Gente de segunda mano

30.11.2019

No vayamos a engañarnos, a partir de cierta edad ya pocas cosas te ocurren por primera vez, las experiencias que compartimos o comparten con nosotros, ya no son de estreno, son de segunda mano. Ya te has enamorado y desenamorado, has dejado y te han dejado, has estado y te has ido. Aunque toda experiencia es nueva y ninguna es una repetición exacta de la anterior, y aprendemos de todas, en la mayoría de casos y cosas sabes que "eso ya lo he vivido antes". Sí, no idéntica, pero similar.

Al decidir el título de esta columna me ha venido a la memoria la película Used people (Beeban Kidron, 1992), en la que Shirley MacLaine, después de morir su marido, ve como Marcello Mastroianni se presenta en su casa y le dice que lleva toda la vida enamorado de ella y que ha esperado a que su marido muriese para no interferir. La película no mata, es floja a pesar de tener a esos dos monstruos como protagonistas y aunque ambos son bastante mayores que yo en la película, el concepto de gente usada, de gente que ya ha pasado por la mayoría de las cosas que les podía ofrecer la vida y por lo tanto casi nada es nuevo, es lo que yo intento expresar.

Una de las cosas que más me gusta hacer es escuchar a las personas cuando te cuentan cosas de sus vidas, anécdotas o reflexiones que hacen en voz alta con un interlocutor enfrente, no a modo de confesión ni a modo de chiste, esas no, sí aquellas que salen en la conversación y van construyendo como un puzle el pasado que desconoces del otro (o de la otra). Al hacerlo, al escuchar las historias de vida (ojo, no en plan autobiografía aburrida ni en plan mira que ego más grande tengo) ves de forma bastante rápida que tú has pasado sino por lo mismo, por circunstancias que guardan importantes paralelismos. Poniendo en un plato a parte las cosas que les han pasado a otras personas que a ti nunca te pasarán, los hechos extraordinarios ("estuve en una secta durante diez años y casi nos suicidamos colectivamente", por ejemplo o "cada día juego solo a la ruleta rusa y mira, de momento sigo aquí"), la vida de los demás no dista de la nuestra más que por los detalles, los nombres y algunos lugares. Así, en ocasiones, mientras escuchas, piensas o dices aquello de "yo también" o "me pasó algo parecido" a menudo, incluso tantas veces que da la sensación que quieres conectar a la fuerza.

A pesar de que el avance de nuestros días haga que la expresión "esto es nuevo para mí" se diga de forma más espaciada que cuando el juego acababa de empezar, admiro la capacidad de mucha gente que, por muy de segunda mano que sean sus experiencias, siguen pudiendo sorprender y sorprenderse. Tuve un amigo cuando estudiaba que, una tarde, hablando de escribir, dije aquello de "todas las historias ya han sido escritas, se trata de cómo se escriben" y él me dijo que no, que la suya nunca había sido escrita y que su vida, sin ser nada del otro mundo en originalidad y hechos extraordinarios, era diferente a la del resto del mundo y por lo tanto, nunca había sido escrita. Siempre que oigo o pienso en la frase de que todo ha sido escrito, pienso en Carlos y le doy la razón. Así pues, si bien es cierto que la vida de Carlos tendrá unos parecidos increíbles con muchas otras vidas, los detalles, algunos aspectos interiores (pensamientos, emociones, sentimientos) y lo que lo rodea (las otras personas, los lugares) serán diferentes. Si por muy de segunda o tercera mano que seamos no podemos ver esos matices que lo vuelven todo diferente y, por lo tanto, otorgan novedad a lo conocido, haciendo que lo que se podría ver como una imitación o una repetición se vuelva una particularidad y en consecuencia una originalidad, entonces no vale la pena.

Lo más probable es que sea eso lo que busquemos a partir de cierto momento, un momento incluso muy tempranero, da igual la edad, en el momento justo después de haber vivido una experiencia (dolorosa o no, alegre o no) se pasa a querer repetir o evitar esa experiencia pero añadiendo o quitando detalles que la hagan muy o solo un poco distintas a la anterior. No creo que nadie quiera volver a enamorarse de una persona de la misma y precisa forma que la primera vez (es más que improbable, por otro lado) o de la misma y precisa persona que la primera vez (más que improbable al cubo). Cuando uno o una de nosotros o nosotras tiene que volver a hacer algo que pueda comportar dolor a una tercera persona, teniendo que hacer algo que ya hizo, debe o debería (quién soy yo para decir lo que se debe o no hacer) tener en cuenta que para la otra persona esa experiencia ya tampoco será nueva, que ninguna de las dos quiere "volver a pasar por aquello", y precisamente la experiencia anterior hará que ambas tomen esta experiencia de segunda mano con un enfoque diferente que quizá nos sorprenda, sea una sorpresa agradable o desagradable. No lo haremos solamente por no querer repetir lo pasado, sino para añadir algo diferente a lo presente, haciendo que cada experiencia sea irrepetible, ni que sea por una variación imperceptible.


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