Fleabag

16.09.2020

Había oído hablar muy bien de esta corta serie británica, pero hasta que Amazon Prime Video no adquirió sus derechos, no pude verla. Y vale mucho el tiempo invertido. Se trata de un serie fresca, lúcida, muy entretenida y con un guión (tramas y diálogos) de alto nivel.

Fleabag, que significa literalmente bolsa de pulgas, y figuradamente es un adjetivo inglés que define a personas "cutres y desagradables", nos cuenta en dos temporadas, y solamente habrá dos, el día a día de una chica londinense de 33 años, solitaria y llena de despropósitos, ácida y mordaz, sexualmente llameante, pero incapaz de la contención social necesaria para tener amistades, para gustar más allá del polvo esporádico, del convencionalismo familiar. La serie está protagonizada y escrita por Phoebe Waller-Bridge, que hasta 2016 fue actriz secundaria en varias películas y series británicas y alguna americana, que desarrolla aquí todo su talento creativo e interpretativo. Anteriormente, ya había creado, escrito y protagonizado Crashing, que ahora buscaré y veré, aunque dicen por ahí que no es tan brillante como ésta.

A través de la relación con su hermana mayor, Clare (a cargo de Sian Clifford),  con diálogos brillantes, su padre (Bill Paterson), su madrastra (magnífica Olivia Coleman) y del recuerdo constante y traumático de su mejor amiga, Boo (Jenny Rainsford), así como la lucha visceral con su cuñado Martin (Brett Gelman) y con los diferentes hombres que se mezclan en su vida (el de los dientes, el de los préstamos, el abogado, su exnovio...) mientras intenta tirar para adelante una cafetería llena de fotos de cobayas, Waller-Bridge hace un alarde de escenas hilarantes, de momentos de tensión emocional sobresalientes, de puntos dramáticos excelentes.

La primera temporada es muy buena y la segunda, en la que ya conoces el fondo de la trama y a los personajes, es casi mejor. La aparición del Padre (Andrew Scott) añade ese punto en la vida de Fleabag que faltaba. Con seis episodios de apenas media hora cada uno, Fleabag consigue personajes con profundidad y, sobretodo, consigue que estés en el sillón sin saber qué esperar: ¿una escena cómica tronchante? ¿Una salida de tono de la protagonista desconcertante? ¿La revelación estresante? ¿Un momento de dramática realidad? Es impredecible dentro de una coherencia envidiable.

Cuando al final de la segunda temporada ves claramente que no va a haber más, piensas que no, que quieres ese más, pero sabes a la vez que si hubiera tercera temporada sería rizar el rizo de forma innecesaria y que, como dijo un entrenador de futbol: "no hace falta decir nada más". Escenas como la del susto que ella le da a Harry (Hugh Skinner) en la ducha, la fiesta de aniversario de la hermana, la cena del primer episodio de la segunda tanda, la presentación del abogado y algunas más, suponen momentos emblemáticos, cumbres en una sierra ya de por sí muy alta.