Lluvia de Pascua Confinada

13.04.2020

Te levantas, temprano, por esa manía que adquiriste cuando ibas a caminar los fines de semana, al sonido de la música del móvil que, como muchas otras cosas, solo en el momento de oírla piensas que deberías cambiarla y luego ya no te acuerdas más, hasta la mañana siguiente. Te duele la parte posterior de la rodilla, empezamos mal. Subes la persiana y la luz que entra en tu habitación es tan escasa que te preguntas si no te has pasado en esto de levantarte temprano, que ni siquiera ha salido el sol. Pero no, no es eso, es que llueve y el cielo está encapotado, que expresión más bonita. Mierda, la ropa tendida.

Caminas con el dolor ahí detrás, meas, te lavas la cara y las manos y sales al balcón que da al mar pero por el que no ves el mar, aunque casi. Las sábanas empapadas, pijamas, camisetas, pantalones... Recoges, miras la cantidad de pinzas de plástico que se han roto últimamente y te dices que ya las recogerás luego. Vuelves a tender la ropa, esta vez en la habitación de juegos que todavía tiene piezas de Lego escampadas por el suelo. Acabado esto vas a la cocina y te preparas el café. Enciendes el ordenador, hoy sí que escribirás, te propones. En el escritorio aparece ese post-it virtual con las tareas a hacer cada día. Buscas por internet y descubres que lo que te duele es un pequeño músculo triangular llamado poplíteo, primera noticia de su existencia, o segunda quizá, pero la primera pasó por tu cabeza de forma fugaz y desapareció como tantas otras cosas que aprendiste en el colegio. Es curioso, piensas mientras pasas la mano por el poplíteo, que en algunos aspectos seas incapaz de dar el mínimo y en tantos otros te pases de rosca. ¿Cuántas veces te has lesionado haciendo ejercicio (caminando, corriendo, tonificando...) por pensar que podías más de lo que podías? Incontables. Una empresa que tenga contables y también incontables. Miras por la ventana. La lluvia que cae es fina y persistente. La calle principal del pueblo al que viniste por un amor y en el que sigues por otro amor está vacía porque llueve, porque es temprano, porque es festivo. Lunes de Pascua confinada, piensas, ya tienes título para la columna de hoy. Has escrito mucho sobre la lluvia y es que te gusta, no te pone melancólico ni te deprime, la lluvia es bonita y es como una catarsis. Buscas catarsis en el diccionario, no sea que estés dándote gato por liebre a ti mismo.

Catarsis:

  1. Entre los antiguos griegos, purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica.
  2. Liberación o eliminación de los recuerdos que alteran la mente o el equilibrio nervioso.

Lo has dicho bien, la lluvia es como una catarsis, gallifante para el caballero pues ese es el significado que querías darle a la metáfora. La Naturaleza debe estar agradecida a este virus, todo se ha limpiado mientras la humanidad se queda en casa, aunque no se queda tanto, la calle a la que da tu balcón suele estar llena de gente incluso ahora, colas en el estanco, en los dos supermercados, en la panadería, en los cajeros automáticos, paseantes de perros, tiradoras de basura. La humanidad es básicamente generadora de basura, en sentido literal (plásticos, ruinas, residuos tóxicos) y en sentido figurado (telebasura, cultura basura y un sinfín de productos inútiles y gente inútil). Una mosca se pasea por el salón comedor, se habrá colado cuando recogías y tendías la ropa, buscando cobijo. La lluvia cae ligeramente en diagonal, de derecha a izquierda, apenas hay viento, las plantas de tu balcón solo consiguen remojar las ramas y hojas más cercanas a la barandilla de metal pintado de color blanco algo oxidada. Quitaste la rejilla de plástico, también blanca, porque te impedía ver bien la calle. El mercado está cerrado. A estas horas, solo la música que has puesto rompe el silencio, los vecinos de abajo no se gritan, la pareja mayor de enfrente no discute, el perro del piso de encima no pasea. Sí, se oyen sus zarpas pisar el suelo y su sonido se parece mucho al que hacía el pájaro que se quedó encerrado en el falso techo de tu despacho, cuando trabajabas de técnico de juventud en aquel pueblo que son cinco pueblos. El conserje tuvo que ayudarte a sacarlo, estaba ya agonizante, pobre. ¿Cómo lo hizo para entrar ahí? Ni idea, la tendencia de muchos animales, clasificación encabezada por el hombre y el gato, de meterse en agujeros de los que no sabe si podrá salir. Me viene a la cabeza lo de hacer el amor como un animal y pienso que somos la única especie que hace el amor mirándose a los ojos (depende de la postura, claro), pero ningún otro animal lo hace, solo nosotros. No recuerdo dónde lo oí o leí. La mosca ya se ha cansado de mi casa y ahora pasea por el ventanal que da al balcón. Si digo ventanal parece que mi casa sea muy grande y esté rodeada de precisos jardines, he pensado lo mismo cuando he escrito salón comedor. Me gustaría tener chimenea. El segundo piso de la casa al lado del mercado sigue abandonado. Las persianas exactamente en la misma posición que cuando me vine a vivir aquí, a través de las cuales se puede ver una luz al fondo, como si al irse se hubieran dejado la luz de la cocina encendida, pero debe de ser la luz que entra por el otro lado del edificio, no hay ninguna planta en el balcón, nunca ha habido movimiento. Es extraño, tal y como está el mercado de la vivienda que no se haya vendido o alquilado u ocupado o habitado. Quizá la persona que es su dueña lo guarda celosamente para un hijo o hija que no se atreve a emanciparse todavía. Ahora llueve con algo más de fuerza y creo que también con más inclinación. Qué grande se ha puesto el aloe vera, un tallo central se va alzando majestuoso y en la punta tres pequeños capullos crecen y anuncian que pronto serán flores.