La casa de papel (4 temporadas)

29.05.2020

Ponerse a escribir una opinión sobre La casa de papel a estas alturas, en las que ya la debe de haber visto todo el mundo o gran parte de él, lo sé, está fuera de tiempo. Sin embargo, siendo como soy, tardé en ver la última temporada por aquello de que si todos se tiran al agua al mismo tiempo, yo me espero, no por práctico, sino por aquel punto entre pedante e idiota de no querer seguir a las multitudes. Diré, para no caer en falsedades, que esperaba la 4ª temporada con muchas ganas, cosa que ya deja pistas sobre qué me habían parecido las otras tres.

La casa de papel es una serie creada por Álex Pina para Antena3Media en 2017. Álex Pina es un guionista que lleva ya sobre sus espaldas innumerables guiones de series de éxito como Los hombres de Paco, Los Serrano o Vis a vis, por ejemplo, pero con ésta serie podríamos decir que ha tocado el cielo, puesto que es la única que ha roto fronteras y se ha visto con éxito considerable en todo el mundo. Pero La casa de papel, que empezó con buen pie, tiene una historia interrumpida. Después de una primera temporada de éxito, tuvo una segunda en que las audiencias bajaron mucho, tanto que Antena3 decidió cerrarla y archivarla con la finalización del primer atraco, el que da nombre a la serie, en la Casa de la Moneda y Timbre en Madrid. Posteriormente, Netflix compró los derechos y la emitió por todo el mundo, y tuvo tanto éxito que puso sobre la mesa un montón de pasta y convenció a creadores, guionistas y actores para que rodaran 3 temporadas más, la que discurren en el Banco de España, segundo de los atracos de la banda con monos rojos y máscaras de Dalí.

La serie nos narra, pues, a un grupo de atracadores liderados por uno de los personajes más sosos de todo el elenco, El profesor (Álvaro Morte), pero narrado todo por la voz en off de uno de los mejores personajes de todo el elenco, Tokio (magnífica Úrsula Corberó, actriz que ha trabajado casi exclusivamente para televisión). Como sucede en todas las películas de ladrones de guante blanco, el equipo está formado por diferentes perfiles, desde un psicópata aristocrático como Berlín (estupendo Pedro Alonso, también siempre en televisión); un par de quinquis de polígono como Moscú (Paco Tous) y su hijo Denver (Jaime Lorente); personajes con poco diálogo y mucho músuculo, la pareja formada por Helsinki (Darko Peric) y Oslo (Roberto García), el clásico pardillo genio de la electrónica y la informática Río (Miguel Herrán) o la carismática del barrio llamada Nairobi (divertidísima Alba Flores). Todos los personajes principales y secundarios, ladrones, rehenes o policías, me parecen uno de los aciertos mejor logrados de la serie, todos tienen su qué, te acaban cayendo bien y están, a mi modo de ver, magníficamente interpretados. Pero aparte de esto La Casa de Papel cuenta con otras gracias y la principal es que la serie es española, pero no cuenta con los tópicos que llenan nuestras pantallas en estas producciones, ese humor gangoso de personajes salidos del posfranquismo y chistes verdes de noche de cerveza, alejándose del cine de barrio más cansino que nada que ha acompañado muchas de las creaciones españolas para la televisión. Y de ahí, junto con la calidad de producción y de guión, el éxito, imagino, de la serie. Tanto la evolución de los personajes como de las tramas, tanto en la primera parte de la serie (preNetflix) como en la segunda (en Netflix), gracias a los guiones, siguen un camino atractivo, serio y con pocas fisuras.

Una de las fisuras quizá sea que el atraco (cualquiera de los dos) es tan complejo que pensar que el profesor ha pensado en todo resulta poco creíble. Otro factor que flaquea es que dentro de esa enorme complejidad, la cantidad de recursos de los que disponen los atracadores es tal que no se sabe cómo han llegado hasta ahí, como lo han conseguido, como ha entrado. Para ser tiquismiquis, hay momentos en todas las temporadas en que nadie controla a los rehenes (todos los personajes están en algún lugar). Esto puede deberse a que, a partir de la tercera temporada, los guiones se van escribiendo capítulo tras capítulo, sin una planificación previa terminada que permita evitar fisuras o incoherencias, que de haberlas las hay.

En las dos últimas (de momento) temporadas, el presupuesto es tan alto que se nota en todos los sentidos, pero la serie consigue mantener gran parte de su esencia, añadiendo personajes carismáticos como Palermo (espectacular Rodrigo de la Serna) o la cruel policía embarazada Alicia (soberbia Najwa Nimri). El final de la tercera temporada es muy bueno, el de la cuarta es magistral. En conjunto, La casa de papel, con sus fallos y sus momentos flojos, que los tiene también, me ha parecido una serie que merece ser vista, que engancha, empatiza, toca temas muy interesantes (la corrupción policial, las flaquezas humanas, los errores de la democracia, el poder de los medios y de la manipulación informativa...) y, como dice la inspectora Murillo (hasta ahora casi desconocida Itziar Ituño), ya no sabes quienes son los buenos y quienes los malos.