El orden alfabético, de Juan José Millás

28.03.2020

En la corta lista de escritores y escritoras españolas que figuran entre mis favoritismos, más por ignorancia y pereza que por animadversión o desagrado, el nombre más destacado, sin ninguna duda, es el de Juan José Millás. Este autor nacido en Valencia en 1946 cuenta en su haber con dos novelas claves entre las que más me han influido: El desorden de su nombre (1986) y El orden alfabético (1998). Siendo quizá la más destacada, para mí y en contra de la mayoría, la segunda de ellas. Su bibliografía es bastante más larga cosa que no hace más que acrecentar mi desconocimiento de su obra, pero por algo se empieza, y yo empecé hace mucho, pues aunque ahora hago la reseña -ya que he leído la novela por segunda vez recientemente- cayó en mis manos y la devoré hace bastante tiempo.

El orden alfabético nos cuenta en dos etapas la vida de Julio (todos los protagonistas masculinos de sus novelas que he leído se llaman Julio), un adolescente que pasa unos días en casa con altos picos de fiebre y, durante estos periodos, experimenta una especie de viaje astral al otro lado, un mundo paralelo al suyo. En este otro lado, un buen día, los libros salen de las estanterías y se ponen a volar, de hecho vuela todo lo que lleva algo escrito y a pesar de la belleza del acontecimiento, esto trae unas consecuencias desastrosas a la vez que alucinantes: empiezan a perderse palabras, luego letras, se olvida el significado de algunas cosas, los objetos, al perderse parte de las letras que los forman o al olvidarse su significado, dejan de utilizarse y el mundo se convierte en un sitio desordenado, caótico y con tendencia al estado primitivo del hombre, a la prehistoria, antes de la invención de la escritura. Con todo lo que esto conlleva, Julio intenta mantener su amor por Laura (cada una de las protagonistas femeninas de sus novelas que he leído se llama Laura), que en el lado del que viene, es una chica mayor que no le hace caso. La descomposición y la adicción que este mundo vive, hace que Julio desconecte del todo de su mundo "real", en el que su padre intenta aprender inglés y tiene una enorme enciclopedia por la que el chico viaja, leyéndola en orden alfabético, caminando por ella como si recorriera un paisaje, buscando a su hermana no nacida, que fue un aborto.

La forma en la que nos narra la historia Juan José Millás, es tan adictiva como la atracción por el otro lado que siente Julio. Todo lo que acontece, que no deja de tener un punto trágico enorme, es visto desde la perspectiva de un adolescente que despierta de su infancia, va entendiendo el mundo y su complejidad, nace su instinto sexual, su interés por la cultura y otros aspectos, así como todo lo concerniente a la pérdida de la inocencia. El despliegue imaginativo a partir del vuelo de los libros es un camino sorprendente y fabuloso, en el que todo sigue una lógica hilvanada con mucha gracia. El tono cómico que el estilo narrativo imprime al relato: se pierde la r y por lo tanto, la nevera pasa a ser la nevea y, en consecuencia, deja de ser una nevera y deja de cumplir su función, igual que Laura pasa a ser Laua y, por lo tanto, ya no es igual que era, por poner el ejemplo que más me gusta.

La novela es un viaje mágico, es un canto a la literatura y al poder de la palabra escrita, a la adolescencia y al amor que nace de ella, es el último cabo suelto de la infancia al que intentamos asirnos por miedo a la vez que alargamos el otro brazo para coger con rapidez el primer cabo de la vida adulta, es también una reflexión a las relaciones familiares y una crítica social y política (la unión de los ministeios de Cultua y Defensa para hacer frente a la situación). Lo que más me gusta, es que aunque la novela te engancha de una forma espectacular, que la lees en un par de días sin problemas por su ritmo, por la energía que desprende y por la facilidad en la que el novelista nos va transportando de un acontecimiento a otro, es lo que comentava antes de que, a pesar de ser unos hechos muy trágicos que llevan la humanidad a su estado más animal, más bruto o menos civilizado, la mirada cómica por el delirio febril del protagonista, por algunos hechos (la pérdida de las calles cuando desaparecen sus nombres, la transformación física de las personas al perder sus nombres) es remarcable. La primera parte de la obra es, para mí, mucho mejor que la segunda, en la que Julio es adulto y va a visitar a su padre al hospital, pero también cuenta con un punto imaginativo fuerte y destacable por su ingenio, a través de la vida que Julio inventa y que, al igual que le pasó siendo adolescente, hace que interfiera tanto en su vida real que no sabes (y sobre todo él ya no sabe o no parece saber) cuál es cuál o, básicamente, cuál de ellas tiene más peso.

Repitiéndome y como mejor forma de dejar mi opinión sobre esta novela, decir que es una que recomiendo siempre a todo aquel o toda aquella que me pregunta qué leer, que es una novela que una vez leída ha aparecido en mi mente como referencia muchas, muchas veces y que, como se puede ver, he leído en más de una ocasión, cosa que muy pocos libros han conseguido. Creo que es un libro que sorprende tanto, que cuenta una historia tan original y narrada con tanta facilidad, que dudo que nadie sea capaz de dejar a medias. Imperdible.