Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago

29.10.2018

Descubrir la lectura de José Saramago es como descubrir una droga, una vez empiezas a leer un libro suyo no quieres parar y ésta, además, no te perjudica. Yo tuve la suerte de que alguien me regalara Todos los nombres (1997) y tiempo después me compré en el Vapor Vell, la librería de mi pueblo, Ensayo sobre la ceguera, sin saber que compraba uno de los libros que más me ha gustado de toda mi vida. Como estoy con una novela sobre la distopia y el fin del mundo, le pregunté a Xavi (el dueño de la librería) sobre un libro de esta temática y me preguntó si había leído el ensayo de Saramago. No. Y lo que me había perdido.

  • Autor: José Saramago (Azinhaga, Portugal, 1974 - Tías, España, 2010)
  • Esta edición: DeBolsillo Contemporánea, 2017
  • Volumen: 375 páginas
  • Género: Novela / Drama
  • Título original: Ensaio sobre a cegueira (1995)
  • Idioma original: portugués
  • Traducción al castellano: Basilio Losada

El autor portugués, Premio Nobel de Literatura, empieza su relato como en todas sus novelas: con personajes sin nombre, personajes que tienen algún rasgo característico o simplemente distinto a los demás protagonistas que hace que se les identifique por eso: la mujer de las gafas de sol, el médico, el niño estrábico, la mujer del médico y muchos más. Además, usa también su estilo clásico de diálogo indirecto libre, mezclando lo que dicen los protagonistas con lo que sucede, de forma que puede parecer algo caótica pero que sigue un orden perfecto, construyendo una forma de escribir que es casi única.

El argumento de Ensayo sobre la ceguera es simple y terrible: una pandemia va volviendo ciega a toda la población de un territorio concreto que, para variar, Saramago no concreta. La llamada "ceguera blanca" empieza con un hombre en un semáforo, continúa con el médico que lo trata, con algunos de sus pacientes, con los contactos de estos pacientes y se va extendiendo sin solución aparente. Para remediarlo, la sociedad decide encerrar a los ciegos en una vieja instalación en la que se les distribuye por habitaciones y en dos grandes alas: los que ya están ciegos y los que han estado expuestos a alguien ciego. Ahí todo se vuelve terrible: un montón de personas desconocidas que no pueden ver, obligadas a convivir en condiciones precarias, marginadas por miedo. La única persona distinta dentro de este espacio es la mujer del médico, que sí ve, pero no se lo dice a nadie, ella comandará al grupo con el que convive para sobrevivir, frente a otros ciegos que intentan robarles, que intentan aprovecharse de la situación.

José Saramago consigue crear un ambiente totalmente claustrofóbico, asfixiante incluso, con escenas de una crueldad tremenda, con personajes de los que no sabemos nada pero lo sabemos todo (no nos habla de su pasado, de sus familias, solo los expone a situaciones límite y a partir de ahí, de lo que hacen y cuentan, de cómo actúan, les vamos conociendo y les hacemos nuestros. A su tiempo, con la mujer del médico, que puede ver, Saramago va dejando un aliento de esperanza constante, al que sin embargo relega a la necesidad de que su capacidad de visión sea un secreto, limitando sus posibilidades, sus acciones y su poder.

A medida que la novela avanza, que la naturaleza humana se vuelve a cada paso más primitiva, como lector no puedes dejar de plantearte lo absolutamente dependientes que somos del sentido de la visión en un mundo que está hecho para los que ven, una sociedad construida a partir del hecho de que tenemos ojos. Si todo el mundo, poco a poco, pero inexorablemente, se fuera quedando ciego: ¿sobreviviríamos como especie? ¿Llegaríamos a la barbarie o acabaría con nosotros primero la desesperación? El lector va pasando páginas en una mezcla entre la agonía constante y la impotencia, casi exigiendo a la mujer del médico que haga algo más de lo que hace y sintiendo a la vez que no puede o no debe hacer nada más. El instinto de supervivencia aparece como lo más básico de la humanidad, convertida en un animal más, inferior de repente a todo: a la naturaleza, a la enfermedad, a la misma sociedad que han creado y alimentado, a sus instintos. Inferior a su propia voluntad. El mundo que nos describe el escritor luso, su reacción (la del mundo) frente a la "ceguera blanca", es la de una humanidad deshumanizada, cruel, de reacción fascista (apartar a los enfermos, convertirlos en parias, vulnerar todos los derechos de una minoría en pro de la supuesta protección de la mayoría) e impotente, pues no hay remedio ni cura para la enfermedad que va ganando terreno.

Creo que este Ensayo sobre la ceguera es una novela que roza lo sublime, a la que no he encontrado casi nada malo que achacarle o criticar, una lección de cómo crear una atmosfera envolvente con un estilo personal y cultivado, a la vez que cercano. Como con una droga, cada vez quieres más, pero ésta no te perjudica. Una maravilla.