Futuro Imaginario Unidireccional

07.11.2019

Es curioso como hoy me siento alejado de gente que tiempo atrás me fue tan cercana y, del mismo modo pero con menos intensidad, es curioso también como hoy me siento cercano a gente que tiempo atrás me fue tan lejana. En el primer caso, personas con las que compartiste muchas cosas, quizá un amor, quizá una amistad, o compañeros y compañeras de trabajo durante años, vecinos, dependientes o dependientas en comercios, esa persona con la que coincidías casi cada día en el metro o el tren, en un parque, en un libro.

Es curioso también, o si este adjetivo se está repitiendo demasiado, puedo decir que es asimismo llamativo, que personas que pasaron por tu vida de una forma totalmente efímera, un instante, un destello, hayan dejado impronta y otras que estuvieron próximas durante periodos largos de tiempo, no hayan dejado prácticamente nada. Cuando era adolescente, coincidí con una chica en el metro, una chica rubia que en aquel momento para mí tenía cierto parecido a una actriz. A aquella chica, fantasioso que era, enamoradizo y soñador, le puse un nombre y durante muchos viajes en el gusano mecánico subterráneo esperé volver a coincidir, convencido de que sería capaz de decirle algo, de presentarme y que de allí, saldría una historia de amor antológica. No volví a verla pero, por razones que me son desconocidas, sigo teniendo muy fresca su imagen. Incluso tuvimos entonces un futuro imaginario unidireccional, ella y yo. Una expresión divertida y rara ésta: futuro imaginario unidireccional. La proyección que haces tú solito, que no es compartido por la otra persona, de lo que podría pasar si pasara.

Siguiendo con lo de antes, algunos amigos y amigas que tuve y con los que compartí fiesta, confidencias, momentos de alegría y tristeza, viajes, silencios e incluso muertes, al recordarlos ahora, aunque lo hago con cariño, me suenan a pasajes lejanos de un poema anónimo. De la misma manera, aquella chica con la que pensé que me iría a vivir, hace años y años que no sé nada de ella, ni ella de mí, supongo. Algunas personas que antes miraba de lejos y de las que me olvidaba a los cinco segundos, ahora son amistades. Gente que antes no existía ahora es de lo más importante, gente de lo más importante antes, ahora apenas existe.

Creo que ella, ya sabrá de quién hablo si me lee, tenía razón: todas las personas que entran en nuestras vidas lo hacen por algún motivo, la mayoría aparecen en el momento oportuno, otras personas demasiado pronto o demasiado tarde o quizá en un tiempo sin concretar, abstracto o etéreo. Las personas entran, cumplen su cometido para con nosotros y desaparecen. Las que duran en el tiempo (los matrimonios o amistades de, por ejemplo 50 años) es porque su cometido era quedarse o porque todavía no se ha cumplido. Y la misión para con nosotros puede ser desde un simple impulso para un objetivo a la felicidad para toda la vida, la chispa que enciende una mecha o el fuego que arrasa con todo. Esto no es unidireccional, por supuesto, no se asemeja al futuro imaginario individual, puesto que cada uno de nosotros también entra y sale de la vida de los demás y por lo tanto tenía un cometido o lo tiene todavía, uno que ni emisor ni receptor saben o saben pero no son conscientes de ello. Seguro que todas (las personas) nos hemos preguntado cómo es que aquella otra apareció en ese momento preciso, durante aquella crisis o aquel periodo de cambio, o justo antes o después de esa crisis. Creo también que cada cometido se descubre después, suponiendo que se descubra, cuando la relación termina (ya sea por la distancia, por el tiempo, por la marea o por el viento). La lejanía permite mirar el paisaje con perspectiva y darse cuenta de que la casa o el árbol forman parte de un contexto mucho más grande, que la curva en la carretera no es más que un trazado complejo y largo. Es más que probable que aunque ahora te pongas a mirar atrás, a tomar perspectiva, seas incapaz de entender o de ver por qué aquella persona apareció como lo hizo y desapareció por dónde lo hizo.

De todas las personas a las que he apreciado, incluso amado, que han desaparecido, me gusta de vez en cuando saber que les va bien, simplemente eso. Cierto que de otras he deseado que les vaya mal, pero este deseo no me ha durado, ha sido breve, como algunas presencias mías en la vida de otros y al revés, ha sido parte de un Futuro Imaginario Unidireccional que no ha tenido carrera, ha chocado contra una pared y, puf, se ha desvanecido.