El viento y la llama

07.03.2021

-Puto viento -suelta C, que lleva unos cuantos intentos de encender su cigarrillo, sin éxito.

El aire azota a rachas que hacen parecer furiosos a los árboles y provoca que a M se le suba constantemente la capucha de la chaqueta. Ya hace rato que ha dejado de colocarse bien el pelo, que nunca había llevado tan largo. M no soporta que C fume y le resulta algo patético ver cómo intenta, una y otra vez, prender la llama del mechero, ahora protegiéndola con el cuerpo, ahora con la mano, ahora con todo. Durante un rato se cuestiona, dentro del silencio de sus palabras envuelto por el ruido de la naturaleza, qué están haciendo aquí de nuevo. Ya no queda nada de la magia que los unía antes. ¿Magia? No tanto, se dice, dejémoslo en hechicería oportunista. Debajo de ellos, el mar también parece furioso, sus olas se levantan a pocos metros de la orilla y rompen formando túneles de agua decorados con ribetes blancos justo antes de tocar el rompeolas para, allí, salpicarlo todo en una exhibición de ira y frustración, a la vez que de poder. El Mediterráneo jugando a ser océano.

-Deberíamos irnos -opina M, a quien todo le molesta ya. Lo ha dicho con un tono de hastío exagerado y voluntario.

-Acabamos de llegar, adoras este lugar -dice C, mientras sigue con sus tentativas de prender la llama, ahora desesperadas. "Ojalá pusiera tanto empeño en otras cosas", piensa M. Además, el viento hará que el cigarrillo se consuma con demasiada rapidez.

-Sí, pero no me apetece quedarme.

M se levanta de la roca cercana al acantilado en el que están sentados. Recoge la botella de agua y la bolsa con nueces y la guarda en su mochila. Percibe la paradoja de sentirse prisionera en un espacio con tanta libertad. Unas gaviotas luchan contra las ráfagas; o quizá no luchen, quizá retocen. Ya ha pasado por esto: la sensación de estar convencida de que el camino que recorre no lleva a ninguna parte y de que el paisaje ha dejado de ser interesante. Es frustrante ya que significa tres posibilidades y ninguna le resulta atractiva: seguir en el mismo camino, abandonar la senda y cruzar la maleza hasta un camino nuevo o volver atrás. Alguien dijo que en realidad nunca se vuelve, solo se va hacia adelante pero en sentido inverso.

-¿Se puede saber qué te pasa?

M podría contarle cómo se siente. Sin embargo la pereza de un diálogo largo y una discusión vence la necesidad de expresarse. Da media vuelta, suelta un "me voy" y cambia de sentido para seguir hacia adelante. Tras de sí, C continúa sentado intentando encender el cigarrillo.