El vuelo errático de la golondrina

24.06.2019

Lunes, 24 de junio de 2019

Esta mañana, mientras tomaba el café después de un copioso desayuno, miraba desde el balcón el vuelo de las golondrinas. Salían de todas partes y no sé decir a dónde iban porque, intentando seguir a una en concreto, pronto la perdía por detrás de alguna de las casas o mezclada con sus iguales y tenía que volver a empezar, seleccionando a otra. La golondrinas vuelan como si tuvieran mucha prisa, su aleteo es frenético y hacen giros rápidos y bruscos en el aire, a veces bajan de repente y otras se quedan volando en una altura homogénea, pero parecen despistadas. He imaginado que en realidad lo que hacen es salir a hacer ejercicio, como si llevaran un reloj de esos que cuenta los pasos, pero en aleteos, y tuvieran que cumplir un cupo. En realidad no tienen ni idea de dónde van, pero ellas salen de sus nidos bajo las cornisas y los balcones y vuelan, alocadas, estresadas, durante unos minutos. Lo más probable, no obstante, es que no tenga estrés alguno, solo lo tendrían de estar cerca algún depredador natural y creo que aquí no tienen ninguno. Aunque ayer vi a un halcón en mi caminata que durante un rato me sobrevoló como si me estuviera valorando y, como era de prever, desestimó mi contribución al mundo y siguió su camino. No tengo ni idea de si los halcones comen golondrinas. Las golondrinas no van estresadas, seguro, simplemente son así, pájaros rápidos e inquietos, pequeños y de alas cortas que necesitan mover mucho para poder desplazarse a buena velocidad. No saben hacerlo de otra manera, no saben planear con la calma del halcón y observar el paisaje. Ellas juegan, parecen ser siempre jóvenes.

No sé si me gustaría ser una golondrina. Evidentemente ser un pájaro debe de molar un huevo por lo de volar, pero comen gusanos e insectos. Cuando alguien piensa que le gustaría ser un pájaro no se imagina siendo una paloma, ni una gaviota, ni un buitre. Se imagina siendo un águila, un halcón, aves enormes y majestuosas; algunos imaginarán que son gorriones, gráciles y divertidos. Yo, esta mañana, he visto una analogía entre el vuelo errático de la golondrina y mi vida. En concreto, en la aparente necesidad de volar sin saber a dónde ir, de hacerlo rápido y acelerado, atolondrado, sin pararme a pensar de qué sirve ese vuelo. Posiblemente esto pueda extenderse a la humanidad como especie, ese montón de gente más preocupada en hacer algo que en el algo que tiene que hacer, en demostrar movimiento, en correr por correr, no vayamos a quedarnos quietos y, como dice la canción de Pau Riba, dejar que las golondrinas hagan un nido en nuestro pelo. (És l'home estàtic, la tristesa el té corprès, les orenetes faran nius als seus cabells/ Es el hombre estático, la tristeza lo tiene cautivo, las golondrinas harán nidos en sus cabellos).

Mi parecido con las golondrinas es solo imaginario, por supuesto, imaginario dentro de lo que yo imagino del vuelo errático. A pesar de tener diferentes proyectos, mi tendencia es improvisar, hacer algo ya, sin pensarlo demasiado, improvisar dentro de un margen y de repente acordarme de algo o tener un impulso diferente y provoca en mi vuelo un giro brusco hacia otra dirección, para, más adelante, acordarme de lo que estaba haciendo y retomar el vuelo inicial. Intento en ocasiones mirar la vida como un halcón, con calma, ser meticuloso y elegir bien el objetivo, no malgastar energía ni dejarme ver mucho. Pero no puedo sostenerme, planeo escasamente unos instantes y luego tengo que ponerme a mover frenéticamente las alas otra vez, que igual no tengo tiempo, que igual se me pasa el tren, que igual yo qué sé. En diferentes momentos me he parado y he intentado centrarme en un proyecto de vida concreto a diferentes niveles: profesional, personal, social; eso sobre todo se ha dado en momentos de crisis, entendida esta como proceso de cambio y no como algo negativo, que es lo que solemos entender sin ser cierto.

Pero las golondrinas se marchan cada invierno para volver en primavera, pasar aquí el periodo de emparejamiento y luego de una luna de miel, volver a irse en invierno. Yo me quedo.