Espacio en blanco

22.10.2019

He pasado por un espacio en blanco, como el que hay entre dos palabras. Me falta identificar si he estado entre un nombre y un adjetivo, entre un artículo y un adverbio, entre un verbo y un predicado. Sin embargo lo que me ha hecho no espaciarme en él, ha sido pensar en la posibilidad de caer en el espacio muerto después de tres puntos suspensivos. Si se alarga, quizá sea el espacio en blanco entre dos párrafos o del final de un capítulo, media página.

Que no se confunda con el pánico a la página en blanco, eso es otra cosa. Tengo la suerte o el atino de no haber sentido nunca ese miedo. Claro está que en ocasiones no he sabido qué escribir, pero más a menudo es por dispersión que por falta de decisión en la ejecución de los dedos sobre el teclado, recibiendo unas órdenes súper rápidas que, ocasionalmente, me hacen escribir más rápido de lo que pienso y luego tengo que borrar.

No, lo que yo he sufrido ha sido un espacio en blanco y tengo la sensación de estar en él todavía, albergando la esperanza de ser simplemente el vacío necesario después de un punto, de una coma o de un punto y coma, ese signo de puntuación que casi nadie sabe cómo utilizar y lo usa entonces cuando no sabe si poner una coma o un punto. Mi espacio en blanco ha venido acompañado de distintos sentimientos: cierta apatía, cierta sensación de desesperanza, una pizca de conformismo y, sobretodo, la sensación patente y latente que ya viene acompañándome desde hace días de estar esperando algo, algo grande (en proporción a lo que puedo abastecer de grandeza, que es igual que el estómago, cuanto más comes mayor se hace y más hambre pasas luego). Y cual mosca cojonera ha ido flotando por allí eso de que si no hago nada, me quedaré a vivir en dicho espacio, iré palideciendo hasta volverme albino, me convertiré en el espacio en blanco, no como el agua que se convierte en la tetera (be water, my friend), sino como el camaleón o, peor (sin despreciar al pobre bicho), como el insecto hoja.

No, ha sido un espacio de incapacidad o desgana total en muchos aspectos, de mirarme las opciones y de que ninguna me pareciera correcta o adecuada o acertada o atractiva, de optar por alimentar el gusanillo interior del ya lo haré mañana, del por un día no pasa nada, del es solamente un bache. Pero no me identifico o no identifico lo sucedido con un bache, para llegar a un bache tienes que estar en movimiento, en cambio, en un espacio en blanco hay una detención, una parada, un alto en el camino. Así que sí, creo que el mío es el que hay entre un punto y la mayúscula que debería seguirle.

Todas las personas tenemos derecho a un espacio en blanco, sobre todo después de una serie de cambios importantes que han conllevado un esfuerzo aún más importante (matizo aquí que creo que si los cambios son importantes sin esfuerzo, no hay que verlos como propios, son cambios del exterior y no tienen mérito, pero es otro tema). Si entendemos una crisis como su segunda acepción en el diccionario, lo que es quizá sea eso:

Crisis/ 2. f. Cambio importante en el desarrollo de un proceso que da lugar a una inestabilidad.

Podría verlo también como un punto de inflexión, sin embargo, en ellos no hay espacios en blanco, son parte de un continuo en el que simplemente se invierte o se desvía la tendencia actual. El espacio en blanco es peor, es como encontrarse entre la niebla y verse tan desorientado que es imposible acertar el destino ni el regreso, es estar en el pasillo entre dos puertas cuando no sabes cómo abrir la que viene ahora y has oído ya el sonido del cerrojo de aquella que acabas de cruzar. No se trata de miedo, no es desidia tampoco (aunque asoma su cabeza para no ser el amigo al que nunca invito y no puedo evitar siempre) y no me equivoco, creo, si digo que tampoco es desorientación. En un espacio en blanco como éste, sabes a dónde quieres ir, pero te has detenido un momento a pensar en el cómo o el cuándo o el quién y el tiempo se ha detenido, ha soplado un aire entre fresco y frío y has dudado entre si volver a entrar para estar caliente o arriesgarse a que al otro lado todo sea desierto, uno de hielo o uno de arena.