He escrito tanto sobre ti

10.02.2020

He escrito tanto sobre ti que, software y hardware, cuando empiezan a ver que recurro de nuevo al tema, ya les oigo suspirar resignados. Como yo, que suspiro pero no resignado. Resignarse es cosa fea, aceptar algo que no es de tu agrado como inevitable. ¿Hay algo inevitable? Sí, ya veo que alzáis la mano porque sabéis algunas respuestas, pero son respuestas clásicas y, de tan clásicas, aburridas. En ocasiones escribo sobre ti de una forma y en otras de un modo distinto para ver si consigo despistarte y sé que de vez en cuando lo consigo, te veo algo perturbado, mirando a ambos lados como si de repente te dieras cuenta que no recuerdas a dónde ibas, a pesar de la determinación con la que saliste de casa. Suerte que el mundo es redondo y si sigues caminando tarde o temprano volverás al lugar del que partiste. Suerte o desgracia, no lo tengo claro, porque si lo que quieres es no volver, tendrás que detenerte en el algún momento o trazar bien la ruta para asegurarte que tus pies no te llevan de regreso; improvisar valdrá al principio, cuando todo sea virgen para ti, luego ya no.

He escrito tanto sobre ti que han aparecido los diferentes estados de ánimo. Se me han notado tanto el tono alegre como el triste, el salvaje como el tierno, el enfadado como el calmo, el ansioso como el desinteresado, el auténtico como el fingido, el paciente como el desesperado y muchos otros. ¿Cuántos estados de ánimo hay? Supongo que tantos como momentos tiene un día multiplicado por los días que dura un momento.

He escrito tanto sobre ti porque en el fondo no he dejado de buscarte a pesar de las veces que te he encontrado. No han sido muchas, eres difícil o te haces el difícil y te encanta jugar al escondite o al quién es quién con diferentes disfraces. Reconozco que buscarte también es divertido, pero como en todos los juegos, si no hay resultados al final te cansas. Seguro que más de uno a muerto por esconderse demasiado bien y esperar eternamente a que lo encontraran, cuando ya habían dejado de buscarle. Y es que ninguna espera merece más tiempo del que tardas en cansarte de esperar, seas el que busca o seas el que se esconde. También es aburrido jugar con quien solo quiere ser el que se esconde o solo quiere ser el que se busca, en el fondo es lo mismo, no creo que haya nada tan bueno como para que quieras repetirlo igual siempre.

He escrito tanto sobre ti ya que cuando te he encontrado tengo la sensación de que no he sabido retenerte y aunque sé de sobras que no vas a quedarte siempre, del mismo modo que en algunos lances he sido yo quien se ha cansado en otros has sido tú y, claro, eso no nos deja contentos a ambos, raro sería. Pero quizá, entre las cosas inevitables y que seguro que ninguno ha alzado la mano para dar esta respuesta, está el intentar saber por qué no has podido retener lo que querías mantener a tu lado, al menos durante más tiempo, ya que siempre es un concepto que no existe y que, de existir, sería demasiado. Solo pensar en algo que dure para siempre me sale un resoplido.

He escrito tanto sobre ti porque has dejado un montón de recuerdos. Muchos de buenos y pocos de muy malos. Los buenos quizá fueron muy buenos tiempo atrás, pero el tiempo, igual que el mar regula las temperaturas, regula la percepción de tal forma que lo muy bueno pasa a ser bueno y lo malo pasa a ser muy malo. Sí, claro, ya sé que a veces idealizamos y lo simplemente bueno se convierte en bueno a nivel superior, pero la aparición de nuevos recuerdos buenos va diluyendo la calidad de los anteriores, no le gusta que se establezcan comparaciones aunque, claro, de la misma forma, la aparición de recuerdos malos recientes diluye en cierta forma parte de la maldad de los anteriores, no obstante lo malo y lo malvado son cosas distintas.

He escrito tanto sobre ti puesto que dudo sobre si eres tu quien no viene o yo quien te rechazo. He intentado medir eso, sin embargo las variables que uso sé que no son válidas, pero al ser las únicas que tengo o que sé usar, pues juego con ellas e invento fórmulas matemáticas de absurda complejidad para algoritmos que no cumplen su objetivo de resolver problemas. Tampoco crean más, pero es marear la perdiz, que ya está suficientemente mareada, la pobre.

He escrito tanto sobre ti para que sepas, que seguiré escribiendo sobre ti.