La cultura de la incultura

07.10.2020

Veo a mis hijos leyendo muy poco y casi por obligación, a veces sin el casi. Paseo por las librerías y miro primero los escaparates y luego los estantes y secciones. Observo a los jóvenes y no tan jóvenes, mantengo conversaciones con conocidas y amistades, escucho personas hablando en cafés, en colas, en la calle, añado a eso los currículums didácticos de las escuelas y los institutos, de las universidades y lo que se pide en las ofertas de trabajo, escasas, que se publican y me entra la sensación de que estamos en la cultura de la incultura. Tengo poca memoria y muy selectiva, es cierto, y esto puede suponer un sesgo en mi percepción de las cosas, añadido al sesgo de la edad, que ya es.

Estoy leyendo actualmente a Nuccio Ordine y su manifiesto La utilidad de lo inútil (Ed. Acantilado, Quaderns Crema, 2013) y me escandalizo casi de estar tan de acuerdo con él y con los diferentes pensadores que cita en su libro. Me pongo a pensar un poco, que demasiado es peligroso y me doy cuenta de que estamos dejando de banda a los clásicos y a elementos básicos que nos han permitido avanzar como especie. Los clásicos, que igual muchas los miráis y decís "menudo rollo" son la base de todo lo que es cultura actualmente. El diccionario define la cultura como:

  1. Conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo.
  2. Conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc

Sin embargo, con el abandono de los clásicos, que únicamente en librerías muy grandes o muy cultas puedes encontrar con cierta facilidad entre la multitud de novedades editoriales lanzadas como booms explosivos en busca del bestseller de moda, abandonamos todo aquello que ha hecho crecer el conocimiento, la sabiduría de múltiples ramas del pensamiento, de la ciencia, de la política.

Aparte de los clásicos, abandonamos, relegando a asignatura optativa con muy pocas horas de dedicación en las escuelas, a la filosofía, la literatura y la historia del arte. Vamos a lo práctico, a la que genera producción, dinero, beneficios, creamos seres adaptados, mecanismos del engranaje gigantesco de una sociedad basada en lo tangible.

De acuerdo, yo no tenía móvil ni Tablet ni PlayStation ni siquiera ordenador hasta que me regalaron el Spectrum 64k, pero estaba, con 12 y 13 años, suscrito a una revista infantil y juvenil que me llegaba mensualmente (Cavall Fort), a dos revistas de cine (Fotogramas e Imágenes de Actualidad, que no sé ya si siguen existiendo), pasaba por el kiosco del barrio y me compraba quincenalmente mi Spider-Man y de vez en cuando un Mortadelo y Filemón, a la vez que siempre había en mi mesilla de noche un libro, que iba leyendo con mayor o menor presteza, independientemente de aquellos libros que me hacían leer en la escuela primero y en el instituto después. Sí, algunos de los libros escolares me resultaban unos auténticos peñazos, pero me los leía y aprendía de ellos. No aprendía a ganarme la vida, aunque ahora intento ganarme la vida con los libros, pero iba haciendo fondo, iba tapando con su tierra el pozo de la ignorancia y la incultura. A mí la asignatura de filosofía me encantaba. Y las de literatura castellana y catalana también. Igual que Historia e Historia del Arte. Porque aprendía cosas. Cosas aparentemente inútiles en una sociedad de consumo en la que tener es más importante que saber.

Y no solo de lectura se nutre la cultura. Yo tenía vinilos y casetes y luego CD de grupos que sabía de dónde venían, intentaba entender las letras, conocías su historia y lo que movía a esos artistas. Ahora tengo la sensación de que avanzamos sin tener ni idea de nada. Por ejemplo y en contra mía, en mi lista de Spotify tengo más de 8.000 canciones o temas, casi 600 horas de reproducción. Pues en ocasiones suena música que no sé de quién es, porque como la he escuchado en algún lugar y me ha gustado, la he añadido y como objeto de consumo ya me va bien simplemente escucharla, sin profundizar en nada, sin tener cultura de quién, cómo, dónde o por qué. En las plataformas televisivas, en el cine, ya no salen los créditos de manera que la juventud que consume esto desconoce el nombre de actores, actrices, directores o directoras, ni busca información, de manera que se mueve en una incultura total sobre aquello que consume, ya que se trata de que te entretenga, de que sirva para algo. Ya, dirá alguien, es que todo ese conocimiento es inútil.

Inútil. No, para nada. ¿O acaso creemos que cuando se descubre algún medicamento, cuando sale un avance tecnológico importante, cuando leemos un libro que nos impresiona o escuchamos una música que nos emociona, esta sale de la nada? No. Madame Curie había leído trabajos previos, Isaac Newton empezó sus trabajos desde la filosofía, Spielberg se pasó su adolescencia viendo películas antiguas. Es muy posible que leer a Platón, base de prácticamente todo el pensamiento democrático, no te sirva para ganar más dinero, pero gracias a Platón hubo gente que empezó a pensar de forma distinta y a partir de ahí quiso cambiar cosas, innovó, y cambió el mundo. La cultura sirve como potenciadora de la inteligencia, estimuladora de la imaginación y la creatividad que dan lugar a los grandes descubrimientos en todas las ramas de la sociedad (ciencia, tecnología, arte...). La cultura se adquiere leyendo, buscando, preguntando, estudiando, escuchando; no simplemente consumiendo.

Como dice Ordine en su manifiesto, ahora consumimos los clásicos y la historia en pequeñas cápsulas fáciles de digerir, en libros como "Los mundos de Sofía" que nos da cinco pinceladas superficiales sobre los grandes pensadores de todos los tiempos, o leyendo El código Da Vinci pensamos que ya sabemos cosas sobre este inventor, pintor, arquitecto, filósofo, poeta, escultor, científico y más cosas que no recuerdo y, además, sabemos algo del Louvre. El hecho que el libro contenga innumerables errores históricos da igual, porque alabamos la cultura de la incultura, aquella que nos sirva para algo tangible, material. Incluso queda bien decir "yo no leo" o "ni puta idea" cuando preguntas sobre de quién es esta canción. Nos quedamos en la superficie, en lo que sin una recompensa inmediata no requiera demasiado esfuerzo. ¿Lo hacemos todas? Claro que no, pero es como la Nada en La Historia Interminable, se va extendiendo, alimentada por la apatía y el pensar que eso no sirve para nada.