El ritmo con el que me tomo una cerveza

25.06.2020

El sol rebota contra la gran umbrela cuadrada que cubre algunas de les mesas del Bar del Mig, situado a la plaza del Ayuntamiento. Se llama Bar del Mig ya que de tres, es el del medio. Lo lleva una pareja cuyo hijo juega a hockey en línea con tus dos hijos. El hermano de ella acostumbra a estar por allí, uno de los sospechosos habituales. Eres el hermano del medio, de tres. Tres bares, tres hermanos. He pedido una caña, corre una brisa agradable que mueve las hojas de los plátanos. Niños y niñas en patinete o que juegan a la pelota hacen aumentar el volumen de los que hablan en las mesas, casi todas llenas. Algunas palomas intentan agenciarse con los restos de comida que han caído al suelo. Con el desconfinamiento la gente sale más, ha coincidido con el clima veraniego y una cerveza en compañía aptece más que nunca. Y aquí es donde piensas, de una forma bastante tonta, ¿de qué depende el ritmo con el que te tomas una cerveza?

Evidentemente, para descartarlo ya de inicio, está el factor de lo que harás luego. Una cosa es sentar-se sabiendo que dispones de poco tiempo pues has quedado en otro sitio, la otra es hacerlo sin prisa, ya sea porque no tienes que ir a ningún lugar, ya sea porque simplemente has llegado antes de tiempo y estás esperando a alguien que se sentará a tu vera y se tomará otra cerveza o lo que sea. En el primer caso, la cerveza te la tomas a tragos largos o cortos, pero con pocas pausas; te levantas, pagas y te vas. En el segundo caso, bebes primero un trago y observas el entorno, la espuma reduciéndose, las burbujas subiendo en un bonito juego de colores. Si no esperas a nadie, es poco probable que la primera cerveza vuele rápida y venga otra o, si viene, es de forma tranquila, sin muchas probabilidades que te suba a la cabeza, das tiempo a tu cuerpo para asimilarla. Posiblemente recuerdes aquel primer trago que te pareció terrible, amargo y desagradable y que te hizo pensar cómo podía ser que tu padre bebiera tanta cerveza, que tanta gente la tomara. Pero también te pareció espantoso el primer trago de café y ahora te es imprescindible por las mañanas y después de comer. Y también te pareció horrible la primera calada de un cigarrillo y mira, que imbécil aquí fumando, pero esto dejarás de hacerlo pronto, último paquete, esta vez sí, hay cosas (personas) que merece que dejes de fumar: tú mismo para empezar, tus hijos en segundo lugar, y los besos sin sabor a ceniza, a benzeno, a amoníaco. Hay vicios absurdos, fumar se lleva la plama: no te coloca, no te despierta, no te extasía. Como dijo aquel experto en drogas que conociste en aquel trabajo que tan bien hiciste dadas las circunstancias y tan poco te reconocieron, es la droga más idiota que existe.

Y quizá saboreas, porque la saboreas, la caña tirada por David o por Núria tras la barra, abres el libro y te pones a leer o bien te quedas pensando en una de las cosas que más te gusta pensar: qué habría pasado si... Claro, no puedes saberlo, pero es un juego que te entusiasma, que te permite jugar con la mentira dentro de la verdad, a ti que disfrutas como un tonto incrustando la fantasía en los pliegues que te ofrece la realidad. Es curioso, o quizá no sea éste el término, como algunos momentos te parecen claves, como algunas decisiones (básicamente siguiendo una especie de algoritmo binario de sí y de no, de unos y ceros) crees que son puntos de inflexión en tu vida. Otro trago de cerveza. Una cosa te llevará a la otra y tendrás una idea, algo para empezar a escribir, que apuntarás en tu libreta que se desmonta con el bolígrafo que también usas, por el otro lado, para toquetear el móvil o lo escribirás con tus dedos torpes en el teclado de este aparato que nos domina o lo gravarás en un audio hablando flojito para que los vecinos de las mesas cercanas no te oigan, como si no tuvieran nada más por hacer que escucharte a ti.

Si esperas a alguien la cerveza tiene más números de casi no haber sido probada, más que uno o dos sorbos, tres si ha tardado demasiado en llegar o tú llegaste demasiado temprano. Entonces entra en juego un nuevo reloj. La persona o personas que te acompañan, ¿tienen prisa? ¿O no la tienen pero son de las que beben rápido y les gusta pedirte a ti otra ronda cuando se disponen a pedirla para ellas? Y si han pedido una cerveza sin alcohol (cosa que de inicio descoloca más que pedir una cola o un agua con gas) y te dicen es que tengo que conducir, cosa que te dice que no tienen intención de quedarse mucho rato y piensas que no vas tú a emborracharte solo. Y si la compañía bebe como una lima (¿beben mucho las limas?) quiere decir que... Qué chorradas para pensar, hombre, disfruta de tu cerveza, de la compañía por poco rato que sea y antes o después o en ambos casos, disfruta de tu propia compañía que tanto te ha costado aprender a hacerlo, bandido, que ya sabías pero ahora lo disfrutas más que nunca, así que brinda y pide otra caña.