La despersonalización de las redes sociales

25.10.2018

INTRODUCCIÓN

Me encontraba yo el otro día tomando un café, frente a frente con alguien, mirándole a los ojos y oyendo su voz, cuando en el transcurso de la conversación salieron las redes sociales. Que si Instagram, que si Twitter, que si Facebook y que si otras. En ello, la otra persona soltó una frase que me gustó, una frase que sintetiza una conclusión a la que creo que ha llegado mucha gente, pero fue por la forma de expresarla que se me grabó: "Conversar con alguien a través de las redes sociales es como estar con alguien sin prestarle atención". La frase quizá no fue exactamente así, pero así es como me ha quedado.

CONCEPTO, HISTORIA Y DATOS DE LAS REDES SOCIALES

Las redes sociales se basan en gran medida en la teoría de los seis grados de separación, propuesta el 1929 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy. Según esta teoría todas las personas del mundo estamos conectadas entre nosotras por un máximo de seis personas como intermediarias en la cadena. Esto hace que el número de personas conocidas en la cadena crezca exponencialmente conforme el número de conexiones que se establece y solo se necesita un número pequeño de estas conexiones para formar una red que conecte a toda la población humana. En este sentido, es posible hacerle llegar un mensaje a cualquier persona del mundo.

(extraído y traducido de https://educacio-i-xarxes-socials.webnode.es/contingut/que-son-les-xarxes-socials/)

Como todos, yo tengo mi concepto de red social. Para mí, una red social es aquel espacio virtual en que las personas divulgan lo que hacen, sienten o piensan y que usan también para expresar diferentes formas de conocimiento e información, a través de establecer una relación, en general no recíproca, con aquellos que les miran, les siguen o con los que están conectados. Sin embargo, ésta es la definición que a mí me viene a la cabeza, pero las hay de mejores o más desarrolladas. Recomiendo buscar el significado de Red Social en diferentes plataformas: la RAE, concepto.de, o wikipedia, entre otras.

Además, en la página web https://histinf.blogs.upv.es de la Universidad Politécnica de Valencia se cuenta la historia de las redes sociales desde el primer email hasta que se hicieron masivas a partir de 2010.

A parte de estas redes sociales, están las aplicaciones o web que, a pesar de no ser propiamente redes sociales, se pueden añadir a este artículo, pues forman parte del pack que me ha llevado a escribir sobre ellas: YouTube y WhatsApp principalmente, aunque hay más. Siguiendo con datos, veamos este cuadro sacado del estudio Digital in 2018: World's Internet users pass the 4 billion mark realizado por las empresas We are Social y Hootsuite sobre datos de enero de 2018:

A mí estas cifras me parecen extraordinarias, no tanto en el significado que otorgamos a esta palabra relativo a ser mejor que otra cosa, sino más bien a algo que sale de cierta capacidad de imaginación.

INFLUENCIA Y USO DE LAS REDES

Por otra parte, dentro de este minianálisis seguramente muy cuestionable, hace falta añadir que estas redes sociales y, sobre todo el tipo de comunicación que implican, están en crecimiento. Además, no solo las redes en sí o su forma de establecer relaciones entre personas sino también lo que de ellas se desprende. Hay gente que vive de estar en estas redes sociales, en dos sentidos: los que se ganan la vida con ellas gracias a tener muchos seguidores o muchos espectadores y los que se pasan la vida en ellas, siendo esta su principal forma de relacionarse con el mundo.

Os recomiendo echarle un vistazo al estudio publicado en https://blog.elogia.net/estudio-anual-redes-sociales-2017 (este estudio puede encontrarse en otras páginas también) del que rescato este gráfico:

Sacad vuestras propias concisiones, a mí me parece muy interesante y me ha roto algunos preconceptos.

Las redes sociales han aportado mucho de positivo a la sociedad actual y negarlo, refiriéndome únicamente a la parte mala, sería eludir algo ineludible:

  1. Las redes sociales nos permiten estar conectados con todo el mundo, no solamente estableciendo vínculos de cierta amistad o afecto, sino también a nivel laboral, informativo y comunicativo. La comunicación entre personas y entre empresas u organizaciones se ha facilitado de forma increíble, potenciando todo lo que esto conlleva.
  2. Están abiertas a todo el mundo, permitiendo un intercambio espectacular de ideas, opiniones y el acceso a cualquier tipo de ideología, pensamiento y cultura.
  3. Han dado voz a quien no la tenía, han generado nuevos tipos de formas de vivir (nuevos trabajos), han abierto al mundo la creatividad de muchos, permitiendo que se llegue dónde antes era prácticamente imposible. Las personas podemos dar a conocer a muchos a la vez lo que pensamos, hacemos, ofrecemos o queremos.
  4. Generan movimiento social, movilizan a más gente con intereses comunes (sociales, políticos, culturales) de forma mucho más eficaz y rápida.
  5. Invocan a la participación y a la opinión, dando lugar a encuentros (desde individuales a masivos), provocan, motivan e invitan a la reflexión y a la actualización constante.

Pero hay más aspectos a tener en cuenta y, los que cuento, son desde una perspectiva personal.

SOCIALIZACIÓN VIRTUAL VS. SOCIALIZACIÓN EXPLÍCITA

El uso de estas redes, en su visión como herramienta, me parece genial. Hemos sustituido los vetustos SMS por mensajes instantáneos que te permiten decir algo y que otros, uno o muchos, lo reciban y opinen; tenemos espacios virtuales en los que dar a conocer lo que hacemos, comunicar información sobre acontecimientos, fiestas, espectáculos, actos culturales o lúdicos, lo que sea. El uso sistemático, sin embargo, nos convierte en una especie de autómatas que miran un rectángulo de cristal y plástico casi embobados, abstraídos de la realidad que nos envuelve, del regalo del paisaje, de las personas o de los sonidos. Llamadme clásico o carca o lo que queráis, pero a mí, dejar de atender a alguien que tienes delante para atender a alguien que tienes a decenas, cientos e incluso miles de kilómetros, me parece una falta de respeto no solamente hacia la persona que tienes delante, sino hacia uno de los pilares básicos de la humanidad que es la socialización.

Me parece maravilloso poder conectarse con gente a 10.000 kilómetros, me parece genial que aquello que suena tan antiguo del "amigo de lápiz" o "amigo de pluma", gente que se comunicaba entre sí por cartas, tenga un heredero más rápido y eficaz y se establezcan ciertos vínculos que otrora habrían sido imposibles. Siempre y cuando no se pierda la capacidad de relacionarnos en persona. Fijaros en lo que dice el diccionario de sinónimos y antónimos: 

Dice wordreference.com que virtual tiene entre estos sinónimos: potencial, probable, eventual, implícito, aparente, intrínseco, posible, imaginado, supuesto, imaginario, tácito... ¡Uf!

Su antónimo, explícito, tiene los siguientes sinónimos: claro, manifiesto, expreso, categórico, evidente, rotundo, tajante, meridiano, sincero, franco... Más Ufs todavía.

La socialización virtual carece de gran parte de lo que hace que la socialización explícita sea fundamental en el crecimiento del individuo como formante de la sociedad, nos guste ésta o no. No ves la expresión cuando te hablan, no notas el tono en lo que se dice, no oyes sus risas ni puedes alargar la mano para una caricia amistosa o romántica, un abrazo o un apoyo, no ves la reacción inmediata (¡te da tiempo a pensar qué responder sin que te vean!) y, claro está, limita mucho la conversación y convierte hechos o palabras que antes suponían un esfuerzo o un ejercicio de introspección previo a soltarlo, en una banalidad e incluso casi un tránsito. Virtualmente todos nos decimos que nos queremos, cuando cara a cara quizá no lo dejaríamos ir fácilmente, porque la consecuencia ¿cuál es? Que alguien desconocido deje de dirigirnos la palabra. Sí, sí, ya sé que aquí saltará gente a decir que no, que ellos cuando dicen "te quiero" por WhatsApp o el DM de Twitter o el Messenger de Facebook lo dicen de verdad, que les duele perder a gente que han conocido por allí. Sí, sí, si me lo creo, pero duele poco y dura menos. ¿Y sabéis por qué? Porque puedes decirlo y ponerte a hacer otra cosa, y eso no es posible en una relación explícita. Allí no dices "te quiero" y te pones a tender la ropa o a mirar la tele dejando el móvil en un lado. Lo que se pierde en estas relaciones virtuales es la atención que se necesita para que una relación (del tipo que fuere) sea real.

Es bueno para un traspaso de información puntual referido a cosas muy concretas y relativamente trascendentes. Yo sigo pensando que para las cosas importantes ya me llamarán. El problema, como he mencionado anteriormente, es la sustitución de una comunicación por otra. Si nuestro interlocutor no responde a nuestros chats de forma inmediata (o sería más adecuado decir a nuestros textos de mensajería instantánea) nos ofendemos, o nos preocupamos o las dos cosas. Cada vez se usan más las redes sociales y las aplicaciones para ligar porque es más fácil, porque es más impersonal y por lo tanto, nos expone menos, podemos ser alguien otro, podemos dejarnos idealizar, podemos imaginar que somos como el otro imagina que somos. El esfuerzo para conseguir algo se reduce, se reduce para decirlo, para leerlo o escucharlo, y eso hace que se reduzca el esfuerzo por sentirlo.

Cuando quieres dejar de relacionarte con alguien, dejas de seguirlo, le quitas de tus contactos, le sueltas un moco o "le envías una pseudo" (es decir, hablas de una persona simulando no hablar de nadie), te despides de alguien sin darle ningún tipo de explicación, de una manera tan fría y tan impersonal que parece la de un psicópata. Total, se sigue a no sé cuántos kilómetros de distancia y el mar está lleno de peces.

VIVIR EN LAS REDES

Como decía antes, hay gente que vive de las redes sociales, en dos sentidos: los que se ganan la vida con ellas y los que se pasan la vida en ellas.

La primera de ellas, la de gente que se gana la vida con las redes, me preocupa ya que la calidad en el contenido de lo que hacen para ganarse la vida en estas suele ser bajo. Gente que se exhibe diciendo lo primero que les viene a la cabeza, con más o menos gracia, o que muestra lo que está haciendo a diario con detalles insignificantes que cobran una importancia considerable; otras personas que exponen su cuerpo o sus calidades físicas (raramente las mentales) a quién sea con la finalidad única de ser populares, de conseguir una subida de autoestima que no solamente es efímera, sino que es falsa. Los libros de muchos tuiteros o de youtubers o de celebridades que están casadas con, son amigas de, o salen en, tienen una calidad literaria y competencial muy cuestionable. Sin embargo asegura un mínimo de éxito comercial ya que si te siguen quinientas mil personas, cómo mínimo cinco mil compraran el libro y las editoriales, en general pequeñas, que los editan pueden sufragar gastos e incluso obtener beneficios, ya que la edición no es de demasiada calidad. Ese éxito, en mi opinión, es por lo mismo que comparaba antes la socialización virtual con la explícita, por el esfuerzo. No hace falta esfuerzo. Basta con ser popular aunque la gente que te haga popular tenga un criterio mínimo. Si bien es cierto que hay novelas en los editoriales que se lo curran más que también son malas, ensayos que no valen nada o poesía que nadie entiende, al menos creo que detrás hay un esfuerzo mayor de creación. Hay gente que por colgar trozos de los videojuegos a los que juega tiene millones de seguidores, u otros que cuelgan como abren regalos, algunos ponen fotos de ellos mostrando su cotidianidad. Me recuerdan a la gente que vive de los programas denominados del corazón, a los Sálvame y otros artilugios en que personas incapaces de hacer nada productivo (no me refiero a entrar en el sistema, me refiero a hacer algo) ganan fortunas solo por airear sus trapos sucios, inventarlos o soltar mentiras sobre otra gente. Es lo mismo. Mirado de otra forma se puede decir: ¡qué suerte ha tenido éste o ésta!, porque vive un poco del cuento, ha resultado que a la gente le gusta lo que pone en las redes y como tiene audiencia, la publicidad la contrata. Sí, es suerte, pero otra cosa es que tenga mérito. Es cierto, sin embargo, que hay que aprovechar las circunstancias y esto, en cierta manera, ha generado un mercado, ha dado lugar a otro tipo de forma de vida.

La segunda opción es la de la gente que se pasa la vida en las redes sociales. He visto a personas que son padres o madres, preferir mirar las redes que escuchar lo que les dice su hijo o su hija, incluso apartarles porque ahora no pueden atenderles al estar mirando el móvil. He visto reuniones en las que algunos interactúan más con quien está al otro lado de la pantalla que con quien tienen delante. Son habituales las escenas de grupos de adolescentes sentados en un banco y todos mirando el móvil. Ojo, no digo que el hecho de hacer esto (mirar el móvil, interactuar con él) sea malo, lo es, repito, cuando sustituye el vínculo básico de relación humana que es la relación personal.

Las personas que viven en las redes sociales, que necesitan constantemente saber cuántos likes tiene su foto, cuantos fav tiene su tuit, cuantos me gusta tienen sus posts en Facebook, que cree que responder a un WhatsApp  o mensaje rápido es más importante que atender a quien tienen delante, que interrumpe conversaciones (de voz o de gestos) para mirar el teléfono, que caminan todo el rato con la vista en la pantalla, que se molestan si no les responden al instante (tienes el doble check azul y no me has dicho nada) o si se te ocurre pedirles que dejen el móvil un rato, que dejan a sus hijos o hijas delante del televisor para poder mirar las redes o que le cuentan su vida y milagros a perfectos desconocidos o desconocidas mientras los que les rodean no saben nada de ellos, toda esta gente, tiene un problema. Y es un problema de autoestima. Cuando yo empecé en Twitter, hará casi tres años, caí primero en la creencia de que era un ejercicio de narcisismo espectacular, sin embargo el tiempo me ha dado una visión, quizá más equivocada aún. Según la página de definiciones de wordreference.com el narcisismo es la admiración excesiva que alguien siente por sí mismo. No obstante, si alguien se admira mucho a sí mismo, no necesita la aprobación constante de los demás. Cuando alguien tiene la autoestima alta, ya sea porque le admiraron, por una educación en la infancia y la adolescencia dignas de elogio, por los éxitos logrados mediante el esfuerzo personal (los obtenidos mediante el esfuerzo de otros no suben la autoestima), no necesita un escaparate para que se la suban. Y en el fondo, las redes sociales, actúan de escaparate: fotos mías enseñando lo que hago, fotos mías diciendo dónde estoy, fotos mías con no sé quién, fotos mías con solo yo. Hemos perdido la bonita costumbre o la bonita forma de hacer de enseñar el paisaje o el resultado de algo para enseñarnos a nosotros y, de fondo el paisaje. Las selfies me parecen bien, pero me aburren. Vamos a Roma no para ver Roma, sino para que vean que hemos estado en Roma; escribimos algo no por el valor de lo escrito, sino para que nos digan que bien que tú hayas escrito eso. Eso es tener la autoestima baja, necesitar constantemente que te digan que eres guapo o guapa, que qué bien te queda el vestido. A todos nos gusta que nos digan que hemos escrito algo que les gusta (a mí el primero o el segundo) o que la foto que hemos tomado es bonita y no hay problema en ello, lo hay si eso es la base de sentirse bien o de sentirse mal con uno mismo.

A modo de conclusión, que ya va siendo hora, diré que el uso indiscriminado de las redes sociales por parte de ciertas personas pronto supondrá un nuevo campo de trabajo para psicólogos/as y sociólogos, que ya empieza a serlo. Existe el tratamiento para desintoxicación de las nuevas tecnologías (juegos y redes), pero limitado a los adolescentes. El cambio que las redes están suponiendo tendría que mirarse con lupa y saber analizar lo que conlleva, que tiene muchas cosas buenas, pero también las tiene malas. Que una adolescente se dedique a poner fotos sensuales y reciba centenares o millares de visiones y decenas de comentarios algunos de ellos dignos de personajes depravados de novelas al estilo de Stephen King, es preocupante. Que hayamos dejado de mirar a nuestros hijos en el parque porque preferimos prestar atención a alguien en el móvil, es preocupante. Que haya niños y niñas que ante la pregunta "¿qué quieres ser de mayor?" respondan que quieren ser youtubers, no es preocupante del todo, lo es la razón por la que quieren serlo: ser admirados por perfectos desconocidos haciendo un esfuerzo mínimo.