el cigarrillo mirando al cielo, cubierto de pequeñas nubes blancas como ovejas paciendo en un prado azul claro. Desde el campanario abandonado, alarga la mano imaginando que puede coger una y guardarla en el bolsillo, recordando los campos de su tierra. Ayer recibió carta de su mujer: la criatura nació sana y preciosa, es un niño. Tiene el nombre pensado, el mismo que el abuelo. Por eso hoy ha amanecido con otro aire, es un día distinto, nuevo, radiante y él se siente exultante de felicidad. Es padre. De fondo, se oye el río.

La ventaja de su trabajo es la garantía de quedar a salvo de las balas en los momentos de tensión, cuando el enemigo dispara a ciegas. Raramente descubren donde se encuentra, todo aquel barrio derruido y el campanario envuelto en restos de casas igualmente altas, con ventanas vacías y espacios muertos, suponen un sinfín de escondites. Polvo y ceniza.

Cuando oye los pasos apaga el cigarrillo y se sitúa bocabajo, apoyando la mejilla sobre la culata del DSV-Dragunov que le acompaña desde el primer día de conflicto. Viendo en lo que se ha convertido aquello, conflicto le parece una palabra pequeña y ridícula. A través de la mirilla, apunta a uno de los soldados enemigos que, apareciendo por la esquina, se arrima a las paredes. Dispara. Un grito fuerte, los demás soldados corriendo a esconderse y el herido en el suelo, aferrándose a su pierna como si temiera perderla y llorando. En tres minutos ve salir a otro, camino a socorrer al primero. Segundo tiro, segundo herido. Llegan a sus oídos parte de las discusiones de los que se ocultan, sus maldiciones e insultos, debatiendo sobre dónde se encuentra él. Si son medianamente listos ya habrán pillado la táctica, así que no saldrán en un rato.

Saca la foto de su mujer, la que lleva guardada en el chaleco y se siente más enamorado que nunca. Solo han pasado unas horas tras conocer la noticia y el mundo parece mucho mejor. Vuelve a mirar por el telescopio del rifle, pronto saldrán a buscar a sus heridos. Disparará una vez más y cambiará de posición. De fondo, se oye el río.