I want to belive

01.05.2020

En el despacho situado en el sótano de las oficinas centrales del FBI en Quántico, Virginia, el agente especial Fox Mulder tiene un poster que preside toda la habitación en el que se ve un OVNI desenfocado y en el que se lee: I want to believe, en mayúsculas. Pero esta columna no va ni de The X-Files ni de extraterrestres ni de conspiraciones. Más allá de este factor, el cartel supone un acto de fe. Toda fe en sí misma ya es un acto de fe, puesto que supone creer sin indicios ni fundamentos. Por ejemplo, en el caso de las religiones, sea cual sea, la cantidad de elementos en contra de creer son tantos que a un ateo le cuesta entender, más allá de la espiritualidad, las razones de esa creencia. Pero esta columna tampoco habla de religión. Yo, quiero creer.

Quiero creer que estoy haciendo algunas cosas bien, de las importantes o trascendentes no a nivel global si no a nivel de mis propios valores. Quiero creer que estoy educando bien a mis hijos y que el esfuerzo dedicado a lo que más me apasiona (mis niños aparte) que es escribir, dará resultados; quiero creer que todas las cosas por las que he pasado, lejos de ser dramas comparables con nadie, no seamos demagógicos, tendrán una compensación justa, equitativa, e incluso creo que en gran parte la han tenido ya. De la misma forma, creo o quiero creer que sucede o sucederá al revés, que aquello que he hecho mal, que el daño que haya podido causar y puedo decir que en la inmensa mayoría de casos en los que esto se haya dado no ha sido adrede, por malicia, tendrán una contrapartida en detrimento mío. Quiero creer que hay una especie, pues, de justicia llamémosla universal, natural, de confabulación del universo o de equilibrio cósmico, que tiende a devolver las cosas a su lugar. Me gusta aquella analogía de que el tiempo o la vida es como un río: va fluyendo y cuando tiras una piedra, consigues alterar ligeramente su curso o una pequeña parte de éste durante una fracción minúscula, pero todo vuelve a su cauce y al final no queda ningún resto en la corriente, el único resto es la piedra hundida en el lecho; tienes que hacer algo muy grande para que el curso del río se altere de forma drástica (construir una presa ya sea con hormigón o con troncos de árboles caídos) o bien desviar su curso. Pero más allá de todos los peros que los aguafiestas puedan añadir, el curso del río acabará volviendo de una forma u otra a su cauce o alcanzando, de una manera u otra, el mismo objetivo (llegar al mar o a un río más grande). La alteración que produces en cualquier camino vital o río, altera lo hecho, pero la tendencia natural es que todo vuelva a su cauce. No se trata tanto de destino o conservacionismo, como de un orden o equilibrio. Quiero y me gusta creer en eso.

Quiero creer también que prácticamente todo lo que nos sucede nos ocurre por algo y que las casualidades no existen, que no hay un destino escrito sino que lo vamos reescribiendo cada día con lo que hacemos, más que con lo dejamos de hacer si es que en el fondo no acaba siendo lo mismo. Quiero creer que lo bueno que tengo me lo he ganado y que lo malo también, a mi pesar. Que si no estoy mejor es porque no he hecho lo suficiente para estarlo y que si no estoy peor es porque he hecho lo suficiente como para no estarlo. Sí, por supuesto influyen otros factores: he tenido la suerte (o no, todo es relativo) de nacer en una familia de clase media que me ha tratado y educado bien, me ha permitido crecer con cierta armonía y alcanzar algunas metas que otras personas no pueden alcanzar o, de poder, no quieren porque hay prioridades en sus vidas más importantes (conseguir comida y techo, proteger a los suyos, sobrevivir). En eso yo sí que no pinto nada. He nacido dónde he nacido y cuando he nacido. Una vez tuve una discusión con una persona que aseguraba que todos tenemos exactamente las mismas opciones de llegar a los mismos sitios, eso no es cierto. O el camino es muchísimo más difícil para unas que para otras, a veces tan difícil que roza lo imposible.

Quiero creer que no hay nada imposible aunque es más que posible que sí lo haya. Y quiero creer que algún día, ya no muy lejano, podré decir bien contento: "bueno, pues ya está" y mirando al reloj o, mejor, mirando al horizonte, concluir con: "y ahora qué más".

Ah, y respecto al tema de vida inteligente -o no- en otros planetas, I want to believe tambié, querido Fox.