El huevo y la gallina

15.07.2019

Como algunos y algunas sabrán y otros y otras no, siento desde hace bastante cierta fascinación por los viajes en el tiempo, las dimensiones temporales, sus paradojas, etcétera. Imbuido sin duda por novelas y películas de más pequeño y también por series de menos pequeño, en múltiples ocasiones se me ocurre (sobre todo en aquellos momentos de viajes rutinarios en coche, de fumarte un cigarrillo en el balcón) qué habría sido de mí si no hubiera tomado ciertas decisiones o si hubiera tomado otras. He imaginado a menudo el tiempo como una línea recta de la que salen infinidad de otras líneas que se dispersan en el espacio como confluentes de un rio gigante que acaban de nuevo en el final de este río, que es el mar. En mis teorías sin fundamento científico alguno, cuando pienso en cómo escribir ficción sobre viajes en el tiempo o sobre dimensiones temporales, en cada ocasión veo más claro que la línea del tiempo es solamente una, como decía, en la que estamos todos y todas. A cada decisión que tomamos sale una pequeña línea nueva que se desvía de la principal, de la que pueden salir a su vez montones de líneas más pero que su tendencia será siempre regresar a la madre, aunque sea dando un rodeo considerable o haciendo un viaje paralelo en su mayor parte. El final está escrito, no en señal de destino, sino como confirmación ineludible de la muerte y del retorno de las aguas a su cauce.

La cuestión es si la razón por la que yo estoy dónde estoy y cómo estoy en este preciso momento, mientras aporreo más que pulso el teclado, se debe únicamente a mis decisiones (las tomadas y las no tomadas, que son igual de importantes) o se debe más a la influencia de todas las decisiones tomadas por todo el mundo. Por una canción que se me ha metido en la cabeza esta mañana, he pensado en una chica con la que estuve durante mi periodo universitario y en la conversación que tuvimos tomando un café un tiempo después, no mucho, en la que ella me dijo que estaba con una persona pero que con quién quería estar era conmigo así que, si yo le decía que quería volver con ella, ella dejaba a esa persona. Yo le dije que no. Igual que sucede con muchas otras cosas, este es como una especie de punto de inflexión en mi vida o eso creo por la cantidad de veces que acude a mi memoria la escena. Si hubiera dicho que de acuerdo, pues ella me gustaba lo suficiente, ¿habría cambiado mi situación actual radicalmente o estaría igual que estoy ahora, por la tendencia de las desviaciones a volver a su sitio? ¿O quizá ahora estaría en un punto totalmente distinto, sin embargo paralelo al actual, y a la larga acabaría en el mismo lugar? Sin embargo este cambio no solamente depende de mí. Depende también de ella, que tomó la decisión de hacerme esta revelación, dependió también de un amigo que llamó justo mientras ella hablaba pues sabía que habíamos quedado y quería preguntar cómo había ido, pero se adelantó. Quizá también dependió de que al mirar por la ventana del bar yo viera algo o a alguien que había decidido salir a pasear al perro a esa hora, o del camarero o camarera de traer la bebida un poco antes o un poco después. No sé si me estoy explicando.

¿Realmente mis decisiones tienen el poder suficiente como para modificar la línea temporal de los demás? Sí, pero considero que las tienen como formantes de un conjunto y que, en realidad, aisladas no modifican absolutamente nada. Pero vamos a hacer un supuesto:

  • Ese día, cuando M me cuenta eso, yo decidí no volver con ella. Esto la afectó directamente en el sentido que, seguramente, tuvo que decidir (si no lo había decidido ya) si continuaba con la pareja que tenía o vista cierta incoherencia en ello, no seguía.
  • Seguir significaba que todo, para ella, continuaba más o menos igual (más o menos ya que tenía mi respuesta negativa, con la afectación menor o mayor que eso supusiera).
  • No seguir significaba un cambio en su vida, importante más o menos, que no solamente le afectaba a ella.
  • Rompía con su pareja de manera que esto afectaba directamente a esta tercera persona que, de alguna manera, tendría que tomar una o varias decisiones conforme a esta ruptura.
  • ¿Aquellas decisiones tomadas por esta tercera persona afectan a unas cuartas o quintas personas?

Este supuesto conlleva una infinidad de carambolas o, más que carambolas, me llevan a la imagen de aquellas bolas metálicas que cuelgan de un hilo y que, cuando golpeas la de más a la izquierda, se mueve la de más a la derecha, independientemente de cuántas bolas metálicas haya en medio.

En una de las muchas historias que he imaginado como posibles novelas o relatos, está la del hombre que muere y descubre que el infierno, o la eternidad sin ser infernal (no lo tengo decidido) es ver la secuencia de consecuencias que sus decisiones, todas ellas, han tenido en los demás, desde su más tierna infancia hasta el día de su muerte. Este personaje verá qué le pasó a tal después de que él decidiera X en lugar de Y, que le pasó a su entorno cercano y después al entorno cercano del entorno cercano y después a cada entorno cercano de cada una de las personas de... Y así para toda la eternidad. Y eso que para mí la eternidad no existe.

De entre las múltiples paradojas que he leído, visto o imaginado, está aquella tan genial de la película Terminator (James Cameron, 1984), según la cual, un personaje es enviado al pasado para salvar a la madre del que será el líder humano contra la insurrección de las máquinas. En este viaje al pasado, el personaje se enamora y mantiene relaciones con la mujer a la que tiene que salvar y de estas relaciones nace el que luego será el líder de la resistencia humana. Ergo, si el hombre no hubiera sido enviado por su propio hijo al pasado, no existiría este hijo, no podría enviarle al pasado y salvar a su madre y, en consecuencia a él mismo. Otra paradoja interesante que se planta en dos series diferentes, cada una con su tono particular (Dark y The Big Bang Theory, respectivamente) es la siguiente: un personaje Y viaja al pasado para entregarse a sí mismo algo que le permitirá inventar la máquina del tiempo; sin embargo, si Y inventa la máquina del tiempo antes de lo que se debería, no se enviará a sí mismo para entregarse este algo que le permitirá inventarla; pero si no viaja, la máquina no se llegará a inventar nunca. Sea como sea, en estas paradojas se acaba produciendo un bucle siempre infinito. En Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, Harry y su padrino son salvados in extremis de los dementores por el propio Harry que viaja al pasado: si no viaja al pasado no se salva, si no se salva a sí mismo, no podría viajar al pasado. ¿Fue primero el huevo o la gallina?

Igual que mucha otra gente, en esos puntos de inflexión que creo que toda vida tiene, he pensado en viajar allí y provocar cambios, pero entonces perdería todo lo que tengo ahora, por poco que sea.

Aparentemente por desgracia, pero en el fondo creo que por suerte, viajar en el tiempo, por muchos puentes de Einsten-Rosen que se estudien, no va a ser factible. Imaginemos (otra opción de novela) que se viaja en el pasado, se altera algo en la prehistoria que afecta a toda la evolución y de repente, en el presente, todo cambia. ¿La gente tendría dos recuerdos, uno de como era antes del viaje y otro después? ¿Tendría acumuladas en su memoria dos o más vidas distintas?

Todo esto me marea y, a la vez, me fascina.