I think you should leave

17.05.2019

Al igual que con Russian Doll, llegué a esta serie de minicapítulos llenos de sketches, original de Netflix, después de investigar recomendaciones en diferentes páginas de internet. Y, al igual que con Russian Doll, no tenía ni idea de quién era Tim Robinson hasta que llegué. Resulta que Robinson es de lo más nuevecito que ha sacado la factoría de Saturday Night Live (de dónde salieron cómicos muy conocidos como John Belushi, Dan Akroyd, Steve Martin, Mike Myers, Eddie Murphy, Adam Sandler, Bill Murray, John Goodman, Billy Crystal y un etcétera considerablemente largo del que, desgraciadamente, solamente me suenan nombres masculinos, demostración de un hecho social común y de un hecho cultural individual).

La gracia de principal de I think you should leave (Creo que deberías irte) estriba en que son capítulos, solamente seis, de 15 minutos más o menos, de forma que no te das cuenta y en un plis ya se ha acabado la serie. Además, recupera aquella manera de hacer televisión que triunfó mucho en los ochenta y los noventa, en la que no hay un argumento sino que cada capítulo contiene algunos gags, sketches separados entre sí, unidos solamente por la presencia en casi todos, pero no en todos, de Tim Robinson. De hecho es lo mismo que hacen series que se han hecho famosas como The Big Bang Theory, pero allí están todos en un sofá y hay supuestamente un hilo argumental. Pero si no he conseguido que Sheldon y los suyos me hagan pizca de gracia, Robinson sí.

Los gags se basan en primer lugar en situaciones normales y cotidianas en el las que, alguno de los personajes, tiene una salida inesperada e histriónica, a la vez que explota momentos que hemos pasado todos caricaturizándolos con bastante gracia y cierta elegancia. Algunos de los sketches resultan tronchantes (el de la pareja en el restaurante comiendo nachos me parece memorable). Robinson se basa en los diálogos, no hay caídas ni golpes ni personajes patosos rompiendo cosas, todo está en cómo reaccionamos delante de ciertas situaciones (cuando nos atrapan mintiendo, cuando nos encontramos con un famoso, al equivocarnos de nombre con alguien importante para nosotros, etc.) llevado al punto de ridiculizarlo y, por lo tanto, ridiculizarnos. Los anuncios televisivos son otro de los fuertes de la serie. Si bien es cierto que muchas de las escenas contienen cierto aire repetitivo porque sabes que uno de los personajes de repente tendrá una salida de tono, hay en todos ellos un aire de simpatía que te hace estar sonriendo siempre, menos cuando te ríes mucho. La cotidianidad de la inmensa mayoría de momentos sin payasadas excesivas más que las que marca el diálogo, convierten I think you should leave en un entretenimiento magnífico.