El Coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez

15.01.2019

Cuando cayó en mis manos, no hace mucho, El amor en los tiempos del cólera, a las pocas páginas ya me estaba preguntando (manos a la cabeza, boca abierta, ojos como platos) cómo era posible que no me hubiera iniciado aún en la obra del autor colombiano, premio Nobel de Literatura en 1982. Al ir por la mitad del libro, ya me había hecho la promesa de que iría a por Márquez como en otros tiempos fui a por Murakami, Saramago, Atwood y muchos otros y otras.


Autor: Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927 - Ciudad de México, 2014)

Año: 1961

Esta edición: DeBolsillo

Volumen: 104 páginas

Género: Drama

Idioma original: castellano


La segunda novela que he leído del novelista es esta novela breve, El coronel no tiene quien le escriba, de apenas 100 páginas con márgenes generosos y letra de tamaño benevolente, que narra el día a día de un hombre mayor, excombatiente al lado de Aureliano Buendía (personaje creado por el mismo escritor y que será usado a posteriori para la novela Cien años de soledad), que espera con paciencia que se recompense sus servicios militares con la pensión que le toca y que el Estado le prometió, pero que no llega nunca. Él y su mujer, asmática, pasan hambre mientras conviven con un gallo de pelea, único legado de su hijo Agustín, muerto años atrás. El debate sobre si vender o no al gallo centra la trama principal de la novela, junto con un retrato triste y desesperanzado sobre la sociedad que ha quedado después de la guerra.

He de decir que las expectativas generadas por El amor en los tiempos del cólera ha provocado que esta otra novela me sepa a poco. Sin embargo, es la segunda novela del autor que no se encuentra, por lo tanto, en su momento más álgido.

El relato de El Coronel va siempre acompañado de un ritmo pausado, cansado, monótono, perfectamente acorde con el protagonista, que más que pasar los días parece que los días le pesan, un hombre que confía en que las cosas se arreglarán, con cierto positivismo a pesar de sus noches sin dormir, de su hijo muerto, de la enfermedad de su mujer, del hambre y de la ancianidad. Paseando por el pueblo en el que vive y encontrándose con un elenco limitado de personajes (el médico, Sabas, los que fueron amigos de su hijo, los niños que quieren ver al gallo), el Coronel espera, y toda la forma del relato es precisamente esta, la de una espera, una cadencia paciente de compases lentos y rutinarios que nos pone el aperitivo de un autor capaz de dar a todas sus novelas el ritmo justo para acompañar trama y personajes. Sin la filigrana literaria que es la otra novela que, hasta hoy, he leído suya, el libro cuenta con un estilo directo, una sucesión de hechos que no se detiene a pesar de la lentitud con la que todo parece moverse, casi sin descripciones ni alardes narrativos.

El coronel no tiene quien les escriba se lee en un día, y al terminar uno se queda con la sensación de que Márquez escribe, en esta ocasión, como lo hacían contemporáneos suyos del norte de América: mundos grises, relatos de la monotonía y el día a día, sin contar nada concreto y contando mucho en general, sin un inicio ni un final, simplemente una fotografía de un lugar, un momento y las personas que allí se encuentran.

Como digo, dista a mí parecer de lo sublime de El amor en los tiempos del cólera, pero deja ya un claro indicio de que nos encontramos con un autor con una capacidad narrativa fuera de dudas, de aquellos que más que escribir letras, las acarician, que más que hablar de personajes, se enamoran de ellos.