Esa pieza que tienen que traer de un país inventado

08.12.2019

Te has mirado al espejo, o no ha hecho falta, ya te tienes muy visto, y te has quedado como cuando se te estropea el coche, abres el capó, bajas y te quedas mirando el motor como si pudieras arreglarlo, tú, que no tienes ni puta idea de cómo demonios funciona. Hay una complejidad de piezas increíble, la ingeniería, al igual que la naturaleza, obra maravillas. Pero tú eres un ignorante y apenas distingues dónde va el aceite de dónde el agua, qué son las bujías y qué el ventilador. Sabes que está todo ahí, en alguna parte, y que conecta con lo demás por cables y tubos formando un engranaje completo.

Una de las piezas falla, o quizá muchas. Irías al mecánico pero te dirá aquello de que necesita una pieza que te tiene que traer de Alemania o de vete a saber dónde, puede que se invente un país. Y tú dirías, ah, vale. Es posible que mientras miras el motor, toques alguna pieza, como si por el simple hecho de poner tu mano se fuera a producir algún cambio. Incluso dirás para tus adentros algo parecido a "eso suena a la tapa del delco" o suena a que es la dinamo. ¿Qué es el delco? ¿Qué es la dinamo? Suenan a juegos de mesa: ¿hacemos una partida a la Dinamo?

Y es que te miras al espejo, o no hace falta puesto que ya te tienes muy visto, y ves que te falta alguna pieza o que hay alguna, mínimo una. Quizá la que falla es esa pieza que si gira hacia un lado crees que puedes con todo pero si gira hacia el contrario te entran unas ganas terribles de tirarte al abismo. Todo son etapas, y las etapas se queman como se queman los neumáticos del coche cuyo funcionamiento no entiendes, tú solo giras un poco la llave para que el motor se encienda, es lo máximo que necesitas saber. No, quieres saber más. Puedes quedarte sin coche mientras esperas a que te traigan el repuesto del país inventado o puedes intentar arreglarla tú, con el riesgo de quedarte con ella en la mano y no saber volver a ponerla, que tienes todos los números.

Repasando un poco, mirando las múltiples partes de ese todo, sabiendo que ese todo es mayor que la suma de sus partes, y piensas que quizá no falle la pieza que puede girar para ambos lados, sino que falle la forma en la que conduces. Quizás es culpa tuya. Existe la posibilidad que cambies mal de marchas o que pases del acelerón al frenazo con demasiada brusquedad y entonces el coche se cala. ¿Y si te da miedo pasar de cuarta a quinta o si reduces de quinta a segunda y estás jodiendo el motor? Hace un domingo perfecto para andar bien jodido, piensas. Cae un sol magnífico sobre ti, de pie en una carretera que no sabes a dónde te lleva pero si de dónde viene, viene del lugar al que no vas a volver, da igual cómo se llame.

También podrías seguir a pie, el problema es que el motor va contigo. Porque no eres un coche, aunque necesitas gasolina y agua y reparaciones (cada vez más) y que te limpien por dentro y por fuera de vez en cuando. Igual la pieza o las piezas se han estropeado por exceso de polvo, que ya sabes que el polvo se mete por todas partes y si no lo vas quitando lo jode todo, por muy bonitas que queden algunas cosas con una capa de polvo que les dé apariencia de viejas y usadas, estilo vintage. Gasolina no te falta y agua tampoco.

Por la carretera te cruzarás con otra gente que ha decidido también dejar su coche en la cuneta o que ya empezó su viaje a pie o que está de regreso o lo que sea, con la mayoría no te mirarás a la cara o simplemente te mirarás, no coincidirán los ojos y cada uno por dónde ha venido. Otras andarán a tu lado sin ir contigo, otras irán contigo pero no a tu lado. Encontrarás a alguien cuyo camino se cruza fugazmente con el tuyo, puede que haya sonrisas, palabras, besos y algo más, que compartáis esterilla bajo las nubes o las estrellas y que al final solo quede su aroma en el saco de dormir y a ti un recuerdo, que será triste si la pieza que crees que es la que falla está girando hacia un lado o será alegre si gira hacia el otro. Pero ese alguien se irá o te irás tú primero y tendrás arena en los zapatos y agujeros en los calcetines y te dolerán las rodillas o la espalda o las dos cosas y por momentos recordarás el coche y lo echarás de menos y en otros maldecirás tu tendencia a hacer metáforas y sabrás que echarle la culpa a los demás es la excusa para no tener que mirar dentro y buscar la pieza que falta o que falla y repararla, que uno se puede acabar ensuciando mucho las manos y luego va dejando suciedad por todas partes y a ver al final quién limpia este estropicio.


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