Faristha, de Marc Pastor

02.11.2018

A veces descubres que una novela de la que hablan maravillas es un bluf y no entiendes a qué viene tanto entusiasmo y, otras veces, descubres que aquella que solo nombra alguien sin entusiasmo está lejos de ser un bluf y quieres hablar de ellas maravillas. Esto es lo que me ha pasado a mí con Faristha, de Marc Pastor.

No recuerdo exactamente dónde leí algo sobre Marc Pastor, o quizá fue en la radio que lo oí. Sí, creo que fue en la radio donde algún invitado hablaba de novelas sobre una temática concreta, temática a la que yo soy muy aficionado, y no dejaban mal la que por entonces era la última novela del autor de Barcelona. Poco después la pedí en la librería del pueblo o quizá la pedí por Sant Jordi i me la trajo el dragón, o la princesa o el caballero, no me acuerdo. Sí recuerdo que la leí aquel verano de 2017 y que lo hice rápido y muy absorbido por la historia y por la forma en que estaba escrita. Faristha es una novela con una trama que ya de buen inicio es rara: una chica de 18 años con un origen rocambolesco recibe una oferta de trabajo difícil de rechazar, según la cual debe pasar unos años en un paraíso de islas pequeñas y perdidas en las cuales, en cada una de las islas, vive una familia bien estante y su función es velar porque tengan lo necesario (a grandes rasgos). El trabajo parece genial y está muy bien pagado y Faristha puede huir de un presente que no la convence; así que Faristha se va para allá y pronto descubrirá que en este lugar de mar turquesa, en el que conocerá a grupos familiares peculiares, todos constituidos por una pareja con una criatura que viven en una especie de burbuja total respeto al mundo que les envuelve. Allí también conoce a Manse, un chico bien plantado que conduce la lancha que va de isla en isla, arreglando cosas y ayudando cuando llega el enorme barco con los suministros. A parte de ellos dos, hay una profesora que enseña a los niños de las famílias y un director, todos contratados por un consorcio ruso gigantesco llamado Iefremov-Strugatski. La acción se sitúa en 1993. Faristha ha conseguido el trabajo gracias a un tío suyo.

Faristha i Manse viven una apasionada historia de amor mientras ella, que no puede aguantarse de cotillear un poco, va descubriendo que la perfección de estas familias, que la belleza del lugar y la aparente calma de todo, no es lo que parece, a la vez que se irá enfrentando con sus orígenes que nunca han estado claros. Si explico más cosas de la trama, romperé una de las magias del libro que es, como explicaré más abajo, la no linealidad de la trama y el efecto sorpresa.

La fuerza de esta novela reside en tres puntos clave:

  1. El personaje de Faristha está magníficamente construido, es un placer adentrarse en ella e irla conociendo y a pesar de que choca un poco su juventud resulta una creación tan bien llevada a cabo que pronto esto deja de ser importante. Sus respuestas, sus acciones y toda su evolución casan casi a la perfección con el desarrollo de la trama. El personaje seduce desde el principio y lleva todo el peso de la novela, y el lector quiere acompañarla.
  2. La mezcla entre las tramas principales, siendo la primera aquella referente a todo lo que sucede en la isla y a sus personajes: Faristha viendo de qué va la cosa, Manse pareciendo siempre perfecto, la profesora arisca, el director como menos peculiar, las familias con las que Faristha se va implicando, los verdaderos propósitos del gigante ruso; la segunda trama es ir descubriendo poco a poco los orígenes de Faristha y qué tiene de especial, por qué la contrataron a ella, casi con cuentagotas, pero en una armonía sorprendente con el resto; y la tercera trama va relacionada con todo lo que Faristha descubrirá, lo que va apareciendo escrito dónde antes no había nada, en los hechos que llevan a la chica a una revelación difícil de creer (y otra virtud del libro es que cuando lo descubre ella no se lo cree, le cuesta aceptarlo, como nos pasaría a todos). Esta tercera trama camina paralela a la primera, pero suponen dos caminos distintos.
  3. La no linealidad de la trama. No nos engañemos, si de algo pecan la mayoría de novelas es de seguir una trama lineal: empiezo aquí y termino allí en línea recta. En Faristha esto no sucede. A medida que avanza la historia, Marc Pastor consigue ir desviando esta trama de una forma sutil i a la vez sorprendente. Sutil porque todo está muy bien atado y cada giro de guión, cuando lo has hecho, te hace decir: ahora lo entiendo, era esto. Y sorprendente ya que, a pesar de todo te va llevando hasta un punto concreto, cuando llegas te coge desprevenido.

Además, Faristha mezcla la capacidad de una obra en la que el movimiento no se detiene casi nunca, en que la tensión crece de forma exponencial, con un estilo narrativo que no abusa ni de diálogos ni de acción, sino que se permite el lujo de detenerse en reflexiones y emociones de Faristha, más pausadamente e intercalar cartas, análisis de sangre y documentos que nos van descubriendo la verdad sobre la chica.

Si algo negativo hay que decir de la novela (siempre lo hay, incluso en las obras maestras), es que hay aspectos de las reacciones de las familias acercándonos al desenlace que resbalan un poco, que Faristha es quizá demasiado joven por las respuestas que muestra (ya he dicho algo de esto antes), que la historia de amor entre Faristha y Manse es en exceso edulcorada y, por último, que la complejidad de la trama hace necesarias cien páginas más, pues me habría encantado seguir leyendo, es de aquellas novelas que al acabar piensas: ¿ya? ¡Nooo!

A partir de aquí, decir que se abren las puertas para descubrir a este autor, del que ya he leído un par más y de las que hablaré quizá en otra ocasión, pero que de momento esta me parece la mejor de todas y vale mucho la pena adentrarse en ella.