Hoy no hay columna

20.06.2019

Hoy no hay columna. Tengo demasiado trabajo con la llegada de todos los eventos de verano y el cierre del curso que supone. Además, estoy en aquella posición de desequilibrio en que cualquier movimiento puede suponer caerse de la cuerda del funambulista y cuando llego a casa y no tengo a los niños, o los tengo y ya están dormidos, que es cuando podría escribirla, estoy demasiado cansado. El problema, si sigo con esta metáfora, es que al final de la cuerda no sé si quiero llegar, lo ideal sería cambiar una cuerda poco tensada por una de más segura. De modo que, como estoy así luchando para no caerme y para ver si puedo saltar de una a otra, hoy no hay columna.

He de decir, sin embargo, que escribir esta columna me supone demasiadas cosas positivas: me obliga a un ejercicio de escritura diario, esté inspirado o no, tenga algo interesante que decir o no; escribir cuando no te sale es un esfuerzo mental de aquellos que muscula el cerebro. En segundo lugar, como para mí escribir es un placer, son unos momentos, los que tardo en redactarla (una hora, media, dos, depende del día) de satisfacción personal; en tercer lugar, ha vuelto a activarme en la idea de conectar con otras personas que quizá quieran hacer algo parecido y colaborar conmigo, aunque como lo estoy haciendo así, a tirones y con una intermitencia impredecible (aparte que quizá me hago pesado), el éxito está siendo relativo. Agradezco a todos y todas los que me han escuchado y se han prestado a hacerlo que no me hayan enviado a freír espárragos y que, además, se presten a escribir algo para un sitio pequeño. En cuarto lugar, gracias a escribir y publicar cada día, el número de visitas al web y de lecturas a diferentes relatos, artículos y opiniones está creciendo exponencialmente y me está animando a continuar. No obstante, como tengo un punto de obstinación, sé que lo habría hecho igualmente. Menos hoy, que no hay columna.

Una de las razones por las que titulé a este espacio "Dórica, Jónica y Corintia" es porque tengo clarísimo que eran los tres tipos de columna en la arquitectura romana, pero soy incapaz de recordar las características diferenciales de cada una. Lo siento, tuve a un profesor de arte que odiaba ser profesor, decía que él era historiador. No soporta a los alumnos ni menos tener que ir explicándonos cuadros, edificios, estatuas u otras cosas. Un mal profesor es el primer paso para que no te guste una materia. Y mira que la historia del arte podría ser de las mejores asignaturas de la vida de un estudiante. Lo que recuerdo, pues, es este orden: dórica, jónica y corintia y adivina cuál es.

No suelo leer las columnas de los periódicos porque aparecen siempre o casi siempre las mismas caras, son los mismos o las mismas que están en las tertulias de la radio y aparecen en espacios de opinión general en programas de fin de semana. Además, alguien dijo que un columnista tenía que ser periodista y, si no lo eres, o eres famoso por otra cosa o no puedes hacer una columna. Aunque escribas como el culo o tu opinión no valga nada. Mi opinión no vale nada, más allá del valor que yo mismo pueda darle, y ya aviso que eso es oscilante según el estado de ánimo y que éste es oscilante según criterios intrínsecos a mí persona que no soy capaz, ni me apetece, descifrar. Pero algo de criterio tengo y por eso he decidido que hoy no hay columna.

Entiendo que una persona que escribe cada día en un medio de gran tirada, debe de tener cierta presión, sobre todo al principio, para hacer creer a los demás que su opinión, que el artículo que está escribiendo, es interesante. Con el tiempo, igual que si eres funcionario, como ya tienes tu puesto asegurado (a no ser que escribas una barbaridad contra el rey o algo verdaderamente soez) y has cogido cierta fama, pues ala, a la parra. Como en todo, leo columnas algunos días que me hacen pensar: "¿para decir esto valía la pena decir nada?" Pero les pagan. Yo quiero que me paguen por escribir. Lo llevo claro, lo sé, pero es lo que quiero. Porque escribir me gusta y me apasiona, porque pienso que se me da mejor que muchas otras cosas y porque tengo el convencimiento de que cada uno y cada una debería trabajar y ganarse la vida con aquello que le apasiona. Algunos lo consiguen: deportistas con sponsors, artistas con mecenas, creadores de un producto que aciertan con el lugar y el momento... Y luego los que chupan pollas, claro, estos también viven de lo que les apasiona, pues siempre hay alguien dispuesto a darte lo que pides si le chupas la polla. Uy, esto no debería haberlo puesto aquí, es políticamente incorrecto, queda feo hablar así. Ah, no, que hoy no hay columna.