Filosofía de los días adyacentes

15.11.2019

El pasado un día fue presente y antes había sido futuro. Nos encanta decir que vivimos el presente, el día a día, el hoy, que no hay mañana, cuando lo que no hay es ayer a pesar de que historiadores y arqueólogos aseguran que, precisamente lo que hay seguro es el ayer y, por lo tanto, volvemos a él constantemente. En recuerdos, en la nostalgia, en la veneración del pasado que fue mejor. En su libro El pasado es un país extraño (The past is a foreign country, Cambridge University Press, 1985) David Lowenthal postula que en realidad volvemos al pasado porque representa nuestra niñez, nuestra juventud, cuando vivíamos las cosas de otra manera, con más intensidad e ingenuidad, todo era nuevo y, por lo tanto, atractivo. No es que el pasado fuera mejor, sino que nosotros lo recordamos mejor porque consideramos que antes éramos mejores. Ahora, eso ya lo digo yo aunque lo han dicho miles antes, pensamos que hay más violencia en las calles, más delitos, más machismo o más drogas, simplemente porque ahora tenemos más información que antes, esto es, antes éramos más ignorantes y ya conocéis el dicho que reza que la ignorancia da la felicidad. Ojos que no ven, corazón que no siente.

Esta reflexión, que viene poco a cuento pero viene, se debe a que eso a lo que llamamos presente está influenciado por el pasado y por la proyección de futuro, quizá el presente es lo único que realmente existe, sin embargo no es un ente individual e independiente. Un día tu presente es de una forma y de repente ocurre algo que te hace cambiarlo del todo y cambia, básicamente, porque una probabilidad abre infinitas (o finitas) prospecciones de este futuro. Por ejemplo: crees que eres bueno en tu trabajo hasta que por algo que ocurre, te das cuenta de que puedes ser mejor en otra cosa; crees estar bien con alguien hasta que una casualidad o una causalidad te hacen pensar que estarías mejor con otro alguien o sin ese alguien; te gusta un tipo de arte hasta que descubres otro, crees que la montaña es lo mejor hasta que ves el mar por primera vez o al revés. El presente es como un pez que salta para ver el sol y se zambulle para coger aire cada vez. Desde la barca es bonito y parece que esté jugando, pero es desesperante para el pobre pez.

El presente es una línea que viene de lejos, cada vez de más lejos, y que apunta hacia algún lugar, sorteando obstáculos y cambiando de dirección sin poder cambiar nunca de sentido. Tiene las mismas pretensiones que todos los presentes anteriores, que ahora son pasados, y hay colas de futuros esperando ser el presente, con las mismas pretensiones de grandeza o de humildad. Pero lo que hace que al final tenga sentido el dibujo trazado con esta línea (nadie ha dicho que sea una línea recta) es el futuro o la prospección del mismo, es aquello que surge de la nada o que veías venir pero pensabas que seguía lejos como el caballero atacando el castillo en Monty Python and The Holy Grail (Terry Gilliam y Terry Jones, 1975), que parece que no llega nunca pero llega de repente. Hay una gran paradoja en la ficción sobre viajes al pasado que dice que si viajas para cambiar el pasado, todo tu presente cambiaría, de manera que no harías el viaje al pasado y, por lo tanto, en realidad no llegarías a cambiarlo. El presente podría haber tenido mil posibilidades pero solamente tiene una, si cambiar el pasado creara realidades paralelas como sucede en Back to the future II (Robert Zemeckis, 1989), tu no lo sabrías nunca, ya que únicamente vives en una realidad, la construida a partir de ese pasado.

De la misma forma que en la teoría de las trayectorias posibles (Richard Feynman) a la que se decide una trayectoria, es decir un camino, todos los demás se borran y dejan de existir, igual que las realidades alternativas, en la vida sucede lo mismo. A la que aparece un nuevo futuro, que por razones sentimentales, económicas, imaginarias o lo que sea, se ve con más claridad que el que teníamos ahora, este que teníamos ahora se empieza a difuminar, deja de ser un futuro o lo es de una forma pasada, que quizá regrese, pero que ha dejado de ser una línea bien definida y, por lo tanto, se pierde antes de llegar al horizonte y deja de tener sentido. Siguiendo con los ejemplos anteriores, en el momento en que una nueva posibilidad laboral aparece y es mucho más atractiva que la anterior (o a ti te lo parece, por lo tanto ya lo es), aunque sospeses la decisión un tiempo, tu línea de futuro ya ha cambiado; pasa lo mismo con las personas o la persona con la que estés si ocurre algo que te hace replanteártelo o cuando descubres un tipo de cine que hace que lo que veías antes, ya no te atraiga en absoluto. No sé si me explico.

(Puedes viajar desde aquí al pasado de la Filosofía de los días extraños)