El planeta interrumpido (Dia 0)

29.04.2019

Diario de a bordo, día 0.

La mayor parte de la tripulación se reúne en la sala de descanso para contemplar las espectaculares vistas. El planeta se nos muestra espléndido, caldeado por su enana roja y despertado por una bruma que cubre casi todo, dejando solamente los picos de las montañas más altas a la vista y algunos puntos azules, sus océanos. El Trappist-1e nos ha costado 39 años luz de viaje. El despertar ha sido difícil, la hibernación de poco más de cincuenta y cinco años terrestres ha dejado secuelas en todos nosotros: vómitos, jaquecas constantes, atrofia muscular y otras. Lentamente hemos ido recuperándonos y pocos hay que pasen todavía por la enfermería a diario. Lily, el ordenador de a bordo, nos despertó dieciséis días antes para iniciar el programa de recuperación. A pesar de que casi todos nos conocimos durante el proceso de selección o en las pruebas físicas, técnicas y psicológicas o en las presentaciones, la gente ha aprovechado estas dos semanas para empezar a crear vínculos.

Seguimos sin recibir nuevos datos de Cerebro.

Espero que las comunicaciones con la Tierra lleguen en el tiempo previsto. Es probable que durante los 55 años desde nuestro despegue, la tecnología allí haya avanzado mucho y podamos tener, prácticamente, contacto en directo o con muy poco tiempo de retraso en las transmisiones. Aquí, mientras dormíamos, Lily también ha trabajado y ha mejorado considerablemente lo que había.

Antes de iniciar la reunión previa al aterrizaje, la Segunda Oficial de Personal, Flor, me ha informado de que hay malestar al saberse que entre nosotros hay un RH. Estaba previsto, no es por menos, se garantizó a todo el mundo total trasparencia en los objetivos de la misión y poco después de despertar descubren a alguien desconocido, alguien cuya presencia indica que algo va mal.

La Benar IV, nuestra nave madre, ha albergado a sus 77 tripulantes sin incidentes destacables. El informe que he leído de Lily indica que todo ha ido rozando la perfección. Sigo sin sentirme cómodo con los nombres en clave de cuatro letras para todos. Entiendo el motivo, la seguridad ante el posible desarrollo de la IA de Cerebro, pero se me hace extraño. Casi todos los miembros de la nave eligieron nombres peliculeros, con tono inglés o americano. Yo elegí Mars, me llamaban así porque consumía de adolescente muchas de estas barritas de chocolate y eso iba a juego con mi sueño, casi desde bebé, de ser astronauta. Ya no tomo barritas, ahora viajo por el espacio.

He empezado mi charla a los 76 tripulantes mirando al planeta, mayor que Júpiter, que debemos observar y en el que intentaremos crear un hábitat que permita establecer las bases de la futura colonización. Les he recordado que estamos aquí porque la Tierra se muere, la hemos ido matando y a pesar de los esfuerzos científicos y técnicos, la superpoblación mundial ha acabado con casi todos los recursos. Les he recordado también, mirando primero al equipo de biólogos, geólogos y botánicos y luego con otra mirada entre amistosa y precavida a los soldados, que no podemos perjudicar ni la vida que encontremos ni los paisajes que veamos. He repasado, con Flor y con Lowe, la segunda oficial de Medicina, todas las precauciones necesarias que hay que tomar; hemos repasado los detalles técnicos una vez las sondas de la Benar (pues es demasiado grande para aterrizar) hayan tocado tierra. Hemos respondido a todas las preguntas hasta que, precisamente una soldado, ha preguntado por el RH, señalándolo con los ojos, el tipo sentado apartado de los demás, como si no quisiera formar equipo. Los RH suelen ser solitarios y viven más para las máquinas que para la humanidad. Entonces, el Segundo Oficial de Defensa, Monk, les ha soltado la razón por la cual este personaje viaja con nosotros: hace ya más de veinte años que no se recibe señal de Cerebro. El ordenador enviado desde la Tierra mucho antes de nuestra partida, se instaló en Trappist-1e después de su llegada (uno de los 14 de 50 que alcanzaron su destino, cada Cerebro enviado a un exoplaneta de alta habitabilidad), emitió datos durante los primeros meses que confirmaban que Trappist-1e es habitable y luego, sin más, dejó de emitir. La principal teoría de esto es que, de algún modo, haya dejado de funcionar como lo hacía, que haya padecido algún tipo de avería, puesto que se sigue teniendo constancia de que está activo; sin embargo, por precaución (y el 2º Oficial repite esto un par de veces más), el Cazarobots, o RH, está por si la segunda teoría es cierta. La segunda teoría dice que Cerebro podría haber desarrollado su IA hasta el punto de mezclarse con el hábitat y crear un sistema propio y, por lo tanto, ver nuestra llegada como una invasión no deseada.

Ha habido rumores e incluso quejas con cierto grado de indignación entre los tripulantes. Esta amenaza no estaba prevista. Lo estaba la de una fauna desconocida y territorial que actuara con agresividad, la de fenómenos naturales debidos a una gravedad y un ecosistema desconocido y muchas más, pero ésta no. El RH, que escogió el sobrenombre de Void (vacío), parece desinteresado y algo prepotente durante la discusión, como si no fuera con él. Me dijeron que era un genio sobre el terreno, pero con un problema de socialización importante. He de admitir que me preocupó entonces, y lo hace también ahora, que hayan enviado al mejor que tienen, es como si supieran con certeza ue nuestro Cerebro se ha descontrolado.

Finalmente, hemos repasado muy por encima los protocolos y he recordado que la salida de las sondas se efectuará mañana, que tienen tiempo suficiente para prepararse, y que el aterrizaje será a las cinco de la madrugada, hora local (esto es, en horario solar del nuevo planeta), en la zona bateada con el nombre de Meseta de la Furia. Es una de las zonas que escaneó Cerebro antes de desconectarse, suficientemente elevada para evitar riesgos a pie de tierra, con espacio para instalar una primera base y fácil de defender, además de una climatología en apariencia agradable. El topónimo no se acaba de entender, pues no parece que haya allí mucha cólera.

Cómo he dicho, mi apodo aquí es Mars. Soy el Capitán de la Benar y responsable máximo de la expedición. Hoy ha sido el día cero, según las instrucciones. Instrucciones que no tengo intención de cumplir al pie de la letra, porque, de hacerlo... mejor no pensar en ello, que Lily lo controla todo.