Vladimir Nabokov, la crueldad convertida en personaje

09.07.2018

Si estrené la Biblioteca con Auster por ser uno de los autores que más he leído, la continúo con Vladimir Nabokov, ya que también lo es (seguramente el que más) y, por añadidura, uno de mis referentes literarios más directos. En mi biografía, de hecho, digo que me gustaría parecerme a él, entre otros.

Vladimir Nabokov nació en el seno de una familia muy acomodada el 23 de abril (día del libro) de 1899 cerca de San Petersburgo. Tuvo una infancia lujosa, llena de institutrices inglesas y francesas que le enseñaron idiomas y le educaron. Luego, poco después de triunfar la Revolución Soviética, su familia se exilió a Berlín. Allí hizo de profesor y empezó a escribir con el seudónimo de V. Sirin, con el que empezó a cosechar sus primeros éxitos. Cuando el nazismo subió al poder en Alemania, al estar casado con una mujer judía, Nabokov se marchó con su familia a París, pero cuando los nazis llegaron allí, se fue de nuevo, esta vez a Estados Unidos, donde ya se quedó veinte años, hasta que a finales de los cincuenta se fue a Suiza y murió allí el 2 de julio de 1977.

La obra de Nabokov viene acompañada siempre por la fama de su novela más célebre: Lolita, escrita en 1955 y que tardó años en publicarse ya que en la América del Norte puritana se consideró una novela polémica. Sin embargo, la bibliografía de Vladimir Nabokov consta de bastantes novelas que, a mi modo de ver, que nunca es del todo acertado, se caracterizan por una crueldad constante o casi constante hacia sus protagonistas, una especie de maltrato psicológico.

Como buen hijo de vecino, la primera novela que leí de él fue precisamente Lolita, sin embargo, después seguí con este autor y he aquí mi opinión sobre las obras suyas que he leído, ordenadas no por cuando las leí, sino por su año de edición.

La más antigua de ellas es El ojo (1930). En ésta novela no demasiado extensa, ambientada en la Alemania anterior al nazismo, se narra parte de la vida de un personaje incoherente, confuso y en continua búsqueda de si mismo por los caminos más erráticos posibles. Un emigrante ruso en Berlín que va cambiando de bando y de parecer constantemente. El trato que Nabokov confiere a su protagonista Smurov no es del todo cruel, pero tampoco benevolente, le hace ir de un lado a otro, le hace caer en contradicciones consigo mismo, ser traidor con él y con los demás para después arrepentirse e intentar arreglarlo. La novela, perfectamente ambientada y con escenas que te hacen meterte dentro del libro de forma casi abismal, resulta cercana a lo brillante, siendo acaso demasiado corta y, en ocasiones -hecho que se repetirá en la literatura del escritor- algo demasiado fría.

La primera de las grandes novelas (por volumen y por densidad literaria) que leí de Nabokov fue La Dádiva (1937). Dicen algunos que ésta es una novela casi autobiográfica, pues el protagonista es (de nuevo) un ruso que ha emigrado a Berlín, en esta ocasión un escritor que busca la inmortalidad a través de su escritura, de su "don natural" con el que ha sido obsequiado y que llega a obsesionarse con aquello que escribe, que quiere compararse a los grandes y que se debate constantemente entre si tener talento es una maldición o una bendición. En algunos momentos, La Dádiva resulta algo cargante, una novela llena de referencias literarias y debates internos del autor, hasta puntos que agotan la paciencia o hacen venir el sueño. Literariamente es una obra muy bien conseguida, escrita de maravilla, de aquellas con frases, párrafos o páginas enteras que te hacen envidiar no ser capaz de escribir así y eso, al menos para mí, la sostiene y te hace terminarla. Pero es una de aquellas novelas que me ha costado acabar, que si no tienes tiempo largo para dedicarle, hacerlo a intervalos te hace perder la noción de lo que estabas leyendo y la convierte en una novela pesada. Sin embargo, con tiempo y espacio mental, acaba resultando un libro recomendable a todas luces.

La novela que para mí es el colmo de la crueldad con su personaje principal es Risa en la oscuridad (1938), mucho más corta que la anterior comentada. En esta, un hombre se queda ciego y en su casa, oye los pasos y susurros, siente las aromas y percibe las entradas y salidas no solamente de su mujer, sino de su amante. La crueldad estriba no de forma única en que la mujer aproveche la ceguera del protagonista para torturarle sino que, a mí me lo pareció, Nabokov disfruta de ello, se recrea en el suplicio del protagonista que va pasando de la lucidez a la locura, de no saber si es todo cierto o se lo está inventando. Al contrario que La Dádiva, en este caso el autor vuelve a una trama ligera (como en El ojo), más básica, con pocos personajes y un escenario casi fijo como es la casa y, sobre todo, el salón de la misma. A pesar de la crueldad, esta novela me gustó mucho.

Y llega la obra más conocida de todas, llevada al cine por Stanley Kubrick siete años después de su publicación, con un magistral Peter Sellers en el papel del maltratado Humbert Humbert. Lolita (1955), explica como Humbert Humbert, un hombre insulso y casi anodino, se va enamorando perdidamente, más por el deseo que por el amor en sí, de una niña de doce años llamada Lolita, que a sus ojos le provoca, le incita y se comporta como una adulta. Y digo "a sus ojos" porque las interpretaciones han sido varias. Humbert es un enfermo, un pedófilo que acaba convertido en pederasta cuando él y Lolita escapan de casa de su madre y se van en una fuga imposible, de motel en motel, en la que él busca el placer que compense lo que ha hecho (secuestrar a Lolita pese a su consentimiento), mientras se va enamorando de ella en una especie de obsesión y ella se va mostrando cada vez más fría, cada vez más niña, cada vez más dura con él. Nabokov, a mi modo de verlo, tortura a todos los personajes de la novela, tanto a Humbert como a Lolita, pues pasa de considerarse una provocadora a ser un niña violada para volver a caer en si ella lo desea o no; Humbert se debate constantemente entre la poca ética que tiene, el deseo carnal desenfrenado, el amor no correspondido y la huida. Maltrata también a la madre, que no controla a Lolita y es a quien la niña imita. Es una novela dura, que invita a la reflexión y que a veces cuesta de tragar por el tema del que trata, pero a su vez es brillante, precisamente por la constante doble moral de todos los personajes, de la sociedad americana de la época, de la cultura del esnobismo.

Saliendo de su estilo hasta ahora, de repente uno coge Pnin (1957) y se encuentra algo realmente extraño en la literatura del autor ruso. Un don nadie, un profesor de medio pelo que se siente alienígena en la civilización moderna, que ve como todo cambia y él no, que deja que se burlen de él alumnos, colegas y su exmujer y que sin embargo, avanza, sigue, casi imperturbable. Digo que es una novela extraña porque si en las otras la presencia del humor era casi en tono negro o malvado, aquí el humor es más sano y a pesar de que Pnin en el fondo es un pobre desgraciado, Nabokov lo trata mejor que no a los demás protagonistas, como si le cogiera cariño. Esta es una novela que pasa rápido, que no cuesta nada de leer, un entretenimiento quizá más para el propio autor que no para los lectores.

Pero para cosas raras en la bibliografía del niño ruso, está una considerada por mucha gente como su obra cumbre (y de hecho entre las 100 mejores novelas en lengua inglesa del s. XX): Pálido fuego (1962). Aparentemente, ésta novela no es una novela, pues son una serie de poemas (que suman novecientos noventa y nueve versos) escritos por un poeta inventado y comentados por un editor también inventado, del contenido de dichos poemas y de las notas del editor va saliendo la trama de la obra. Curiosa, un ejercicio literario que vale mucho la pena aunque creo que no me paso de listo si digo que no es para cualquier tipo de lector, Pálido Fuego supone un ejercicio para quien tiene el libro entre sus manos para ir combinando la lectura del poema con las notas e ir trazando la estructura de un texto que se presenta, aparentemente, sin estructura. Es un libro que merece (y seguramente necesita) ser leído dos veces (yo tuve que hacerlo y la segunda resultó más gratificante que la primera).

Ada o el ardor (1969) es la última novela, cronológicamente hablando, que he leído de Nabokov y recuerda, por estructura, complejidad y densidad, a La Dádiva. En ésta, se explica la historia de amor entre dos primos que se van encontrando y reencontrando a lo largo del tiempo, en la casa de verano familiar, en diferentes episodios sociales. Los dos personajes, unidos por más de lo que creen, sabiendo que su amor es reprobado socialmente por ser parientes, se esconden y se buscan en un intento de consumar el estereotipo de amor, una historia más allá del tiempo. Los dos protagonistas, jóvenes, inocentes, van cayendo en la red de la sociedad que les envuelve, en su propia perdición del concepto de amor clásico frente a su supuesto incesto y otra vez Nabokov parece pasárselo bien haciéndoselo pasar mal. Creo que Ada o el ardor es una muy buena novela, otra vez de aquellas que necesitan de tiempos largos para ser leída, de no perderse entre personajes y ciertas disertaciones sobre el amor, sobre la memoria, sobre el paso del tiempo y la vejez.

En general, la obra de Nabókov me resulta envidiable, su estilo y su forma de escribir resultan geniales en más ocasiones de las que permite la casualidad, su forma de crear y tratar a los personajes, a pesar de la crueldad, destila un método conciso y trabajado. Si peca de algo negativo, es de cierto grado de prepotencia en sus obras magnas, La Dádiva y Ada o el ardor, un intento de emular a Chejov quizá, de quién también hablaré en esta biblioteca, pero de estilo distinto y enfoque diferente. Atrevido, mordaz y perfeccionista, leer a Nabokov me parece obligatorio.