Escríbeme una columna (por @incomp_let)

03.06.2019

3 de junio de 2019

Me ha dicho Martí que escriba una columna. Con grafitti se lo haría si tuviera talento para el spray. Iba a empezar diciendo algo como "Me ha dicho un amigo que escriba una columna", pero luego he pensado "¿se puede decir que somos amigos?". No es por ti, Martí, lo juro, son los casi cuarenta años que llevo viviendo. Es la falta de confianza en los desconocidos. Son las heridas que se abren por las noches, las costras que hacen la piel del corazón dura.

De pequeño era un niño muy confiado, de los que piensan que comer cereales de los del anuncio te convierten en el mejor portero del mundo. Mis amigos se reían. De los que les da pena el pobre Quijote. Mis amigos se reían. Toda mi vida he intentado que mi día a día no fuera una guerra, pero cada día hay un imbécil a la vuelta de la esquina que piensa que eres un mueble, una herramienta, un desechable. Todos los días alguien te dice lo que tienes que hacer como si supiera perfectamente lo que hay que hacer, cuando realmente se ve de lejos que es lo que él quiere que hagas. Todos los días hay alguien que se cree por encima en una tabla que solo existe en su cabeza.

Me ha dicho "puedes abrir el periódico y dar tu opinión sobre alguna noticia", y yo pensaba "no, Martí, últimamente no puedo abrir el periódico porque me da nauseas". El simple hecho de abrir el periódico y ver la información manipulada y retorcida por aquellos que ostentan el poder y la fortuna, los que piensan que sus intereses personales están por encima de las necesidades básicas de la gente me da muchísimo asco. Hace poco tuve un problema de salud y me operaron, pensaba que me moría. Perdí como veinte kilos y al volver a la oficina algunas mujeres me miraban como no me habían mirado en los diez años que llevo trabajando allí. Salir del hospital físicamente mermado resulta ser un cuerpo canon. Y hasta ahí el concepto de salud física. Pero volviendo sobre la salud mental, justo antes de operarme estaba muy al tanto, muy interesado en la política. Por fin existía un motivo para que la gente en la calle no solo hablase de fútbol y películas malas. El tema es que durante mi convalecencia, que incluyó como seis meses de déficit calórico y vomitonas, me di cuenta de que nada en el mundo importa cuando tienes hambre. Cuando uno tiene hambre de verdad todo lo que no sea comer pierde toda importancia. Los métodos de producción alimentaria actuales, toda eso que habéis medio leído en internet sobre las semillas y los pobres pollos en los criaderos, pasaron el corte de control bajo la excusa de que iban a paliar el hambre en el mundo. Pero no, simplemente han valido para enriquecer a unos pocos comerciantes de la desesperación. Con esta frase podemos hablar de nuevo del primer párrafo donde el tema principal era la confianza.

Casi cuarenta ya. La parte buena es que llevo en crisis desde antes de los treinta así que ya me he acostumbrado. No tengo dinero para comprar un deportivo. El único tópico que me gusta es el de echarme una amante veinteañera, aunque ahora el feminismo mainstream ha decidido que es inmoral. Como si no hubiera suficientes cortes para enamorarte de una persona ya de por sí, ahora tengo que contemplar el de la edad, cuando llevo toda la vida follando con gente mayor que yo. Me he acostado con gente que hoy en día tiene nietos. El patio está lleno de hormigas y Martí me dice "escríbeme una columna". Martí, por favor, que hoy en día la gente se te ofende por dar los buenosdías. Conocí a Martí de Twitter, en mi anterior cuenta. Me pareció buen chaval aunque en realidad nunca me fié de él, no por él, sino por los casi cuarenta años que llevo vivo, y por los pocos que llevo en Twitter naufragando entre esa banda de desalmados a los que llaman los intensitos y que se supone que son corazones sensibles, que escriben poesía y esas cosas. Si lo piensas es un milagro que le des la oportunidad a alguien de escribir lo que quiera sin tener que dar cuentas y te escriba una poesía o un relato. Me pregunto quién sería el primer maricón en pensar en escribir un haiku en Twitter. El caso es que Martí me invitó a escribir un relato en su blog y mira Martí, yo soy Leo de horóscopo y si hay algo que me gusta es que me hagan casito. Así estamos. Es un poco como en Twitter, yo me leo lo tuyo así te lees lo mío. Honestamente me importa poco lo que los demás escriban, yo solo quiero que me quieran. Así que hoy Martí me ha dicho "escríbeme una columna", y yo he dicho "claro que sí, máquina, tigre, semental... pero si me haces un precio cuando revises mi novela".

Toma, Martí, te he escrito una columna. La primera de muchas.