El nivel infranqueable

11.02.2020

A veces la vida me recuerda a un videojuego de aquellos de pasar pantallas, esos en que vas avanzando por diferentes niveles, teóricamente cada uno siendo de mayor dificultad que el anterior, aunque siempre hay excepciones. A mí, en estos videojuegos, solía pasarme que llegaba a un nivel en el que me quedaba encallado, en el que perdía la vida constantemente, por mucho que variara de estrategia para conseguir superarlo (dijo Einstein que estupidez es hacer siempre lo mismo esperando resultados distintos, así que como mínimo variar la forma de hacerlo). Se daba, o se me daba a mí particularmente, un punto en que cada vez que te ponías a jugar, sabías que tenías que afrontar el mismo nivel y si bien es cierto que en determinados momentos esto lo tomabas como un reto: vamos, hoy sí podré; estos momentos iban menguando hasta que al final, dejaba de jugar. En la vida, iba diciendo, pasa un poco lo mismo: te encallas en un nivel que repites tantas veces afrontándolo con diferentes tácticas y maniobras, que al final te cansas del juego y dejas de jugar.

No estoy aquí hablando de dejar de jugar a la vida, sino a alguno de los minijuegos que la vida te plantea. En ocasiones, no obstante, es necesario superar el minijuego para poder seguir con otros que vienen después, como en algunos de estos pasatiempos virtuales: superar ese nivel extra, te abre las puertas a muchos más niveles. Evidentemente es metafórico todo, no vayamos a dramatizar, pues en una maquinita de estas si te cansas la apagas y punto, en cambio en la vida no puedes hacer esto, o sí pero de forma escasa. No puedes apagar a ciertas personas, trabajos y obligaciones, situaciones, sentimientos o lo que sea. Puedes pasar de ellas, puedes dar un rodeo, puedes aparcarlas temporalmente pero el pasado es como una sombra, por mucho que corras no te desharás de ella. Y no, no digo esto en plan peli de sustos o de llorar mucho, fijaros que Peter Pan consiguió deshacerse de su sombra (en realidad es la sombra la que se deshace de Peter Pan) y sin embargo le pide a Wendy que se la cosa, ya que sin ella se siente vacío. No podemos vivir sin pasado, pues es lo que nos ha construido.

Reflexiones pretéritas a parte, la sensación de que estás encallado en un nivel de la vida no es algo nuevo, ya me ha pasado antes. Se produce, o en mi caso se produce, cuando una situación se repite en diferentes ocasiones y, cuando te das cuenta, puedes contarlas y necesitas más de los dedos que tienen tus manos. Te paras y lo que te acaba de suceder, ves que ya te ha sucedido una, dos, tres, cuatro y más veces y de forma consecutiva o casi. Son, o deberían ser, estas cosas las que tienen que provocar una reflexión sobre cómo lo estás haciendo. Si mato a los de la derecha primero, cuando llega el gigante que ataca por la izquierda no me queda suficiente energía, pero si voy primero a por el gigante los de la derecha se acumulan y después no puedo con ellos (por seguir el ejemplo del videojuego). Quizá en la vida algunos niveles sean infranqueables de verdad, y quizá en los juegos, sean infranqueables por tu nivel de vida, no sé si me explico. Es como cuando te encuentras con algo que sabes que no tienes la preparación o la capacidad para afrontarlo, algo laboral o personal o social. Quizá más adelante estés preparado, pero ahora tienes que ser sincero contigo mismo y aceptar que no, necesitas que tu personaje (o sea tú) adquiera más experiencia y mejore sus habilidades. Puede también que no sea cuestión de habilidades concretas sino de estupidez general y, volviendo a Einstein, estés haciendo todo el rato, todas las ocasiones, exactamente lo mismo (actuando igual, pensando igual, respondiendo igual) y esperes diferentes resultados. Entonces el problema ya no es del videojuego, es tuyo y no sé yo si la estupidez se cura, la incultura sí, pero no son lo mismo e igual estoy mezclando el tocino con la velocidad. Vamos a poner un ejemplo práctico y sobre las relaciones personales que sé que os gusta:

Conoces a alguien que te atrae, que te gusta, y después de algunos intercambios en los cuales a ti cada vez te gusta más, a esa persona no llegas a gustarle lo suficiente. A todos nos ha pasado, incluso a las personas más guays, más guapas y más listas (como yo, ehem, ehem). Pues cuando los intercambios, es decir la relación, se acaba, sea más tarde o más pronto, miras y ves que has actuado igual con esta persona que con la anterior que te gustó y cuya relación acabó también igual. Y con la anterior a la anterior fue parecido, y no ves muchas diferencias sobre cómo actuaste la precedente a la anterior de la anterior. Oye, pues estás encallado en un nivel de este minijuego de relaciones íntimas del videojuego de la vida, ¿no? Sí. La respuesta es sí. Y no digo que me haya pasado a mí, es por un amigo. Vale, vale, ya sé que no puedes comparar igual a todas las personas como si fueran el mismo nivel de tal y cual y que cada una es diferente y todas esas cosas que queda tan bien decir, pero es una ejemplo y es una metáfora, un ejemplo metafórico que no una metáfora ejemplar. Otro ejemplo podría ser la relación con alguien de tu familia sobre un tema concreto. Imaginemos que tu y tu hermana estáis en un momento de tomar decisiones sobre que hacer con vuestro padre, que ya tiene una edad y una situación en la que, desgraciadamente, no puede valerse solo. Si cada vez que tu hermana y tú habláis del tema salen los mismos problemas provocando casi de forma exacta la misma discusión y tanto tú como ella acabáis por sacar argumentos semejantes, estáis encallados en este nivel.

Pero a pesar de esta analogía, tengamos en cuenta que en un videojuego no hay ningún nivel infranqueable de verdad, todos los niveles de todos los videojuegos, a no ser que haya un error de programación fundamental, son superables. En la vida no. Algunos niveles no lo son. Tengamos en cuenta también, que en la mayoría de videojuegos de ahora, las vidas de tu avatar son infinitas o, como mucho, tendrás que volver atrás un poco para empezar de nuevo con energía vital renovada. En la vida no, no hay vidas inifinitas ni puedes volver hacia atrás.